Del libro: Cuentos para los hombres que son todavía niños

Quiso volar y le cortaron las alas. La poesía no la salvó

“Sabina nos había visto nacer. Treinta años antes, fue ella quien llevó a nuestra madre para que recibiera el agua del bautismo, y eso era su mayor timbre de honor. Las llaves de la despensa, del granero y de la bodega, colgaban de su cinto atadas al cordón de Santa Filomena. Las ostentaba orgullosa, como un soldado sus condecoraciones”

Por Flor Coca

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Artes / México / Portada / Puebla

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Teresa Wilms Montt nació en una muy elegante familia de Viña del Mar, Chile y los apellidos que llevaba formaban parte de los más importantes de Chile, ya que su madre fue pariente de cuatro presidentes de la república. Pero ella, desde pequeña, mostró otros intereses y ganas de realizar muchas otras actividades, no lo que esperaban de ella, ser sólo esposa y vivir en la opulencia, cuidando de su familia. Ella soñaba con muchas otras cosas y no con seguir las reglas familiares. Teresa era muy diferente de sus 5 hermanas y por ello la llamaban “loca” en su casa, porque pensaba y actuaba de manera distinta. Todas tuvieron institutrices en su formación de niñas, obedeciendo sin más a las órdenes de ellas y de sus padres, excepto Teresa, quien nunca obedecía las órdenes. era ella, quien, de niña, prefería la lectura que jugar con muñecas, como lo hacían todas sus hermanas. De hermosos ojos que impresionaban y de pensamiento feminista, a los 17 años se casó, en contra de los deseos de su familia, con Gustavo Balmaceda, quien era despreciado por los padres de Teresa y por ello, el 12 de diciembre de 1910, cuando se celebra la boda, sólo asisten los familiares de Gustavo. Teresa, estuvo sola. En la soledad Teresa comenzó a escribir sus hoy famosos diarios que nos hablan de sus sueños y anhelos. 

Cuando ella se casa siendo tan joven, no encuentra comprensión en nadie cercano. Su esposo es extremadamente celoso y Teresa es, gracias a su talento, una persona muy admirada, ya que tiene una hermosa voz y canta, toca el piano, habla tres idiomas. En fin, es una mujer que siempre llama la atención y eso enfurece cada día más a su esposo. El decide, gracias a sus celos, buscar un trabajo alejado de la sociedad y del bullicio y decide aceptar un trabajo en Iquique. En este lugar piensa que su esposa estará aislada y ya no será más la estrella de la reunión, pero se equivoca, ya que la escritora sigue brillando con luz propia en cualquier lugar. La frustración y la soledad hacen que Teresa busque a alguien a quien confiarle sus penas y el primo de Gustavo, es esa persona. Ella y Vicente, que llega a Iquique temporalmente, se convierte en su gran amigo y la cercanía acaba en amor. Al ser descubiertos, el esposo agraviado la envía de regreso a la casa paterna y deciden: esposo y padres, enviarla directamente a un convento.  El llamado convento de la preciosa sangre, se convierte en la cárcel de la escritora por 6 largos meses, tiempo en el que casi no ve a las 2 hijas, que tuvo en su matrimonio y no recibe la visita de nadie de su familia, padres y hermanas. Ya que no estaba dispuesta a sufrir más, se fuga del convento, escandalizando a toda su familia. Para poder realizar su escapatoria cuenta con la invaluable ayuda de uno de sus grandes amigos, el poeta Vicente Huidobro, con quien escapa a Argentina. El se expresó así de su amiga: “Teresa Wilms es la mujer más grande que ha producido la América. Perfecta de cara, perfecta de cuerpo, perfecta de elegancia, perfecta de educación, perfecta de inteligencia, perfecta de fuerza espiritual, perfecta de gracia”.

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El salir del convento y sentirse libre, fue lo mejor que pudo sucederle a Teresa, quien dio rienda suelta a su talento como escritora y publica 2 libros en ese país. Inquietudes sentimentales que contiene poemas y Los tres cantos. Es 1917. Y sus libros son muy bien recibidos. Tiempo después pasa por España y es de regreso a Argentina que publica Cuentos para los hombres que son todavía niños. Sigue viajando y en Paris, después de tener 5 años que no ve a sus hijas, va en su busca, ya que ellas viajaban con el padre de quien fue su esposo. Ella ve a sus hijas que pronto tendrán que regresar a Chile y es ahí cuando a Teresa se le rompe el corazón.  No quiere volver a estar alejada de sus hijas nuevamente. Su poesía es desgarradora, no así su prosa que combina los momentos hermosos de su infancia y cuenta sus vivencias de la manera más natural.  Con solo 28 años de edad, Teresa toma una decisión, quizá la más difícil de su agitada vida. Se suicida con una sobredosis. La mujer a quien le rompieron las alas, reposa en el cementerio Pére Lachaise de París

“Soy Teresa Wilms Montt y aunque nací cien años antes que tú, mi vida no fue tan distinta a la tuya. Yo también tuve el privilegio de ser mujer. Es difícil ser mujer en este mundo. Tú lo sabes mejor que nadie. Viví intensamente cada respiro y cada instante de mi vida. Destilé mujer. Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo.

Cuando me dieron la espalda, yo di la cara.

Cuando me dejaron sola, di compañía.

Cuando quisieron matarme, di vida.

Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad.

Cuando me amaban sin amor, yo di más amor.

Cuando trataron de callarme, grité.

Cuando me golpearon, contesté.

Fui crucificada, muerta y sepultada, por mi familia y la sociedad.

Nací cien años antes que tú sin embargo te veo igual a mí.

Soy Teresa Wilms Montt, y no soy apta para señoritas”.

Otoño de 2021

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