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El conservador Kyriakos Mitsotakis, se impuso en los comicios legislativos

Grecia dijo ‘No’ a la izquierda: ¿Por qué Alexis Tsipras perdió las elecciones?

Cuando el líder de izquierda llegó al Gobierno en 2015 se encontró con que había heredado un país económicamente devastado por las políticas de austeridad impuestas por la troika


25 de enero de 2015:  Syriza, una formación de izquierda radical, ganó las elecciones parlamentarias de Grecia y  la figura de Alexis Tsipras como primer ministro se convirtió en la esperanza de un pueblo herido por las políticas neoliberales de una Europa fragmentada y hundida por la crisis financiera mundial del capitalismo.

7 de julio de 2019: El partido de derecha Nueva Democracia (ND), liderado por el conservador Kyriakos Mitsotakis, se impuso en los comicios legislativos con el 39,8 % de los sufragios, frente al 31,5 % de Syriza.

¿Qué pasó en Grecia en los últimos cuatro años? Esa es la pregunta que muchos se hacen para entender qué cambió en el pueblo heleno para tomar esta decisión y dar un giro a la derecha.

Grecia al borde de la quiebra tuvo que solicitar un rescate financiero a la Unión Europea y al FMI. Foto: Web.

Grecia ahogada por la crisis

En 2008 el hundimiento de la firma de servicios financieros Lehman Brothers y la explosión de la burbuja de los créditos hipotecarios en Estados Unidos, que ocasionó la insolvencia bancaria, dio origen a una gran crisis económica mundial que durante la siguiente década provocó graves consecuencias económicas, sociales y políticas en todo el mundo.

La crisis causó recesión en los países del viejo continente y colocó a la llamada Zona Euro al borde del colapso con serios problemas en materia de deuda pública y balanza de pagos.

Las naciones más afectadas fueron Grecia, Irlanda y Portugal, que aunque apenas representaban el 6 % del Producto Interno Bruto (PIB) de la Eurozona, ponían en peligro el futuro del bloque.

La respuesta de las instituciones y los Gobiernos europeos fue recurrir a programas de rescates financieros y a una estrategia de austeridad como política para salir de la crisis a costa del bienestar de su población.

En 2010, las calificadoras de riesgo  valoraron la deuda soberana griega en el nivel de bonos especulativos —por debajo del grado de inversión y posibilidad alta de impago —, dejando al país sin acceso a los mercados para poder financiarse, y sin otra alternativa que recurrir a los créditos de sus socios en la Zona Euro y del Fondo Monetario Internacional (FMI).

De este modo, Atenas solicitó un “rescate financiero” y se convirtió en el primer país en la Eurozona que recibió un plan de ayuda internacional, por un monto de 110. 000 millones de euros, al que siguió un segundo 130.000 millones de euros, que conllevaron a la aplicación de un cruento plan de recortes sociales, que generó hambre, desempleo, desahucios y desesperación en la nación mediterránea.

El primer rescate fue de 110.000 millones de euros y el segundo de 130.000 millones. Foto: Web.

Alexis Tsipras y Syriza se erigieron como la esperanza de un país golpeado. Su promesa principal fue devolver la dignidad frente a la «troika», conformada por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI; y la izquierda ganó las elecciones con más de 2,2 millones de votos.

La lucha entre David y Goliat

Cuando Tsipras llegó al Gobierno se encontró con que había heredado un país económicamente devastado por las políticas de austeridad impuestas por la troika y que, incluso, lo colocaban en una situación peor que al inicio de la crisis, pese a los graves recortes realizados sobre las condiciones de vida de las clases populares.

En seis años de crisis, el PIB de Grecia había caído 25 %, el desempleo superaba el 26 %, mientras el 23 % de los habitantes vivía en riesgo de pobreza, la reducción del gasto sanitario había sido del 9 % anual, las pensiones se habían reducido entre 35 % y 50 %, y la deuda había pasado de 113 % del PIB en 2008 a 175 % en 2014.

Tsipras trató de negociar con la UE un ajuste de la deuda de Grecia. Foto: Web.

El programa de Syriza tenía como objetivo revertir esta situación con medidas destinadas a ayudar a los sectores sociales más afectados por la crisis y las políticas de recortes, y con una serie de programas para impulsar la recuperación y el crecimiento económico. Pero, sobre todo, propuso la renegociación de la deuda y de las condiciones impuestas por el rescate.

Frente a la postura rígida de la troika y de la Unión Europea que negó cualquier negociación, Tsipras convocó al pueblo griego a un referéndum y la respuesta fue abrumadora: 61 % de los votantes rechazaron la propuesta de los poderes europeos.

Sin embargo, la UE optó por asediar y ahogar la economía griega, y el BCE dejó de dar fondos a los bancos helenos. Tal y como recordó el periodista español Manel García Biel: “Todo fue inútil. La UE desde el inicio no quería negociar sino humillar un gobierno que no le gustaba políticamente”.

Incluso, en enero pasado el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, reconoció: “Tenemos que lamentar la falta de solidaridad durante la crisis griega. Hemos estado insuficientemente solidarios con ella. Hemos insultado Grecia”.

Tsipras tuvo que hacer frente a un difícil dilema, optar para salir del euro y crear una nueva moneda devaluada o negociar con sus acreedores. El líder izquierdista firmó un tercer rescate financiero, menos cuantioso (86.000 millones de euros) que los anteriores pero no por ello menos doloroso.

“Tsipras justificó este giro diametral con el argumento de que quería evitar el «suicidio colectivo» del país, y que en lugar de «escapar» (salir del euro), el Gobierno había optado por afrontar la realidad”, recordó la periodista Ingrid Haack en un artículo publicado por el diario El Español.

Tras firmar el nuevo rescate, el Gobierno convocó nuevas elecciones y los ciudadanos le dieron una segunda oportunidad a Tsipras y Syriza.

“Querían ver si, aun dentro del corsé dictado por Bruselas y Washington (Fondo Monetario Internacional), era capaz de poner en práctica la política social que seguía prometiendo”, planteó Haack.

El precio que pagó Tsipras

El precio de los 86.000 millones de euros fue muy alto, Tsipras tuvo que emprender algunas privatizaciones, recortó las pensiones, aumentó los impuestos y redujo el gasto público para cumplir con los estrictos objetivos fiscales  y presupuestarios exigidos a Grecia para poder generar excedentes en los próximos años y alcanzar un superávit primario anual del PIB del 3,5 % para 2022. 

A pesar de la presión de Europa, el Gobierno de Syriza logro cristalizar, dentro de sus posibilidades, varias políticas sociales de apoyo humanitario a los más desprotegidos.

Instauró un “subsidio social” que en 2019 cubre al 32 % de la población, con una inversión de 2.500 millones de euros. Estableció una tarjeta para ayudas básicas a ciudadanos sin recursos con un monto que oscila entre los 70 y 220 euros al mes.

También brindó ayudas al alquiler para aquellos que no pueden hacer frente al pago de vivienda y asistencia sanitaria gratuita para más de dos millones de personas que habían sido excluidas del sistema de salud.

Como primer ministro, Tsipras mostró un trato más humano con los refugiados y llegó a escolarizar al 40 % de los 60.000 niños que han llegado a las costas de Grecia.

La eficiencia fiscal de su gobierno permitió conseguir un superávit primario del 1,75 % y bajar la tasa de desempleo de 27 % al 18 % en sólo cuatro años.

“Tsipras logró restaurar la estabilidad de  la economía de Grecia, que está creciendo hoy, aunque solo en un tímido 2 %. Pero el desempleo continúa por encima del 18 %, un nivel notablemente alto para un país europeo”, reseñó The New York Times.

Alexis Tsipras aceptó la derrota electoral y aseguró que se va “con la cabeza alta”. Foto: Web.

¿Por qué  Syriza no ganó las elecciones?

Tras el bajo resultado de Syriza en las elecciones europeas y locales, realizadas entre finales de mayo y principios de junio, Tsipras, cuyo mandato debía concluir en octubre, convocó elecciones anticipadas para el 7 de julio.

A pesar de lo que decían las encuestas, el líder de izquierda tenía confianza en poder revertir el resultado y mantener la confianza de sus electores.

«Los griegos no pueden olvidar quién causó la crisis, quién no supo manejarla y destrozó la economía y la sociedad, y quién sacó al país del atolladero y la humillación», recordó durante los días previos a las elecciones.

Para  varios analistas, el pueblo griego no le perdonó a Tsipras que no pudiera llevar a cabo muchas de sus promesas electorales, aunque la culpa fuera, en gran medida, de la obligación de cumplir con el acuerdo comunitario y las duras medidas fiscales dictadas por la Unión Europea.

Para el español Juan Antonio Sacaluga, el resultado de los comicios es “consecuencia de la derrota política de hace cuatro años”, cuando Tsipras tuvo que claudicar ante la UE y aceptar una tercera fase del ajuste a cambio de otro paquete de ayuda.

Hizo lo que dijo que nunca haría y encajó lo que había reprochado a sus antecesores. Aquella derrota fue mucho más humillante que ésta”, señaló.

La decepción y el descontento popular causaron división y el apoyo a Syriza  se redujo y  se vio reflejado en las urnas electorales. Ese es el caso Yianna Elafrou, de 55 años, maestra de escuela, quien en 2015 votó por Tsipras, cuando en plena crisis vio cómo su salario se redujo varias veces, pero que este domingo votó por Mitsotakis.

«Los probamos, no funcionó», dijo sobre Syriza luego de emitir su voto en un centro en Atenas. «Todo lo que vimos fue otro memorando y más impuestos», indicó en declaraciones a The New York Times.

Polémica con Macedonia

Por su parte, el analista del Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos de Madrid, Ignacio Molina, planteó como una de las causas al acuerdo suscrito en junio de 2018 entre Atenas y la Antigua República Yugoslava de Macedonia (FYROM, por su sigla en inglés) y que le permitió a este país llamarse Macedonia del Norte, y posteriormente incorporarse a la UE y a la OTAN.

Aunque Tsipras presentó la resolución del conflicto con el país vecino como el «inicio de una nueva era», para muchos helenos supuso una traición a su historia nacional. Lo vieron como una apropiación del término Macedonia, que es como se llama la región norteña que tiene a Salónica como capital.

“El acuerdo con Macedonia del Norte, que les permite mantener Macedonia en el nombre, es el principal foco que ha provocado que pierda las elecciones, porque el nacionalismo está muy presente en el país heleno y lo consideró una traición» explicó.

Syriza obtuvo 86 escaños en el Parlamento y se convierte en la primera fuerza de oposición en Grecia. Foto: Web.

El futuro de Syriza

En las elecciones del domingo, el conservador Nueva Democracia, Kyriakos Mitsotakis, consiguió el 39 % de los votos, mientras que Syriza superó el 31 %.

Aunque la formación de izquierda quedó sólo ocho puntos por detrás, obtendrá 86 escaños, una diferencia de 72 diputados con respecto a los 158 de Nueva Democracia, que surge del bono de 50 escaños que la ley electoral griega otorga al partido ganador.

Sin embargo, con este número de escaños Syriza se convierte en la primera fuerza de oposición al Gobierno de Mitsotakis.

Ignacio Molina señaló que Tsipras «no ha salido tan mal parado» de los comicios porque pasa a la oposición, donde «Syriza se va consolidar como el partido de la izquierda de Grecia. Sale del poder, pero es claramente la alternativa».

Juan Antonio Sacaluga coincidió y destacó que, pese a los resultados electorales, Syriza no ha sido barrida del plano político y cumplirá un rol relevante en el Parlamento.

“Con casi una tercera parte del electorado aún fiel a sus promesas y propuestas, la formación de izquierda no tan radical -pero todavía alternativa- se mantiene como principal representante del sentir progresista del país”, afirmó.

“Tsipras vuelve a la oposición en la que creció y lo alzó como esperanza insólita para los griegos más desfavorecidos y estandarte de una ilusión europea”, acotó.

Kyriakos Mitsotakis es considerado una mezcla de nacionalismo y neoliberalismo. Foto: Web.

Vuelta a la derecha

Luego de tres años de haber asumido las riendas del partido conservador, Kyriakos Mitsotakis, de 51 años, asumió este lunes el cargo de Primer Ministro de Grecia.

La elección del diplomado en Harvard, descendiente de una gran dinastía política, significa un regreso a la «familiocracia» en el gobierno griego, una tradición que interrumpió Tsipras.

Hijo de un primer ministro y miembro de una familia plagada de ministros, alcaldes y otros altos cargos, Mitsotakis es recordado por su papel como ministro de la reforma administrativa, durante el gobierno conservador de Antonis Samaras (2012-2014), cuando decidió despedir a 15.000 funcionarios griegos ante la presión de los acreedores.

Para muchos, el nuevo Premier es una mezcla de nacionalismo y neoliberalismo.

En su campaña electoral prometió duplicar el crecimiento de la economía, abrir las inversiones, bajar los  impuesto, repartir ayudas y subir salarios para captar votos.

«Ahora empieza el trabajo difícil, pero estoy absolutamente seguro de que estaremos a la altura de los acontecimientos», afirmó este lunes tras asumir el cargo.

Sin embargo, sus futuros planes estarán supeditados a lograr acuerdos con los acreedores de la deuda griega. De hecho, los prestamistas esperan un nuevo plan económico para septiembre.

Mitosotakis recibió incluso la advertencia de la Unión Europea de que deberá cumplir con los compromisos contraídos por el país. “Mi consejo sería respetar los compromisos”, dijo el presidente del Eurogrupo, Mario Centeno.

«Dadas las restricciones financieras que el Gobierno griego tiene, queda por ver si serán capaces de hacer todo lo que prometen e implementar su programa o se «adaptarán a la realidad», advirtió Yorgos Christidis, profesor de la Universidad de Macedonia.

Los próximos meses serán claves para saber si el derechista tendrá libertar de gobernar o deberá someterse a la presión y exigencias de sus socios europeos.

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