Tierras, alimentos y derechos

Lxs agricultorxs, no las corporaciones, transformarán el sistema alimentario

La Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU está contaminada por intereses corporativos –los pueblos están creando una alternativa

Por Ilang-Ilang Quijano/Internacional Progresista

Del 21 al 23 de septiembre, la Cumbre Mundial de los Pueblos traerá consigo a movimientos de agricultorxs y campesinxs de todo el mundo para exigir un sistema alimentario que se centre en el derecho a la tierra, la soberanía y la sostenibilidad.

Hay una batalla en curso por nuestras tierras, alimentos y derechos.

Del 21 al 23 de septiembre, tendrá lugar la Cumbre de Sistemas Alimentarios (CSA) de las Naciones Unidas en Nueva York para trazar la agenda política para las próximas décadas en materia de alimentación y agricultura. La Cumbre está preparada para revelar las llamadas soluciones «revolucionarias» que supuestamente «transformarán» los sistemas alimentarios globales con miras a erradicar el hambre, reducir la pobreza y enfrentar la crisis climática.

La ironía es que quienes están involucrados son las mismas corporaciones transnacionales (CTNs) e instituciones financieras cuyo marco neoliberal y especulaciones nos han empujado a la crisis alimentaria, de biodiversidad y climáticas que vivimos actualmente.

Esto queda en evidencia en la alianza estratégica de la ONU con el club de billonarixs del Foro Económico Mundial (FEM) y el nombramiento de Agnes Kalibata, directora de la Alianza por una Revolución Verde en África, financiada por Bill Gates, y miembro del Consejo de la Agenda Mundial del FEM, como enviada especial a la CSA ONU. Incluso la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que está encargada de promover políticas sostenibles de alimentación y agricultura, ha formalizado una alianza con CropLife International, la asociación de comercio que representa a las compañías de pesticidas más grandes del planeta. Numerosos lobbies apoyados por corporaciones están enraizados en el Seguimiento de Acciones de la Cumbre (como la Alianza Mundial para la Nutrición Mejorada de la Fundación Gates) y se espera que promuevan sus «soluciones» basadas en el mercado, dirigidas por la tecnología y el sector privado.

La elección de realizar el proceso desde un “enfoque con múltiples partes interesadas” apunta a la verdadera naturaleza de la Cumbre. Este multilateralismo no solo incluye a las grandes compañías, sino que las pone al mando de la toma de decisiones y ahoga las voces de las pocas ONGs deliberadamente elegidas que participan. Incluso la representación en los llamados «Diálogos Independientes» se inclina abrumadoramente a favor de las grandes empresas, con casi un tercio de sus participantes provenientes de corporaciones o instituciones financieras internacionales.

Mientras tanto, se ignoran los problemas a los que se enfrentan y las soluciones que proponen pequeñxs campesinxs, lxs mayores productores de alimentos del mundo. CSA de la ONU habla de «transformación» sin reconocer cómo los sistemas alimentarios neoliberales han fallado a los pueblos rurales pobres, hambrientos y marginados del Sur Global —aquellxs que ponen la comida en nuestras mesas pero tienen ellos mismos poco o nada que comer.

Cerca de mil millones de personas se van a dormir con hambre cada noche, pese a que lxs campesinxs producen suficiente comida para alimentar 1,5 veces a nuestra población mundial. Esto no es una simple anomalía, sino el resultado de décadas de explotación y opresión imperialista.

Las reformas del mercado de la tierra dirigidas por el Banco Mundial han concentrado la titularidad y el control de las tierras agrícolas en manos de las élites nacionales y grandes corporaciones multinacionales. Se estima que el 1 por ciento de las granjas opera al menos el 70 por ciento de las tierras de cultivo disponibles en el mundo. Éstas canalizan los alimentos hacia cadenas de suministro globales corporatizadas, construidas sobre las reglas neocoloniales de comercio consagradas en la Organización Mundial de Comercio y los mega acuerdos comerciales. Lo que la liberalización económica significa para los países agrarios del Sur Global es la destrucción de la autosuficiencia alimentaria nacional (léase: agricultorxs incapaces de vender sus propios productos debido al flujo de alimentos importados). Significa el aumento continuo de la producción orientada a la exportación que expulsa a las comunidades de sus propias tierras y arrasa lo que queda de nuestros bosques.

Solo cuatro corporaciones de los Estados Unidos, China y la Unión Europea son dueñas y controlan más de la mitad de los mercados mundiales de semillas, fertilizantes y agroquímicos. Desde la Revolución Verde, las políticas impuestas a y por los gobiernos han hecho que nuestrxs agricultorxs dependan de pesticidas peligrosos y semillas genéticamente modificadas promovidas por estas compañías, a la vez forzando la desaparición de las semillas tradicionales y la agricultura sostenible. La CSA presta las credenciales de la ONU a estas corporaciones que tienen una larga historia de engaños y malversaciones. Son capaces de renombrarlas como «salvadoras» y «campeonas» de los sistemas alimentarios mundiales, incluso con empresas de pesticidas como BASF y Sumitomo llamándose a sí mismas «Héroes del Sistema Alimentario».

El control corporativo sobre los sistemas alimentarios es tan profundo que hasta los mares son sobreexplotados y explotados casi exclusivamente por los Estados-nación ricos, que controlan el 97 por ciento de las operaciones tanto en alta mar como en las zonas económicas exclusivas mundiales. Mientras tanto, el oligopolio mundial en el mercado de granos y cultivos controla los suministros de alimentos.

Está claro que los actuales sistemas alimentarios neoliberales perpetúan y agravan el hambre mundial, el enorme abismo de desigualdad dentro de las naciones y entre ellas, y la crisis climática a la que nos enfrentamos hoy. Incluso ha causado que los precios mundiales se disparen un 39 por ciento en un solo año, en medio de una pandemia devastadora. Significa que en el momento en que más lo necesitan, ¡más personas no pueden permitirse una alimentación nutritiva!

El acaparamiento de tierras a nivel mundial también sigue aumentando, así como la matanza de campesinxs y las hambrunas causadas por conflictos. Lxs agricultorxs alimentan al mundo, pero mientras luchan para defender colectivamente sus derechos a las tierras y los recursos naturales, mientras luchan por sobrevivir, son perseguidxs por las corporaciones y autoridades estatales. En realidad, no necesitan ser reconocidxs como «Héroes de los sistemas alimentarios» en la misma plataforma en la que también son reconocidos sus opresorxs. Lo que necesitan de la gobernanza global no es  palabrería insultante, sino una clara ruptura con marcos, políticas y soluciones desacreditadas desde hace tiempo.

Por eso, organizaciones de la sociedad civil y movimientos populares organizan este septiembre la Cumbre Mundial de los Pueblos sobre Sistemas Alimentarios Justos, Equitativos, Saludables y Sostenibles como contra-cumbre a la CSA de la ONU. Desde inicios de este año se han realizado varias actividades, diálogos y talleres. A través de la Cumbre de los Pueblos, esperamos seguir desarrollando y  ampliando nuestras demandas para incluir una amplia gama de titulares de derechos y pueblos, especialmente del Sur Global. El principal resultado de la Cumbre de los Pueblos será un Plan de Acción Popular para lograr sistemas alimentarios justos, equitativos, saludables y sostenibles.

La Cumbre de los Pueblos cree que lxs agricultorxs, y no las corporaciones, transformarán realmente los sistemas alimentarios mundiales. Esta transformación solo puede sostenerse sobre cuatro grandes pilares interconectados. En primer lugar, lxs campesinxs deben tener el derecho a la tierra y los recursos. En segundo lugar, debe haber una agroecología dirigida por la comunidad o sostenibilidad en la producción, distribución y consumo. En tercer lugar, la soberanía alimentaria de los pueblos –o el poder de las personas y las comunidades para defender y ejercer el derecho a la alimentación y producir alimentos– debe estar al centro de las políticas alimentarias y agrícolas. Solo entonces podrá la gente hacer realidad su derecho a una alimentación adecuada, segura, nutritiva y culturalmente apropiada, o lo que anhelamos como «alimentos para todxs».

¡Aprende más o participa en la Cumbre Mundial de los Pueblos sobre Sistemas Alimentarios! 

Ilang-Ilang Quijano es oficial de comunicación e información para PAN Asia Pacific (PANAP), una red regional de defensa que es uno de los organizadores de la Cumbre Mundial de los Pueblos sobre Sistemas Alimentarios.

FOTO: Ramadhani Rafid / Unsplash

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