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Huyeron de sus países de origen sin sus familias

Centenares de menores refugiados son víctimas de abusos y explotación en Grecia

El Gobierno griego dice que falta de recursos impide enfrentar adecuadamente la situación



Han pasado cuatro años desde que Grecia se convirtió en el epicentro de la crisis migratoria europea en 2015, cuando más de 860.000 migrantes ingresaron a ese país, en su trayecto hacia una vida mejor en el norte de Europa, según cifras de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Desde entonces, un goteo incesante de inmigrantes continúa llegando a Grecia. Pero muchos no han podido seguir en su camino. El pacto migratorio aprobado entre Turquía y la Unión Europea y el cierre de la ruta balcánica en 2016 frenaron los flujos, pero también atraparon a miles en el empobrecido país heleno, entre ellos centenares de menores no acompañados, adolescentes desprotegidos y en peligro de abusos, señala un reporte publicado por France 24.

“Debido al gran número de niños no acompañados que llegan es imposible que los procedimientos sean rápidos y seguros. Así que los niños tienen que pasar mucho tiempo esperando para recibir un adecuado recibimiento y servicios”, lamenta Popi Gkliva, trabajadora humanitaria de la ONG Sos Children’s Villages Greece.

En la plaza Viktoria, en el centro de la capital de Grecia, se reúnen todos los días decenas de solicitantes de asilo, afganos en su mayoría. Es aquí donde testigos denunciaron a la Alcaldía de Atenas abusos a menores desprotegidos.

Mohsin dice que ofrecen entre 10 y 15 euros, y suelen venir después de las ocho de la tarde. “Nadie los conoce. La mayoría de veces (sus elegidos) son afganos y árabes… Los afganos, en particular, porque son los más pobres”. Foto: El Atenense.

Lefteris Papagiannakis, vicealcalde de Atenas y responsable de Migración de la Alcaldía ateniense, no esconde su preocupación. Admite conocer la situación, pero sostiene que la falta de recursos y personal cualificado en una Grecia tocada por la crisis económica, todavía no permite que el país pueda enfrentarse adecuadamente a estos casos.

«Alguien vino al Ayuntamiento diciendo que en uno de los parques de Atenas había prostitución infantil. Todas las noches.  El alcalde denunció la situación contra los desconocidos acusados y la policía lo investigó pero no pudieron encontrar pruebas”, cuenta Papagiannakis.

“Me dijo: ven aquí, yo te daré dinero, ropa, comida, todo lo que necesites”. A Mohsin (nombre ficticio usado para proteger al informante) aún le tiembla la voz cuando recuerda el día en el que un hombre le propuso sexo a cambio de unos pocos euros.

Estaba en la plaza, con sus amigos, todos menores de edad como él, todos afganos, puntualiza. Recuerda varios detalles de esa escena. “Al principio no entendí… le pregunté: ¿cómo que nos puedes dar dinero? Él dijo: ven conmigo, iremos a mi habitación y te daré el dinero”.

Duermen en calles y parques

A medida que se avecina el anochecer, el paisaje en la plaza se va poblando de hombres desconocidos de edad adulta que se acercan a los jóvenes solicitantes de asilo para conversar y hacer propuestas.

Mohsin dice que ofrecen entre 10 y 15 euros, y suelen venir después de las ocho de la tarde. “Nadie los conoce. La mayoría de veces (sus elegidos) son afganos y árabes… Los afganos, en particular, porque son los más pobres”, cuenta el adolescente afgano, sentado cabizbajo en un café.

Duermen en calles y parques a la espera de conseguir un lugar en los establecimientos habilitados. No es fácil, no hay refugios, ni suficientes asistentes sociales para todos. Foto: AFP-

Son menores de entre 13 y 18 años, vagan por las calles de Atenas intentando conseguir dinero para sobrevivir y dejar pasar el tiempo. Están solos, han huido de sus países de origen sin sus familias.

Duermen en calles y parques a la espera de conseguir un lugar en los establecimientos habilitados. No es fácil, no hay refugios, ni suficientes asistentes sociales para todos.

“No me siento seguro en este país. Tengo menos de 18 años y no tengo trabajo. ¿Qué puedo hacer?”, dice otro menor de la misma nacionalidad, al pedir como Mohsin resguardar su identidad, por temor a repercusiones.

“No voy a la escuela. Quisiera reunificarme con mi hermano y encontrar un trabajo, pero no lo he logrado aún”, dice y añade que algún día le gustaría vivir y trabajar en Francia.

El Gobierno griego dice que falta de recursos impide enfrentar adecuadamente la situación. de los refugiados . Foto: Sputnik Mundo.

En Europa, como dictan los convenios internacionales, la ley resguarda de los derechos de los menores extranjeros no acompañados, tengan documentos, o no.

Sin embargo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) condenó en junio pasado a Grecia por el trato vejatorio y la detención irregular de jóvenes migrantes abandonados por las instituciones.

Las ONG también son conscientes del fenómeno y lo han denunciado de manera pública.

“A pesar de la condena (del TEDH), 82 menores no acompañados permanecían detenidos el 30 de marzo en las llamadas “custodias protectoras”, en comisarías de policías o en centros de detención para inmigrantes en todo el país”, llegó a denunciar recientemente Human Right Watch (HRW).

“Para empeorar las cosas, estos niños, que podrían haber vivido terribles experiencias en su huida de zonas de guerra, son a menudo dejados sin atención médica, psicológica y legal. Pocos saben realmente las razones por las cuales son mantenidos encarcelados”, añadió la organización humanitaria.

Mohsin y su amigo aún no han perdido la esperanza, pero manifiestan su frustración ante un futuro incierto. “Peor será cuando cumplamos 18 años. En ese entonces ya nada podrán hacer por nosotros”, afirman, rodeados por las voces de otros menores, incluso más jóvenes que ellos.

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