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El despertar de Tocopilla. Una crónica desde adentro

De resignada zona de sacrificio para el crecimiento económico, en pocos días Tocopilla se transformó en un levantamiento social urgente. Conseguidos la mayoría de los objetivos de la movilización, la ciudad ha vuelto a la normalidad, pero sus habitantes dicen haber despertado de años de letargo frente al abandono, y ahora van por más.

El día siguiente de mi arribo a Tocopilla para mi nuevo puesto de trabajo, hubo una marcha de adhesión al Paro Nacional del 26 de junio. Fue un buen comienzo, aunque nunca pensé que las demandas locales que tímidamente empezaban a sonar, se transformarían pronto en el grito de guerra de miles que habían decidido poner el cuerpo y sufrir los embates del poder, si la lucha por la dignidad lo ameritaba.

El primer punto del petitorio que un mes después los tocopillanos lograron colar progresivamente entre los medios de comunicación, a punta de bloqueos de camino y el apoyo de sus embajadores Sánchez y Jodorowsky, era básico: Médicos especialistas para el moderno hospital inaugurado en 2011, pero que no tiene estos profesionales, por lo que la gente debe viajar 186 kilómetros hasta Antofagasta, cuando la interconsulta llega luego de meses. Eso, cuando sobreviven, ya que muchos mueren esperando o en el camino.

Con 27 mil habitantes, Tocopilla es un lugar pequeño, donde se vive al ritmo de provincia. Enclavada en no más de cinco kilómetros entre el océano Pacífico y los macizos más secos de la Cordillera de la Costa y a unos 15 a lo largo, es un lugar que guarda una extraña belleza, aún cuando la mano del “progreso” haya hecho estragos medioambientales (y estéticos), condenando a sus lugareños a la vida en un entorno contaminado. Una más de las zonas de sacrificio del capital: lo primero que se ve cuando llegamos desde el sur son las chimeneas de EC-L y Norgener.

Fernando Bustamante, director musical de Los Golpes, escribió “Tocopilla Triste” a fines de los ’70, inspirado en la dureza de sus años de niño y joven, pero con el tiempo esa canción pasó a convertirse en el himno no oficial de los habitantes de un lugar desolado. Ellos prefirieron olvidarla, cerrar los ojos y la boca, convirtiéndose en un pueblo enfermo, cuya cura no se encuentra en los hospitales. Hasta ahora.

UN POLÉMICO

“Aquí la represión de la dictadura fue muy efectiva”, cuenta Juan Vásquez, ex mirista y actual jefe de Gabinete del alcalde Fernando San Román. “Por eso la gente no sale a la calle a marchar. Hoy hay más vergüenza que miedo, pero son distintas caras de la misma moneda”, me explicaba luego de la marcha del 26 de junio, que reunió cerca de mil personas.

Vásquez tiene la cadencia serena del norte y es amable como el viento costero que atraviesa el sol del desierto. Un contrapeso ideal a la figura fuerte y locuaz del alcalde Fernando San Román, un joven de 28 años que logró hacerse del sillón municipal en 2012, luego de dos períodos consecutivos del democratacristiano Luis Moyano, quien asentado en el poder sin cortapisas, hizo y deshizo en la Municipalidad como en un fundo, entregando una institución enturbiada e ineficiente.

San Román es independiente, aunque fue apoyado por el PRO, partido de Marco Enríquez Ominami, con quien mantiene una fluida relación. Es un joven que creció en la política a la par que en su vida personal. Apoyado por su familia desde siempre, fundó El Polémico, que de revista colegial pasó a los kioskos en poco tiempo.

Desde esa tribuna, y junto a un grupo de amigos, intentaron remecer conciencias. Desde esas páginas, denunció a Moyano y a los mismos personajes que hoy, paradojalmente, son sus subalternos en áreas estratégicas de la Municipalidad, a los que no puede despedir por las rígidas normas internas de los municipios. Esas peleas le valieron y le valen hasta litigios judiciales y constantes problemas de gestión.

Junto a otros/as, fue cara visible de un movimiento que se opuso a las termoeléctricas, que denunció la destrucción del mar y la polución del aire, y que intentó generar cambios. Nunca tuvo miedo a marchar con un puñado de personas o encarar a las autoridades. Y así se hizo conocido.

“En un momento decidí que debíamos luchar por los espacios institucionales, porque si no lo hacíamos, otros lo iban a tomar. Yo sé que el motor no está en lo institucional, pero estoy dispuesto a pelear desde dentro. No es un lugar que me fascine, pero creo que hay que hacerlo”, dice.

Luego de dos intentos –en las municipales de 2008 y en las parlamentarias de 2009- fue electo alcalde el 2012 con el 35% de los votos, lo que con 27 años lo convirtió en el alcalde más joven de Chile.

CORTE DE RUTA…

Exactamente 24 horas antes que yo cumpliera un mes en Tocopilla, se concretó la segunda demostración de fuerza del incipiente movimiento social. El 24 de julio, una marcha en la que participaron transportistas, colectiveros, pirquineros, pescadores, estudiantes y dirigentes vecinales, bloqueó el puente de SQM (Soquimich), una de las tantas empresas arrebatadas al Estado por Pinochet, cuyo dueño es su yerno, Julio Ponce Lerou, y que es famosa por dejar pasar las Fuerzas Especiales por sus instalaciones. Cortando ese puente se corta el país, dado que es la única vía que permite el paso desde Iquique y Calama hacia el sur.

La demanda gremial central exigía la cancelación de la licitación de una planta de revisión técnica automatizada, lo que dado la catastrófica situación de las calles de Tocopilla, generaría desempleo. Pero no sólo eso: “Nosotros creemos que si desde Santiago quieren modernizarnos, que empiecen arreglando las calles. Aunque hay tantas otras prioridades”, explicaba Pedro Lazo, dirigente de una línea de colectivos y vocero.

Esa toma duró cerca de tres horas, y finalizó con el compromiso de la gobernadora Giovanna Rossi que el día viernes vendría hasta Tocopilla la Subsecretaria de Transportes para sostener una reunión con los manifestantes.

La reunión se concretó, pero duró menos de diez minutos, porque los manifestantes no encontraron una solución. Ese hecho detonaría una agudización del conflicto.

… Y ASAMBLEA

Julio finalizaba con una bandera negra flameando desde el mástil del Municipio. Por esos días estaba al rojo vivo la polémica por la deuda de los 23 mil millones que el Gobierno mantiene con la Región de Antofagasta, la que enfrentaba a los alcaldes y consejeros regionales con el ex Intendente Pablo Toloza, quien actuaba con una actitud pasiva y sumisa a Santiago.

Vale decir que Toloza y Rossi jugarían un nefasto papel en los momentos más álgidos de las movilizaciones, incitando la fragmentación del movimiento, difundiendo informaciones falsas, acusando que la movilización estaba maquinada por extremistas venidos de otros lados y que San Román era un violentista.

El día 29 se realizó una asamblea en la que convergieron más personas. En esa reunión los gremios aclararon que no se bajarían de las movilizaciones hasta que todo el petitorio estuviese resuelto: además de los médicos y el no a la planta, un subsidio a la luz eléctrica, ya que con dos generadoras en pleno centro, la comuna paga una de las tarifas más altas de Chile; fin a la reconstrucción de colegios y viviendas luego del terremoto de 2007, ya que cientos de familias aún viven en campamentos y hay colegios transitorios en condiciones indignas; y mayores recursos, ya que el escuálido presupuesto de 2.500 millones de pesos anuales del Municipio no permite concretar numerosas obras y programas para mejorar la calidad de vida.

El anuncio de los gremios fue un alivio para todos. Tocopilla se había transformado en un bloque. Se determinó realizar una jornada de cortes en las entradas desde Calama y Antofagasta, y cuyo núcleo sería otra barricada en el puente SQM. Para eso, los transportistas dispusieron de sus máquinas y, toda la gente, de sus cuerpos.

En esa jornada comenzamos a percibir problemas propios de la organización: no había un vocero que ejerciera el mismo liderazgo que San Román y que se mostrara firme frente a las autoridades; y había una cierta desconfianza a la democracia directa y asamblearia, probablemente heredada de las viejas formas de la política y el temor a la división. Sin embargo, el movimiento siguió adelante, apertrechado de rabia y voluntad.

HÉROES ANÓNIMOS

A las seis de la mañana, los bloqueos se hicieron efectivos, con barricadas compuestas de montículos de piedras, y varios camiones usados como artillería. Los neumáticos encendidos calentaron el amanecer costero.

Por el lado sur, unos 80 hombres, principalmente transportistas, bloquearon la ruta a unos seis kilómetros de Tocopilla, y por el lado de Calama lo hicieron unos 50 pirquineros. En el puente, luego de todo el día de bloqueo, llegarían a ser más de mil las personas convertidas en identidades colectivas, compartiendo experiencias, informaciones y la ansiedad, ante la ya confirmada llegada de contingentes de Fuerzas Especiales venidas de Iquique y Antofagasta. Pero nadie estaba dispuesto a moverse, y sí a bailar con la comparsa que tocó para la gente al anochecer.

A las siete de la tarde, la Asamblea había rechazado las vagas respuestas que el Intendente había entregado horas antes en una reunión y la decisión fue exigir la presencia de los ministros relacionados, y con suma urgencia, del de Salud. No se deponía el bloqueo y el ánimo era aguantar.

No sin resistencia, primero cayó la barricada del lado norte, luego la del sur, y a eso de las dos de la mañana del viernes, los guanacos y zorrillos harían su aparición en el sector del puente. Mujeres, hombres y ancianos que nunca antes habían padecido una lacrimógena se vieron envueltos en las nubes de humo, incluido el Alcalde, que minutos después era apresado violentamente y sin motivo junto a su hermana de 21 años. De yapa, los carabineros tiraron una bomba adentro de su casa. Junto a él, 12 personas más serían detenidas y golpeadas.

Sin embargo, una cincuentena de jóvenes rebeldes (y algunos adultos) decidió no abandonar las barricadas y resistió el actuar represivo hasta las seis de la mañana, cuando la luz de día llamaba al cansancio. “Nosotros acá estamos sin voceros, estamos solos, somos el pueblo que pelea porque estamos hasta las güeas de este sistema, así que vamos a darle a los pacos”, decía la arenga de un hombre mayor iluminado por el fuego.

“Esto es lo que provoca el Gobierno… no estamos ni ahí con esta güeá”, decían otros que empezaban a cubrir sus rostros para difuminarse. Intuí en todos ellos la alegría inconforme de la juventud, intuitiva y sin miedo. Dos de ellos resultarían heridos por lacrimógenas arrojadas a su cuerpo, uno casi pierde un ojo y el otro resultó con la pierna destrozada. Aun así fue una fiesta de resistencia y una demostración de compromiso con su territorio, ya que apenas recuperaban el aliento hacían un ceacheí por Tocopilla y volvían al ataque.

PLAYA DE ARENA NEGRA

Los días siguientes fueron vertiginosos. Recuperados del viernes y con San Román convertido en líder indiscutido, el sábado 3 marchamos en una de las concentraciones más grandes que recuerde la ciudad. Convocada por las redes sociales, congregó a cuatro mil personas con banderas negras y pancartas. Ese día se demostró que las y los tocopillanos estaban unidos y convencidos de su fuerza.

El día lunes una asamblea cada vez más concurrida, donde las mujeres fueron el ala más lúcida y radicalizada, dio un ultimátum de cinco días al Ministro de Salud para venir a Tocopilla, lo que acontecería, aun cuando inicialmente había dado fecha para el 20 de agosto. Además se definió un cronograma de movilizaciones, que incluyó cacerolazos diarios y un boicot al simulacro de tsunami que estaba pronosticado para el jueves 8, actividad que resultó una lúdica jornada de desobediencia civil en la playa El Salitre, que de blancas hoy tiene arenas negras por efecto de la Compañía Minera de Tocopilla, que por años vertió sus desechos al mar.

El día decisivo fue el viernes 9, cuando desde Santiago llegaron el ministro Jorge Mañalich, el subsecretario de Desarrollo Regional, Miguel Flores, y un representante de la Subsecretaría de Transporte y de la Secretaría General de la República. A las 11 de la mañana se inició la marcha más grande jamás antes vista en la ciudad, a la que asistieron todos los estudiantes de primero a cuarto medio, vecinos y ciudadanos, y delegaciones de Antofagasta y Calama. Esa marcha terminó con un multitudinario acto en el frontis de la Municipalidad que reunió ocho mil personas.

Los resultados de esas negociaciones resolvieron casi el 90% del petitorio (vea el sitio www.imtocopilla.cl) y, tal como fue exigido, se puso fechas concretas para gran parte de las medidas (1 de octubre). La comunidad entera está convencida de hacer un seguimiento de esos compromisos y de no sacar las banderas negras hasta que se materialicen.

“Yo estoy contento. Llevo años luchando por el tema salud, relacionado con lo medioambiental, y esto me parece un gran avance”, dice Manuel Jopia, uno de los voceros de la Asamblea.

Pero para otras es insuficiente. “Yo no estoy tan contenta, me parece poco lo que logramos. Yo quiero nuestras casas en septiembre. No se tocó el tema medioambiental, que las termoeléctricas se vayan”, dice Ximena Barraza, dirigenta de los campamentos.

Grandes omitidas –y en el mutismo absoluto- han sido estas empresas, que han hecho escasos aportes a la localidad en relación a sus millonarias utilidades. De hecho, Norgener (AES Gener) paga de patente $19.800 pesos. SQM, cuyo tren de carga atraviesa la ciudad, paga $796 mil pesos, mientras que sus utilidades ascienden a US$649,2 millones. La Compañía Minera paga una patente de $395 mil pesos y E-CL, 130 millones.

Su principal aporte es contaminación y enfermedad. El uso de petcoke llevó a declarar la Zona como Saturada de Contaminación, niveles que se mantienen en el filo de la norma. Además, los cenizales hacen que todo se tiña de negro por efecto del viento. Por eso, los datos oficiales ubican a Tocopilla liderando los índices de cáncer y enfermedades cardiovasculares. Y, para peor, deben pagar altísimos precios por la energía que ahí mismo se produce.

Las empresas intentan limpiar su imagen. Una termoeléctrica a la que se solicitó apoyo para el Día del Niño, primero no contestó y luego de las movilizaciones ofreció regalos. SQM, más reaccionaria, quitó el apoyo económico que había comprometido para el evento de estreno de la película de Jodorowsky.

Sin embargo, Tocopilla hoy está unido y es consciente de su potencia. San Román cuenta con un enorme apoyo y es una preocupación para Santiago, y miles de personas manifiestan por diferentes canales que esto no se acaba y hay que seguir hasta cobrar las décadas de daños y postergación.

“Ahora somos fuertes, sacamos al Intendente y ojalá también a la Gobernadora”, dice Mario, un poeta tocopillano al que conocí en las barricadas. Pero sacaron a Toloza, para ubicar a Waldo Mora, un personaje odiado no sólo en Tocopilla, y que ha tenido duros enfrentamientos anteriores con San Román y otros alcaldes, en lo que podría ser una maniobra de desenfoque al conflicto de fondo desde el poder central.

SÍ AL FUTURO

“Yo se que acá no está muy bonito, pero nosotros no tenemos la culpa. Yo creo que la gente perdió el cariño, por eso no le importa ensuciar y no limpia. Antes Tocopilla era la ciudad más limpia de Chile”, me cuenta una mujer famosa por sus empanadas.

En Tocopilla, además, hay problemas de aseo, en los que pareciese manifestarse una subjetividad frustrada. Además, la sobrepoblación de perros vagos amenaza con convertirse en un problema de salud pública.

“Claro, pero hay que empezar por tener un hospital con doctores. A mí se me murió un vecino esperando médico. Yo creo que ahora nos tenemos que preocupar de todas las otras cosas que quedan”, concluye la mujer.

Yo sigo subiendo, hasta el cerro que lleva a un mirador donde se ve todo Tocopilla. Los enormes monstruos que arrojan sus humos letales sobre el cielo nocturno, las casas nortinas, los cerros imponentes y allá abajo la gente, guerrera, y hoy más digna y alegre. Vamos por más.

Por Cristóbal Cornejo

El Ciudadano Nº145, agosto 2013

Fernando San Román, alcalde de Tocopilla: Si nos unimos de Arica a La Serena vamos a doblarle la mano a Santiago

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