Las plantas podrían haber desarrollado un mecanismo de defensa

Un árbol sangra níquel para evitar ser comido por hervíboros

La planta concentra en su organismo una proporción de un 25% del metal

níquel

Los árboles son de gran utilidad para la sobrevivencia de la especie humana, estas increíbles especies del reino vegetal no solo proporcionan sombra, frutos, hojas y flores que parecen sacadas de los cuentos para niños.

Aunque las zonas de producción de metales pesados como el zinc o el níquel no son las más idóneas para que los árboles crezcan, sanos y fuertes existe un pequeño grupo que rompe con esa excepción y terminan segregando resinas producidas por los metales, reseñó el portal Quo.

La resina que expende estos arboles es azulada o azulverdosa

Estas plantas denominadas hiperacumuladoras, absorben esos metales a través de sus raíces y los acumulan en grandes cantidades en su tronco, sus hojas y semillas; posteriormente los expulsa de manera elegante y en un color espectacular.

Entre esos árboles está el Pycnandra acuminata de Nueva Caledonia en el sur del pacífico; esta especie típica absorbe níquel del suelo y lo concentra en su organismo en una proporción de un 25% y como consecuencia segrega una resina en tono azulado o azulverdoso provocado por dicho metal.

Los suelos de Nueva Caledonia son ricos en níquel

Los científicos aún no saben con certeza porque este tipo de plantas han desarrollado esta capacidad. Consideran que puede ser un mecanismo evolutivo de defensa que les permite evitar a los hervíboros alimentarse de ellas, porque la presencia del níquel les resulta desagradable y tóxica.

Características del arbusto

Pycnandra acuminata es un árbol grande poco común de selva que alcanza cerca de los 20 metros de altura y su ubicación se restringe a ciertas partes del bosque de Nueva Caledonia», informó el doctor Antony van der Ent, un investigador de la Universidad de Queensland, quien ha estado estudiando ese árbol fue entrevistado por la BBC Mundo.

«Como sujeto de estudio es todo un desafío porque crece muy lentamente y le lleva décadas producir flores y semillas. Está bajo amenaza por la deforestación propia de las actividades mineras y por los incendios forestales», dijo el especialista.

La primera vez que se conoció de la existencia de afinidad del árbol por el níquel se ocurrió en la década de los años setenta, cuya razón han sido motivo de numerosas investigaciones.

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