Mutualismo chilensis: ¿un gigante dormido?

Este movimiento, en crisis desde 1925, tiene hoy la oportunidad histórica de recuperarse… En esta segunda entrega de la serie dedicada al fenómeno y pensamiento mutualista de Chile, presentamos un artículo escrito hace 16 años para La Hoja de las Organizaciones Económicas Populares, que creemos sigue teniendo bastante vigencia hoy en día

Este movimiento, en crisis desde 1925, tiene hoy la oportunidad histórica de recuperarse… En esta segunda entrega de la serie dedicada al fenómeno y pensamiento mutualista de Chile, presentamos un artículo escrito hace 16 años para La Hoja de las Organizaciones Económicas Populares, que creemos sigue teniendo bastante vigencia hoy en día.

¿Mutuales? ¿Sociedades de Socorros Mutuos? Lo más probable es que un ciudadano cualquiera asocie a las primeras con la institución de seguridad de la Cámara Chilena de Construcción, y, que, con respecto a las segundas, diga algo como: “en la escuela me enseñaron que eran unas agrupaciones de trabajadores del siglo pasado”. Sin embargo, el mutualismo, hoy en Chile, es una realidad diversa que, aunque poco visible, asocia a unas 40 mil personas a lo largo del territorio nacional.

El mutualismo, no obstante tener como común denominador el guiarse por los principios de la ayuda o apoyo mutuo, se presenta en más de una forma.

Así es como existen las sociedades de socorros mutuos, en donde se agrupan personas ligadas por lazos de pertenencia a un barrio o localidad, a un gremio, oficio o actividad. También hay sociedades vinculadas a colonias, como la española, italiana, etc. En todas éstas, el socio coopera con una cuota periódica, y el fondo acumulado es común. En compensación, recibe los beneficios sociales de la entidad.

Se encuentran, además, las llamadas “mutuales del cobre”, ligadas a Codelco, en donde el trabajador cotiza por planilla, goza de los beneficios sociales de la institución, pero, por otra parte, va acumulando un fondo de retiro individual, que le es devuelto por la mutual una vez que deja de laborar en una mina.

Otra variedad está constituida por las mutuales de seguridad, vinculadas con empresas. En éstas, a diferencia de las anteriores, en que la dirigencia es elegida sólo por las personas asociadas, el directorio es nombrado en forma paritaria, es decir, la mitad por los trabajadores y la otra mitad por los empleadores.

Según el Registro Nacional de Entidades Mutualistas, en Chile existen 518 sociedades. Pero, de acuerdo a los datos que maneja la Confederación Mutualista, habrían 223 activas, con un total de 40.000 socios. Hoy en día, una buena parte de las organizaciones mutualistas tiene local y mausoleo propio, centro médico y alguna otra prestación de servicios, además de actividades culturales y recreativas.

LEGISLACIÓN E IMPOTENCIA

Desde la dictación de las leyes sociales de 1925, que le entregó la responsabilidad de la seguridad social al Estado, el mutualismo ha venido solicitando a los parlamentarios el derecho a ser una alternativa de cotización para las personas. Nunca fue escuchado. A partir de 1980, el Estado le traspasó esa responsabilidad al sector privado (AFP, Isapres y Cajas de Compensación), dejando, nuevamente, fuera del tema a la mutualidad. Es evidente que en esta negativa hay un trasfondo político, pero también es cierto que el mutualismo, internamente, no ha tenido la fuerza para exigir el ser considerado como una opción válida de sistema de seguridad social.

Hasta 1980, el mutualismo criollo debía responder, en cuanto a la legalidad, ante la Superintendencia de Seguridad Social, dependiente del Ministerio del Trabajo y Previsión Social. A partir de esa fecha, y por el decreto ley 3.342, pasaron a ser “reguladas” por el Ministerio de Justicia. Desde entonces, su personalidad jurídica quedó estipulada como Corporaciones Mutuales, las cuales se rigen por el decreto ley 110. Este cambio de “supervisión” significó, sin duda, que el Estado dejó de considerarlas como cooperadoras en la función de seguridad social.

Es paradójico observar cómo la mutualidad chilena es tan apegada y celosa de la legislación, siendo que, si analizamos su historia, se puede concluir, sin temor a equivocarse, que desde el comienzo, las leyes sociales y referidas al mutualismo, emanadas del Estado chileno, no han hecho más que entorpecer y hasta obstaculizar el desarrollo de este movimiento social.

Tan apegado a la legislación, que como la ley que rige a la Confederación (ley 15.177, del 22 de marzo de 1963, y Reglamento 215, del 10 de junio de 1965) señala a las federaciones como provinciales, los mutualistas están esperando el cambio de la ley para poder llamarlas regionales…

Otra cosa legal que produce tensiones es el hecho de que, si bien las sociedades mutualistas son entidades de derecho privado, la Confederación es una institución de derecho público, lo que la hace mucho más “intervenible” por parte del Estado. Se trata, pues, de un ejemplo más de un movimiento social “neutralizado” por el Estado. Un movimiento social que pierde su espíritu, energía y vitalidad, pasa a aferrarse a regulaciones externas, como son las leyes.

PROBLEMAS Y DEFICIENCIAS

Para Margarita Uribe, presidenta de la Confederación entre 1991 y 1994, el movimiento tiene varios problemas que es preciso superar. Existen dirigentes de sociedades que llevan muchos años en sus puestos, por lo que se convierten en una especie de “señores feudales”. Por falta de transparencia, han sucedido casos de malversación de fondos. Las bajas cuotas que pagan los socios lleva a las organizaciones a bajar sus beneficios, por lo que pierden su perfil y razón de ser. Hay varias sociedades que se han convertido en clubes sociales, dedicadas al pasatiempo y recreación.

Generalmente, las propuestas de innovación son obstaculizadas por los dirigentes más antiguos. Existe falta de capacitación en gestión organizacional.

Comúnmente, la dirigencia de la mutualidad criolla responsabiliza por su estancamiento a la norma que, en 1980, terminó con la afiliación obligatoria a la Confederación. Esto es una mala excusa, por dos cosas. Uno, porque la libertad de afiliación es un derecho humano fundamental, y, segundo, porque una organización sana, atractiva y vital no necesita obligar a nadie a integrarse a sus filas.

Efectivamente, hoy día (1994) hay entidades que no están afiliadas a la Confederación, como la Mutual Carlos Pezoa Véliz, de artistas, y la Corporación Mutual de Artesanos Lisiados de Chile (Comalich). Ambas están compuestas por gente que, en promedio, no tiene más de 40 años. Por esto, evidentemente hay una diferencia generacional con la dirigencia de la Confederación Mutualista, cuyo promedio de edad es superior. Además, estas sociedades más jóvenes no encuentran mayores atractivos ni beneficios en afiliarse a la Confederación. De hecho, actualmente, el mayor atractivo para asociarse a la confederación es que la entidad deja de pagar contribuciones por su local.

Margarita Uribe, al hacer un balance de su gestión, dijo que, si bien se hicieron valiosos adelantos, “faltó vida, movimiento, ir a los municipios, conectarse con otras organizaciones sociales, comunicación con la sociedad. Yo tenía la iniciativa, pero me encontré con una pared en el directorio. Estuve muy sola. Cada vez que quería innovar me decían: ‘Para qué buscas problemas. Si eso nunca se ha hecho, mejor no intentarlo’. Además, nos faltó tener planteamientos globales como confederación, en términos de políticas de desarrollo y planificación estratégica”, afirmó.

POTENCIA, CAMBIO Y PROYECCIONES

Evidentemente, hay muchas fuerzas interesadas en que este gigante dormido no despierte jamás. El potencial del movimiento mutualista es enorme: la ayuda mutua es un importantísimo factor de la evolución humana; es un movimiento autogestionario, que es dirigido y controlado por sus miembros; es una escuela de formación valórica. Imaginemos que los 40.000 socios activos, pagaran cuotas de $ 5.000 mensuales. El mutualismo contaría con 200 millones de pesos mensuales para colocar en sus fondos.

Estamos en una oportunidad histórica para que el mutualismo renazca, y adquiera la fuerza suficiente para plantearse frente a la sociedad chilena como una alternativa real. Después de casi 15 años de sistema previsional privado (a 1994), hay un gran segmento de la población desprotegido y descontento. Es ahí donde la mutualidad puede nutrirse de nuevos miembros, que la renueven y activen. En localidades, lugares de trabajo, etc., es posible organizar corporaciones mutuales, junto a sindicatos, cooperativas, asociaciones gremiales, organizaciones comunitarias, etc., formando redes de servicio social.

Para constituir una corporación mutual se requiere de 25 firmantes. El estatuto tipo puede ser solicitado en la oficina de partes del Ministerio de Justicia (ahora se encuentra en internet: Estatuto Tipo Corporacion Mutual).

Hay señales de cambio en la mutualidad criolla. Por primera vez en su historia, el cargo de presidente de la Confederación Mutualista de Chile, lo ocupó una mujer, Margarita Uribe, quien se desempeñó notablemente entre 1991 y 1994. Ahora, para el próximo período de cuatro años, el puesto estaría siendo llenado por una persona que no es de la Región Metropolitana, cosa que tampoco nunca antes había ocurrido.

Según Margarita Uribe, sería en las otras regiones del país donde se estaría dando mayor movimiento. “En provincia se lleva bien, porque se le da participación al adulto mayor y a los jóvenes. El norte funciona como equipo. Hacen seminarios consultivos en conjunto y otras actividades de información”.

La experiencia mutualista en otros países puede dar luces acerca de lo que podría llegar a ser la mutualidad criolla. Por ejemplo, son muy interesantes los casos de Colombia, Costa Rica, Argentina y Brasil, en donde las mutuales tienen gran número de asociados, entregan importantes beneficios e incursionan en campos diversos, como la vivienda, la producción, la organización laboral, además de los temas más tradicionales, como la salud, educación y servicios mortuorios.

MARGARITA URIBE

Margarita Uribe, presidenta de la Confederación Mutualista de Chile entre 1991 y 1994, ingresó por primera vez a una sociedad mutualista hace 15 años. Durante su vida ha estudiado en la Universidad Técnica del Estado y en el Museo de Bellas Artes. Profesionalmente se ha desempeñado como profesora en liceos, terapeuta ocupacional y administrativa de un colegio.

Desde 1980 ha ocupado cargos de responsabilidad en las sociedades en que ha participado. También integró la Comisión Internacional de la Confederación, desde donde logró importantes contactos con el movimiento mutualista mundial. Esta trayectoria se vio coronada el 30 de noviembre de 1991, cuando la mayoría de los consejeros nacionales de la Confederación la eligieron para ocupar el puesto de presidenta. Además, fue elegida como segunda vicepresidenta de la Alianza Mutualista de América (AMA).

Durante su ejercicio la Confederación logró varios avances: se confeccionó y distribuyó a todas las sociedades del país un formulario de encuesta (catastro); se ordenó el sistema de correspondencia; se adquirieron un computador, un fax, un equipo de amplificación; refrigerador, centrífuga y televisor para los socios pasajeros; se hizo inversiones para arreglar el edificio de la Confederación, el Hogar Mutualista, y se construyó el Centro Médico; se logró sanear el endeudamiento de la organización; se estrecharon los lazos con el mutualismo latinoamericano, así como con las federaciones y sociedades nacionales.

Contactos: Federación Mutualista de Santiago. Toro Mazotte 0112. Fono: 779 98 27. Confederación Mutualista de Chile. Moneda 2176. Fono/Fax: 699 4430. Casilla 104. Centro de Casilla.

Por Cristian Sotomayor Demuth

(Publicado en La Hoja de las organizaciones económicas populares, Nº 100, noviembre 1994 – enero 1995, páginas 12 – 13).

Artículo relacionado: Mutualidad criolla: Desde 1853 estrechando las manos de los trabajadores chilenos

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El Ciudadano


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