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«La metamorfosis del comunismo en China»

El Partido Comunista de China (PCCh) cumple cien años en 2021

Por Wari

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China / Mundo / Política

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El Partido Comunista de China (PCCh) cumple cien años en 2021. De ellos, más de las dos terceras partes ha estado en el poder, tras la proclamación en 1949 de la República Popular China. Su evolución no ha sido ni mucho menos rectilínea, pero va camino de convertirse en el más longevo del mundo, superando al Partido Comunista de la Unión Soviética. ¿Lo logrará? Y, de ser así, ¿cuál es su fórmula secreta si esta existe?

Mao Zedong

En el contexto del centenario del Partido Comunista de China, es necesario un balance de la evolución del territorio más poblado del planeta y la segunda economía mundial. El autor de este ensayo, Xulio Ríos, es uno de los principales expertos en este país. Con el triunfo de la Revolución liderada por Mao Zedong en 1949, China inició una nueva etapa caracterizada por la búsqueda de una modernización que le permitiese dejar atrás siglos de decadencia y tragedia, ostracismo, subdesarrollo y humillación. Desde entonces, la historia de China y del PCCh se funde en una misma trayectoria.

Con sus aciertos y errores, el PCCh hizo posible la sorprendente transformación de un país con cinco mil años de existencia, siendo la única de las grandes civilizaciones que aún sobrevive. En los más de setenta años que lleva en el poder, su ideario y sus políticas han experimentado fuertes mutaciones que se desgranan con precisión en este libro, desde los inicios de la Revolución hasta nuestros días, teniendo en cuenta no solo las grandes tendencias sino también los detalles pequeños y relevantes.

El hilo conductor es el análisis del afán por transitar por una vía propia, adaptada a sus singularidades civilizatorias, huyendo de copias miméticas de experiencias extranjeras -del signo que fuera- y perseverando en sus compromisos originales. La ideología, la política, la economía, la sociedad, la cultura, la seguridad o la defensa y la política exterior evolucionaron con manifestaciones propias en cada una de las grandes etapas que integran la vida del PCCh. Partiendo de una temprana adscripción a la III Internacional bajo la égida soviética, tanto el maoísmo como el denguismo o el xiísmo actual son expresiones ideológicas de ese propósito y claves de la China contemporánea.

Con estos mimbres, el PCCh aspira a llegar a 2049, cuando se conmemoran los primeros cien años de la República Popular, culminando el largo sueño de la modernización del país: avanzando en los niveles de bienestar de una sociedad empobrecida; resolviendo las contradicciones pendientes en los ámbitos ambiental, financiero y tecnológico, y consolidando la reforma interna.

FRAGMENTO DEL CAPÍTULO FINAL: “Una síntesis centenaria”

“Hay, en la trayectoria del PCCh, algunas constantes que a nadie escapan. Distinguiría, en primer lugar, la redención de la nación. El componente nacionalista es perfectamente reconocible como nervio estructural de la identidad del PCCh. En esencia, surge como expresión del antiimperialismo (también del antifeudalismo) y como alternativa orgánica para que China pueda alcanzar una vía de superación de la inexorable decadencia que la asoló a partir de mediados del siglo xix. Esa identidad patriótica del PCCh, ab initio de definición programática internacionalista y proletaria, se traduce en la legítima aspiración a recuperar la significación de China en el concierto internacional y su reconocimiento como «país grande» habilitándole, en consecuencia, espacios de relevancia y responsabilidad acordes con su estatus.

En segundo lugar, se halla la búsqueda del desarrollo y del bienestar. Desde su fundación, el PCCh es plenamente consciente de la inmensa situación de atraso de su país con respecto a las naciones más avanzadas del mundo. La superación de la pobreza y el logro de un bienestar elemental, lo que se conoce en el argot oriental como «sociedad modestamente acomodada», forman parte de su vademécum de origen, que se inscribe en una orientación fundacional de signo socializante.

En tercer lugar, se sitúa la insistencia en establecer un camino propio para alcanzar sus objetivos. Cierto es que la Internacional Comunista apoyó los primeros pasos del PCCh tras su fundación influyendo, de forma significativa, en la conformación de su liderazgo y en sus decisiones políticas. No obstante, lo cierto es que, desde el primer momento, hubo otros enfoques y resistencias internas, en gran medida capitalizadas por Mao Zedong que, a la postre, en la Reunión de Zunyi (1935), acabó por imponer un liderazgo indispuesto para aceptar, sin más, las consignas elaboradas en el exterior y que el PCCh, como destacamento nacional del movimiento comunista internacional, debía aplicar casi sin rechistar. La búsqueda de una vía original para desarrollar el país, construir el socialismo y llegar al comunismo ha influido, de forma sustancial, en la cristalización de diversas iniciativas políticas en el curso de la historia del PCCh.

Por otra parte, en las diferentes etapas históricas del PCCh, han surgido motivos de conflicto que, claramente, han partido aguas entre unos y otros sectores o líneas. Por su trascendencia política y práctica, significaré cuatro elementos.

En primer lugar, se encontraría la importancia de la lucha de clases o, dicho de otra forma, el sempiterno debate sobre la cuestión de la primacía de la ideología o de la economía como eslabón principal para alentar el desarrollo del país y construir una nación socialista. Todo el período maoísta ha estado condicionado por los altibajos de esa contienda interna. Las sucesivas campañas ideológicas y convulsiones interiores en los primeros lustros que siguieron a la fundación de la República Popular China han tenido por guía esencial y eje irrenunciable la creencia dominante de que el impulso de la lucha de clases facilitaría el aislamiento de los enemigos de la revolución y, por lo tanto, su desarrollo impetuoso y acelerado. La exacerbación de la lucha de clases, confundiendo a amigos y aliados con enemigos, tuvo importantes costes para el PCCh y el país y, en buena medida, explica la naturaleza antitética del denguismo, cuando expresamente sitúa la construcción económica por encima de la ideología aun sin renunciar, ni mucho menos, a ella.

Un segundo elemento tiene que ver con la construcción del Partido y especialmente con el estilo de dirección y liderazgo. Es sabido que el desarrollo del maoísmo se construyó históricamente en torno a un creciente culto a la personalidad de quien simbolizó la Revolución china. El Gran Timonel, que condujo a la victoria a las huestes revolucionarias, con el paso de los lustros, fue cercenando la influencia de rivales e imponiendo, con el apoyo de aduladores, un poder personal, que dañó severamente la institucionalidad orgánica del PCCh y sus principios de funcionamiento. La reacción a tal  proceder que, tras su muerte, supuso el denguismo puso el énfasis en la recuperación de la normalidad, en la rehabilitación de los injustamente condenados, la institucionalización de un liderazgo colectivo, la disposición de reglas formales e informales para afrontar desde las jubilaciones a los procesos de sucesión y, en suma, el fortalecimiento de una vida partidaria seriamente aquejada por los vaivenes experimentados en el período precedente.

Deng Xiaoping

Una tercera cuestión que considerar es la defensa y minimización del igualitarismo en lo social. Inseparable de la preeminencia ideológica en la vertebración del socialismo chino, la defensa del igualitarismo es una de las características del maoísmo, expresada tanto en la plasmación de alternativas como las comunas populares, como en el temor obsesivo a promover procesos de enriquecimiento que pudieran derivar en la conformación de grupos sociales hostiles a la revolución. Por el contrario, el denguismo admitió sin ambages que, en la etapa primaria de la construcción del socialismo, se debía admitir que unos se enriquecieran antes que otros (al igual que unas regiones antes que otras) y fomentó la iniciativa individual y de abajo arriba, sin perjuicio del arbitrio de mecanismos compensatorios y de solidaridad que contribuyeran a la prosperidad común. El denguismo desterró el igualitarismo tanto como su praxis exacerbó, a la postre, las desigualdades. «Al abrir la ventana, además del aire puro, también entran las moscas», decía Deng Xiaoping; no obstante, no llegó a calibrar la magnitud de los «efectos indeseados» que tanto escandalizarían como resultado de la aplicación de la fórmula: «primero eficacia, después justicia».

Wang Ming

Una última cuestión que pesó en el desarrollo histórico del PCCh es la relación con el «partido padre». La ruptura del cordón umbilical es una cuestión que se resuelve en dos tiempos y que, como bien es sabido, pesó como una losa en el movimiento comunista internacional, especialmente en los años setenta del pasado siglo. Como ya se dijo, el PCCh contó con el auxilio soviético en los primeros años de su existencia. El apoyo de la Internacional Comunista se tradujo en una influencia sustantiva en el rumbo político del Partido, ya hablemos de las relaciones y la colaboración con el nacionalista Kuomintang o las propias tácticas revolucionarias, en especial la significación del mundo rural y urbano en la gestación de la revolución. El liderazgo de Wang Ming personificó esa divergencia entre los adeptos a las tesis soviéticas frente a quienes insistían en partir de la propia realidad para hallar la vía adecuada y adaptada a las condiciones locales. En la decisiva Reunión de Zunyi, en plena Larga Marcha tras la derrota de la República Soviética de Jiangxi, Mao logró aunar una voluntad mayoritaria en torno a su criterio. El vocablo «soviético» desapareció a partir de entonces de las proclamas revolucionarias que daban cuenta de los avances del PCCh. No obstante, a pesar de un breve paréntesis de esperanza, esos desencuentros entre el PCCh y el PCUS lastrarían su relación tras el triunfo de la revolución, manifiestos tras el XX Congreso del PCUS o a la vista de las exigencias militares de Nikita Jruschov a Mao. Y subsistirían incluso tras la última pendencia, con la pugna ideológica y por la influencia política en las luchas revolucionarias de muchos países del Tercer Mundo en varios continentes.

Esta cuestión de la ruptura del cordón umbilical es de gran importancia en la trayectoria del PCCh, por cuanto incide en la determinación para explorar una senda propia (y, subsiguientemente, de mayor acierto que la seguida por el «social-imperialismo» soviético), pero igualmente para rechazar cualquier forma de hegemonismo, que tanto afectaría a la dimensión partidaria como estatal.”

OCHO TESIS

1. Los cien años del PCCh (1921-2021) trazan una línea de clara continuidad que abunda en la trascendencia del ideal nacional como factor movilizador principal en su constitución y desarrollo, resolviendo muy inicialmente su relación paralela y controvertida con el internacionalismo de matriz soviética.

2. A la vista de su especial protagonismo en la evolución contemporánea del país, la historia del PCCh es, en gran medida, la historia de la propia China en los últimos cien años. Y son también los factores históricos los que condicionan buena parte de una evolución marcada por el orgullo por su civilización y por la reacción ante la tragedia de la decadencia y la pérdida de soberanía efectiva a manos de la desmembradora penetración occidental.

3. El maoísmo (1935-1978), más allá de la gesta revolucionaria, quiso representar la búsqueda de una vía original para dar respuesta a las necesidades de un país atrasado y deshecho por décadas de guerra apelando a la fuerza de la ideología y de la voluntad como instrumentos motivadores de la modernización.

4. El denguismo (1978-2012) impuso el pragmatismo como corriente principal en un nuevo tiempo inspirado en el desarrollo de la economía y de la sociedad sin por eso abdicar de los fundamentos políticos instituidos en 1949.

Xi Jinping

5. El xiismo (2012-) apunta a culminar la transformación de China en un país moderno y próspero con fundamento en un sistema político basado en la irrenunciable preeminencia del PCCh e igualmente en la afirmación del país como actor singular del orden internacional emergente.

6. En todo este proceso, el PCCh se afianzó como una dinastía de nuevo signo, administradora de una realidad marcada por la conformación de una economía mixta, una sociedad acomodada, un modelo de gobernanza singular, el eclecticismo ideológico, el reencuentro con la cultura tradicional y un sinocentrismo interdependiente.

7. Persuadido por su antiimperialismo fundacional, el PCCh descarta hoy día cualquier vocación mesiánica pero reivindica al mismo tiempo su derecho a recorrer una vía adaptada a su idiosincrasia, incorporando a ella todo cuanto de utilidad considere en el acervo universal pero reclamando su derecho a persistir en todo cuanto estime idóneo del propio imaginario chino.

8. No es posible conocer la China de hoy prescindiendo de la historia del PCCh. Desde fuera, importa conocer y comprender su naturaleza, sus afanes fundacionales y las señales determinantes de la larga transición que representa a fin de vislumbrar no sólo su perfil subjetivo sino el sentido de la determinación y de las intenciones estratégicas de la propia China.

Xulio Ríos (Moaña, 1958) Formado en Derecho por la Universidad de Santiago, es director del Observatorio de la Política China y presidente de honor del Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional (IGADI), que fundó en 1991. Asesor de Casa Asia y coordinador de la Red Iberoamericana de Sinología, colabora con diferentes medios de comunicación y revistas especializadas. Forma parte del consejo científico y del comité de redacción de varias publicaciones sinológicas. Profesor y consultor de diversas instituciones universitarias de España, China y América Latina, es autor de más de una docena de títulos sobre el gigante asiático

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