Estas ideas, que rechazan la evidencia científica y el consenso experto, fomentan la irracionalidad. Esta, a su vez, es la base del fanatismo, un fenómeno que facilita el ascenso al poder de líderes populistas. Bajo consignas como la supremacía racial, estos líderes no solo destruyen la democracia, sino que también pueden cometer los crímenes más atroces contra la humanidad.