Paro BCI: La sordera de los banqueros

Los trabajadores del call center del Banco de Crédito e Inversiones (BCI) y del sindicato Nº1 siguen en paro tras diez días de movilizaciones y con los oídos bien sordos del presidente de la entidad, Luis Enrique Yarur, y su comitiva.

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Después de que el lunes se sumaran a la huelga los trabajadores del sindicato Nº2, que corresponde mayoritariamente a los agentes ejecutivos, el banco tiene hoy a unos 1.000 trabajadores en la calle y, sin embargo, ha sido incapaz de hacer un llamado para reponer la negociación y el diálogo.

Los trabajadores, quienes cuentan con el apoyo de la Confederación Bancaria y de la CUT, empiezan a sentir el cansancio tras varios días en la calle y sin que nadie escuche sus legítimos reclamos. En varias ocasiones han llamado a la puerta del Ministerio de Trabajo para que entre en la cancha y defienda a los trabajadores. Sin embargo, por ahora, siempre ha habido silencio desde la otra parte. Una postura cómoda que beneficia a la directiva empresarial, que aplicará la estrategia más vieja de la lucha sindical: el desgaste, que llevaría a los empleados a tener que aceptar la última propuesta de la empresa, que recoge unas condiciones peores que las actuales.

A pesar de eso, los trabajadores se muestran dispuestos a agotar sus energías para lograr que el paro no se baje y seguirán las negociaciones en el si de la organización el próximo martes.

La dirigenta de el sindicato, Úrsula Riquelme, explicó a El Ciudadano que el banco cerró la puerta a toda negociación en el cuarto día de los buenos oficios, argumentando que las ganancias de los empleados son suficientes, y sólo tuvo el ridículo gesto de ofrecerles «tres camisas y un snack». «Desde este día y hasta hoy, estamos sin ningún acercamiento con el banco, no han tenido en cuenta ninguna de nuestras peticiones», reiteró Riquelme.

El petitorio de los empleados, que han desafiado por primera vez a la directiva del BCI en los 78 años de historia de la empresa, es el aumento del salario base teniendo en cuenta que desde los call center se generan el 70% de las utilidades del banco y que su sueldo base es el más bajo de la compañía, 260.000 pesos. Piden que para incrementar estos ingresos se les cancelen comisiones por venta: «Nosotros vendemos 224 millones y no tenemos ningún porcentaje para nosotros porque se nos mide con un bono variable», explicó Riquelme.

También piden que el banco pague el seguro de salud al 100% -hoy día es con un copago del 50%-, y que se haga cargo del 100% de la sala cuna -para la que hoy sólo da un bono de 190.000 pesos-, así como el pago del bono de fin de conflicto.

Prácticas antisindicales

Las condiciones de trabajo de las personas que atienden las llamadas al BCI son casi esclavizantes. La dirigenta señala que dentro del bono variable que se les cancela junto con el sueldo base, aparece la denominada métrica de adherencia, que hace que «si me levanto muchas veces para ir al baño, eso me perjudique y a final de mes puedo perder este bono variable».

Además de tener a sus empleados desempeñándose en este tipo de condiciones, el banco tiene dos demandas por prácticas antisindicales probadas.

«Antes de empezar con la negociación, el banco hizo charlas a los trabajadores amenazándoles de que si se sindicalizaban y se unían a la negociación colectiva iban a perder todos los beneficios que tenemos como trabajadores en nuestro contrato individual», indicó Riquelme. «Luego mandaron un correo electrónico a toda la corporación indicando que pensáramos bien la situación en la que estábamos involucrándonos porque podía perjudicar nuestra fuente laboral», agregó.

Para la líder del sindicato Nº1, la directiva del BCI «no quiere que se marque el precedente de que los trabajadores organizados pueden lograr mejoras salariales y por eso -señala- la práctica antisindical desde la gerencia hasta el supervisor es muy fuerte y diabólica».

Como anécdota recuerda: «Hace dos o tres años no podías pronunciar la palabra sindicato en nuestro banco porque te desvinculaban directamente». «Hemos tenido que erradicar el miedo de los trabajadores», subraya.

Parece que, más allá de la sordera tanto de los empresarios como de los agentes que podrían intervenir para mediar en el conflicto, quien ha mostrado apoyo a los huelguistas ha sido la ciudadanía a través del hashtag #10MilFelicesEnBCI,  una herramienta creada por la propia gerencia para difamar y condenar a los trabajadores. Sin embargo, para sorpresa de los altos cargos, la etiqueta se convirtió en el canal para respaldar la movilización y logró ser TrendingTopic durante este martes. Autogolazo en mayúsculas que contribuyó a visibilizar de forma masiva la reivindicación.

Meritxell Freixas

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