Sostiene Pereyra (Roberto Faenza, 1996, 1 h, 44 min)

Sobre la nota necrológica como género político

¿Será que por ocuparnos preparando laudos para quienes están por caer muertos se nos escapa estar al pendiente de aquellos cuya vida está moviendo al mundo?
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Cine / Cultura / México

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Sostiene Pereira

El autor agradece la recomendación de esta película a la autora de sus días.

Pereira, viudo muy entrado en años y editor de la sección cultural del periódico «Lisboa«, acaba de leer un artículo sobre cómo a lo largo de la historia, ha ido decreciendo la importancia que las sociedades humanas han concedido a la muerte. Por diversas circunstancias personales, el artículo genera hondas resonancias en la mente de Pereira, quien contacta al autor del artículo, un joven que recién se acaba de recibir de la universidad.

El primer contacto entre el editor y el novel escritor, de nombre Monteiro Rossi,  se da en un restaurante en el que éste trabaja como cantante. La propuesta que Pereira le tiene es colaborar en su sección cultural con necrológicas anticipadas, pues, como se sabe, cada vez que fallece una personalidad muy conocida por el público, es imperativo publicar lo antes posible una relación bien elaborada sobre sus hechos y milagros.

La primera asignatura que Monteiro presenta al editor Pereira es la del poeta conservador Gabriele D’Anunzio, a quien la necrológica denuesta por exaltar las conquistas coloniales y por adscripción al fascismo. Vamos, hasta se toma la libertad de tildarlo de «fanfarrón».

La virulencia de la necrológica inquieta a Pereira, que de inmediato reconviene a su nuevo necrologista. El editor Pereira se presume como «apolítico» y tiene como sacramento «dejar la política fuera de su sección»; sin embargo, Pereira no ve que escribir una necrológica laudatoria o apenas neutral para un agente como D’Anunzio, en un contexto como el que viven Portugal e Italia en aquellos tardíos años treinta del siglo pasado, constituye en sí una decisión política.

A partir de este momento, diversos cambios alcanzarán a Pereira: emprenderá un régimen de dieta que lo llevará a deshacerse de diez kilos; se relacionará, un poco contra sus deseos, con jóvenes revolucionarios; se percatará de que el clima social de Portugal se encuentra en rápido progreso hacia una dictadura militar. Además, trabará amistad con un médico que coquetea con él psicoanálisis y la metafísica, quien perora de manera recurrente sobre su teoría de que cada persona porta en su interior una confederación de almas, sobre las cuáles tiene potestad una dominante. Aunque la película no lo menciona, esta teoría ha sido enarbolada por el místico armenio George Gurdjeff, quien planteaba que un gran número de yoes o entidades fragmentadas se disputaban el mando de cada conciencia humana, cohabitándola de manera no siempre armónica. Así pues, al interior de la conciencia se libra una revolución en contra de aquel miope y nostálgico Yo Dominante que campea en su ser desde la muerte de su esposa.

Cuando esta historia se interpreta en clave periodística, numerosas inquietudes acuden a la mente. Por ejemplo, la burbuja en que permanecen sumergidos los trabajadores de muchos medios de comunicación que se presumen «apolíticos«, etiqueta que debe leerse como una renuencia a meterse en problemas con el régimen en cuestión. En la película que nos ocupa, por ejemplo, Pereira se entera de las noticias relevantes no por el periódico para el que trabaja ni para ningún otro, sino por un mesero del restaurante que frecuenta. Cuando el poder político logra desactivar los medios de comunicación como agentes informativos independientes, es en el pueblo en quien recae la función de crear canales para circular la información suprimida y contrarrestar la omnipresencia de la propaganda.

Roberto Faenza, director de cine políticamente incorrecto

Fue Roberto Faenza quien dirigió esta película en 1996,  inspirada en la novela homónima de Antonio Tabucchi, tal vez el más portugués de los novelistas italianos del siglo XX, enamorado como vivió la mayor parte de su vida adulta de la ciudad de Lisboa.  Fue la última película de Marcelo Mastroianni; su actuación en el protagónico le consiguió el premio David di Donatello.  Comparte créditos con Stefano Dioinisi  (Monteiro Rossi), Joaquim de Almeida (Manuel), Daniel Auteuil (Dr. Cardoso), Nicoletta Braschi (Marta) y Teresa Madruga (esa portera bufa que resulta tan fácil llegar a odiar).

Sostiene Pereira, disponible en la plataforma de video más popular de Internet, es uno de los muchos trabajos de provocador corte político concebidos por Roberto Faenza, cuyo debut «Escalation» constituye una brutal crítica a los métodos de sucesión del poder burgués. Sus obras subsecuentes, el filme de ciencia ficción «H2S» (1969) y la sátira «¡Forza Italia» (1978) fueron objeto de censura y le convirtieron durante un tiempo en un director tabú de infame recepción entre los cinéfilos conservadores de Italia.

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