Nota Política

Adiós a los partidos

Los partidos en México más que organizaciones de políticos profesionales, son grupos de intereses que ejercen el monopolio de la representación popular
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Columnas / México / Puebla

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@onelortiz

Los partidos políticos deben tener menos financiamiento. Existe una lista de argumentos que sustentan esta afirmación. Sin embargo, la pregunta realmente importante es: ¿Para qué  sirven los partidos políticos a la sociedad? Formulada de otra manera: ¿Cuál es la utilidad que obtiene la ciudadanía de la existencia de los partidos?

Los textos clásicos de ciencia política dicen que los partidos son las organizaciones especializadas, a través de las cuales una sociedad disputa el poder público. La mayoría de las definiciones coinciden en que los partidos son entidades de interés público creadas para promover la participación de la ciudadanía en la vida democrática y contribuir a la integración de la representación nacional. En teoría, quienes los integran, comparten objetivos, intereses, visiones de la realidad, principios, valores y proyectos.

¿Los partidos mexicanos cumplen con estas definiciones? No, están muy lejos de cumplirlas. Los partidos en México más que organizaciones de políticos profesionales, son grupos de intereses que ejercen el monopolio de la representación popular. Formalmente, son instituciones de interés público, pero en la realidad están al servicio de un líder o de un grupo, no de la ciudadanía que dicen representar. Lo que queda del PRD es de Jesús Ortega y de Jesús Zambrano; el PT de Alberto Anaya; el PVEM de Emilio González; MC de Dante Delgado; el PRI de Alejandro Moreno y el grupo que se quedó después de la debacle; el PAN de Marko Cortés y sus amigos, y Morena ya saben de quien.

Tampoco son organizaciones con un perfil ideológico determinado o con solidez programática, basta recordar el pragmatismo con el cual se construyeron las alianzas electorales y parlamentarias en las últimas tres elecciones y en las últimas tres legislaturas.

Una clase política profesional organizada en partidos fortalece a la democracia. Cuando esto no es así, el resultado son políticos mediocres, confrontaciones demagógicas, alianzas superficiales  y políticas públicas insuficientes para responder a las demandas sociales. Los partidos políticos en nuestro país son relativamente nuevos; antes estaban los clubes electorales y hace más tiempo, organizaciones, como las logias masónicas, eran las que definían a gobernantes y otros asuntos de la política.

¿Qué sería más sencillo, que los partidos existentes cambiaran o que la ciudadanía buscara otras formas de representación política? Una vía es el paso inexorable del tiempo. Que sean los ciudadanos con su voto en la sucesivas elecciones que decidan qué partido conserva su registro y cuál lo pierde. Reducir el financiamiento a los partidos ni siquiera reduce el problema a la mitad, lo que se requiere es que la ciudadanía tenga más poder frente a la clase política.

Es el momento de plantearse la desaparición de los partidos políticos como organizaciones monopólicas de acceso al poder público. Hablo de pasar de un sistema de partidos  permanentes a un sistema de asociaciones electorales temporales, vigiladas, supervisadas y auditadas por la autoridad electoral, sin financiamiento público, transparentes en sus recursos, dinero, propuestas e intereses; en donde el ciudadano pueda ejercer en realidad su derecho a votar y ser votado. Eso opino yo. ¿Usted que piensa?


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