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(Video) Las Zonas Muertas océanicas proliferan por acción del hombre

Las Zonas Muertas en mares y océanos pueden producirse por causas naturales. Sin embargo desde la década de los ’50 se les atribuye procedencia antropogénica. Es decir, cuando a las aguas abiertas de los océanos llega el calentamiento global, éstas pierden oxígeno y el oxígeno pierde capacidad para alcanzar las profundidades.

Pero durante los últimos 30 años, las aguas de los mares, ríos y lagos han sufrido un proceso acelerado de eutrofización como consecuencia de un mal manejo de las aguas residuales de la ciudad. Producto de ello, la «lemna gibba» se ha ido reproduciendo exponencialmente, formando una inmensa alfombra verde en estos ecosistemas.

Pero estas Zonas Muertas también son atribuidas a la hipoxia en los fondos marinos. En esos lugares, la presencia de agroquímicos o de elementos tóxicos como la salmuera afectan los ecosistemas, porque al persistir los químicos en el agua, el oxígeno disuelto de forma natural se agota y muy pocos organismos logran sobrevivir en esa zona.

Los peces migran a sitios más benignos, pero crustáceos como los cangrejos y mejillones no pueden escapar y mueren por hipoxia.

Lodo tóxico

Una investigación del Instituto del Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de la ONU en Ontario, Canadá, advierte que las más de 16.000 plantas desalinizadoras situadas en diversas regiones del mundo producen mucho más lodo tóxico que agua dulce.

El trabajo citado por el portal ruso Actualidad RT demuestra que por cada litro de agua dulce extraído del mar o de fuentes de agua salubre, se vierte un litro y medio de lodo, la denominada salmuera, directamente al océano o a la tierra.

La salmuera que generan las plantas desalinizadora se hace incluso más tóxica a causa de los químicos que se utilizan comúnmente en el proceso de desalinización, como el cobre y el cloro.

Casi toda la salmuera regresa al medio ambiente, principalmente a los océanos. La sal eleva las temperaturas de las aguas costeras y provoca la disminución de la cantidad de oxígeno en ellas.

Estos vertidos contaminantes se calculan en 50.000 millones de metros cúbicos al año y más de la mitad proviene de solo cuatro países: Arabia Saudita (el 22 %), Emiratos Árabes Unidos (el 20,2 %), Kuwait (el 6 %) y Catar (el 5,8 %).

Golfo de México

El año pasado, la zona muerta del golfo de México alcanzó su tamaño récord: 21.200 kilómetros cuadrados. En la década de los ’60, esta zona se convirtió en la primera área muerta descubierta.

Hace algunos años fue descubierta una zona de este tipo en la bahía de Bengala, en el océano Índico. Ocupaba un área de 60.000 kilómetros cuadrados y su concentración de oxígeno es críticamente baja, lo que crea las condiciones para la desaparición de organismos.

Otra zona muerta conocida se ubica en el mar de Arabia, y cubre un área de alrededor de 165.000 kilómetros cuadrados.

Pequeñas y grandes

En marzo de 2004, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente registraba 146 áreas muertas en los océanos del mundo. Las más pequeñas medían en promedio un kilómetro cuadrado; las más grandes abarcaban 70 000 km².

Las zonas muertas en el mundo eran 405 en 2006 y, nueve años más tarde, en 2015, los expertos habían identificado por lo menos 530  zonas muertas en los océanos, además de 228 sitios con signos de eutrofización marina, cuyas dimensiones y persistencia crecen.

Por su proximidad, es inquietante el hallazgo científico de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) que detectaron en el Golfo de México, frente a Nueva Orleans, un área de 13,085 km2 de “agua con poco oxígeno” o hipoxia, que creció a 14,245 km2 en 1972.

Latinoamérica vulnerable

Latinoamérica no es ajena a esta tendencia. Hay al menos 27 zonas hipóxicas en las costas de la región, desde el Cono Sur hasta el Caribe.

Brasil lidera el preocupante ránking, con un total de siete a lo largo de su línea costera. Pero casi todos los países latinoamericanos con acceso al mar  alguna zona muerta en su costa.

Por si fuera poco, los fenómenos de afloramientos en las costas de países como Chile o Perú aumentan su vulnerabilidad a la desoxigenación.

El origen de la asfixia de estas costas está en los fertilizantes y nutrientes que llegan al mar a través de las aguas de ríos y subterraneos, así como en las aguas residuales vertidas, explica a DW la alemana Kirsten Isensee, especialista de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la Unesco.

Zona Muerta del Golfo de México pone en riesgo hábitats acuáticos

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