¿Es necesaria una ley de bicicletas?

El anuncio de una Ley de Bicicletas dado por la presidenta Bachelet a mediados de julio, cuenta con el respaldo de algunas organizaciones de ciclistas, aunque para otros no es necesaria una nueva legislación

El anuncio de una Ley de Bicicletas dado por la presidenta Bachelet a mediados de julio, cuenta con el respaldo de algunas organizaciones de ciclistas, aunque para otros no es necesaria una nueva legislación.

La iniciativa legal que será enviada en las próximas semanas al Congreso establece como un deber del Estado la promoción en sus políticas, planes y programas, el uso de la bicicleta.

A objeto de esto se crea un título especial en la Ley de Tránsito para los ciclistas. El gobierno reconoce que la bicicleta es un eficaz medio de transporte, que representa una alternativa cotidiana para muchas personas, incorporándose a la jerga jurídica conceptos como ‘ciclista’, ‘red ciclista’, ‘bicicleta’ y ‘guarderías de bicicleta’.

Una medida polémica es sentar una presunción simplemente legal que establecería que en caso de accidente entre una bicicleta y un vehículo motorizado, ocurrido en una ciclovía de uso exclusivo o compartido, se presumirá legalmente como responsable del accidente al conductor del vehículo motorizado.

Durante el 2008, del total de 1.782 personas muertas en accidentes de tránsito, 155 eran ciclistas, según estadísticas de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito -Conaset. En total hubo 4.749 accidentes en donde se vieron involucrados.

Pero otras medidas polémicas son el consagrar como obligaciones para los ciclistas el uso de casco, reflectantes, espejos y bocina. Además, se prohíbe tomarse de otros vehículos que se encuentren en movimiento y conducir en estado de ebriedad o bajo la influencia de drogas.

DIVERGENCIAS ENTRE CICLISTAS

Si bien el anuncio gubernamental fue luego de un proceso de participación de organizaciones de ciclistas -llamado el 2006-, no hay consenso en apoyar el proyecto de ley. Si para alguno es una iniciativa digna de elogio, para muchos más es una iniciativa insuficiente y distorsiona las ideas y espíritu de la convocatoria inicial del Gobierno.

Amarilis Horta, del Centro de Bicicultura, considera que “es una tremenda oportunidad para que logremos hacer un cambio profundo hacia la democratización de las ciudades, ya que éstas han sido ocupadas por los autos. Todo el espacio público está regido en función del transporte motorizado particular”.

Horta valora “esta oportunidad para que en el Congreso vea este tema. Por primera vez se plantea el tema de la movilidad a tracción de las personas como un derecho de las personas”.

En cambio, Eduardo Salazar, de la organización “Arriba ‘e la chancha”, considera que no es necesaria una legislación especial, ya que la actual Ley de Tránsito ya contempla los deberes y derechos de la bicicleta y los ciclistas. “Somos parte de la ley del tránsito, no algo ajeno”.

A juicio de Salazar se debe consagrar el Derecho a la Movilidad de las personas, independiente del medio de transporte usado. “El escenario del transporte en Chile debe ser mejorado ya que en la actualidad, por desidia, falta de visión, desorden y el mercado, entre otras razones, se ha privilegiado un sólo modo de transporte, el automóvil. La ciudad, el entorno urbano, el entorno rural, las vías, las viviendas, los barrios, se han visto modificados y se construyen adaptándose a dicho vehículo” -sostuvo.

Por ello, no hace falta una ley especial sobre el uso de bicicletas para garantizar este derecho a la movilidad, sino que más bien se deben mejorar las actuales leyes de Tránsito, Urbanismo, Vialidad y Obras Públicas.

Los artículos 1 y 3 de la Ley de Tránsito vigente, tienen disposiciones específicas respecto de las bicicletas. Se exige al ciclista respetar la reglamentación de tránsito, el uso de luces rojas, casco, reflectantes en pedales y horquillas, además de tener frenos y bocina.

Salazar considera como medidas efectivas la reducción de la velocidad de circulación de los vehículos en zonas urbanas de 60 a 30 kilómetros por hora, y el respeto de la preferencia del ciclista en cruces que contemplen ciclovías. “Al reducir la velocidad a 30 kilómetros por hora, se aumentan las posibilidades de convivencia no sólo entre ciclistas y automovilistas, sino que también con los peatones” -sentenció Salazar.

por Mauricio Becerra

El Ciudadano

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