80 por ciento de participación: Las claves del triunfo de Hugo Chávez y de la democracia venezolana

 Una jornada electoral que ya quisieran muchas democracias reeligió a Hugo Chávez como presidente de Venezuela hasta el 2019

 Una jornada electoral que ya quisieran muchas democracias reeligió a Hugo Chávez como presidente de Venezuela hasta el 2019. Un 80% de participación dejó por el suelo la representación autoritaria del proceso bolivariano que han dado los medios masivos y el contundente triunfo de un 55,25% dan cuenta de la consolidación del proyecto bolivariano. Pero el proceso que no está libre de severos problemas de inseguridad ciudadana, aletargada burocracia y falta de relevos futuros debido a la avasalladora personalidad del mandatario.

Las horas previas al 7 de octubre había gran consenso en los medios masivos. Desde La Tercera a El Mercurio, desde la BBC a El País de España o desde TVN a CNN, anunciaban un empate técnico entre el presidente Hugo Chávez y su principal contendor, Henrique Capriles. El teatro armado oponía a un presidente populista,  bravucón y enfermo a un joven blanco, de ‘buena cepa’ y conciliador. El escritor Mario Vargas Llosa escribía en El País que “la derrota de Chávez no sólo devolverá a Venezuela la libertad y la convivencia pacífica entre sus ciudadanos que se eclipsaron con la subida al poder del comandante ex golpista. También, librará a América Latina de la mayor amenaza que experimenta el proceso de democratización política y modernización de sus economías”.

Pero poco antes de la medianoche de ese domingo el resultado era inapelable: 55,25% frente a un 43,13%. Una victoria de Chávez con un margen de 11 puntos de diferencia, es decir más de un millón 600 mil votos. Además, el 80% de participación en las elecciones echó por tierra las críticas a la ausencia de democracia. Después de ese día cualquier comentarista que se tenga respeto no puede referirse al mandatario venezolano como autoritario. El triunfo de Chávez además de democrático fue por paliza.

Apoyados en los tintes mesiánicos de Chávez, su origen militar y la tendencia a la uniformidad del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), los medios han sabido explotar el rechazo al militarismo en el continente para producir una imagen del mandatario venezolano como autoritario y que viola la libertad de expresión. De Venezuela el guión apunta a mostrar una economía desastrosa. Así, el fin de la concesión como canal público de RCTV, medio que instigó un golpe de Estado, es  presentado como el “cierre de un canal” o el uso del petróleo para una política de integración regional como un “despilfarro de recursos de los venezolanos”.

No se dice que en Venezuela, de los 111 canales de televisión existentes, sólo 13 son públicos, los que tienen una audiencia de un magro 5.4 por ciento. En el panorama de la prensa escrita, circulan libremente más de 30 diarios y publicaciones opositoras a Chávez, como los diarios El Universal, Últimas Noticias o El Nacional. Gustavo Cisneros, dueño del imperio Venevisión , sigue siendo el zar de las comunicaciones.

Tampoco que hoy Venezuela exhibe un 5,6 de crecimiento del PIB; un desempleo que bajó de una tasa del 15% en 1998 a un 7% en la actualidad; la erradicación del hambre y el analfabetismo a través de las llamadas misiones; ser el quinto país del mundo en tasa de matricula universitaria; la que a diferencia de Chile, es gratuita, al igual que todo tipo de atención en salud.

¿POR QUÉ CHÁVEZ MOLESTA?

Para la gobernabilidad establecida tras el Consenso de Washington, la inesperada victoria en 1998 de un oficial del Ejército venezolano como presidente, significó un duro revés en su política de despliegue del neoliberalismo en el continente.

Chávez enterró el llamado Pacto de Punto Fijo que alternó en el medio siglo anterior a  los partidos Acción Democrática (AD) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), una especie de consenso político muy parecido al eje Concertación-Alianza en Chile. Hasta ese entonces Venezuela era la cabeza de playa del proyecto norteamericano para el Caribe, América Central y del Sur.

El programa de Chávez apuntó a desmantelar la descompuesta institucionalidad auspiciada por los barriles de la empresa Petróleo de Venezuela S.A. (PDVSA). Lo primero que hizo fue convocar a un referendo para elegir una Asamblea Constituyente que elaborara una nueva Constitución. Un 87,7% (3.630.666 de votos) en abril de 1999  dieron el vamos al proceso de reformas.

La elección de una Asamblea Nacional Constituyente que redactaría la Carta Magna dio 66% de los votos a los partidarios de los cambios. En diciembre del mismo año la nueva Constitución fue aprobada en referendo popular con el 71,8% de los votos.

A partir de ese entonces los venezolanos han sido convocados 15 veces a las urnas para elegir representantes, autoridades o hacer cambios a la constitución. A la par que aumentaba la participación electoral disminuía el respaldo a los viejos partidos AD y COPEI, los que no superan el 30% de respaldo popular.

Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, en una columna publicada en el diario español Público, comenta que “la politización del pueblo —desde ese comienzo en que una sociedad con un enorme grado de analfabetismo fue capaz de discutir, enmendar y aprobar una nueva Constitución— se tradujo en la capacidad de exigir derechos”.

Respecto a la última elección, el analista norteamericano, James Petras, destaca que “a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, los electores venezolanos tienen en sus manos la posibilidad de realizar una auténtica elección y no solo de tomar una decisión cosmética: los dos candidatos representaban clases sociales bien diferenciadas, poseen visiones sociopolíticas divergentes y cuentan con distintos aliados internacionales”.

Un fallido golpe de Estado en abril de 2002, que hizo juramentar como presidente al presidente de la organización empresarial Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, y el fallido paro petrolero de febrero de 2003, terminó catalizando el proceso venezolano hacia el socialismo e hizo del país caribeño en un momento de total triunfalismo de los regímenes neoliberales, el principal polo mundial de los movimientos altermundialistas.

EL SIGNIFICADO PARA LATINOAMÉRICA Y EUROPA

En un momento de asalto de las recetas neoliberales para acabar con los pocos Estados de bienestar europeos a través de la promoción de las ‘políticas de austeridad’, Chávez representa un gran enemigo para el consenso pro mercado y en la devoción por los  indicadores macroeconómicos instalados por el FMI y el Banco Mundial, de los viejos socialistas con los neoconservadores. Eso para arriba. Por abajo, el mandatario venezolano aporta con gruesos cimientos para el equilibrio geopolítico de los gobiernos de América Latina que se han distanciado del Consenso de Washington y que apuestan  por la integración regional.

Frente a Chávez se develan las máscaras. Los ex presidentes Ricardo Lagos y Eduardo Frei viajaron a Caracas a apoyar a Capriles y el ex ministro de Hacienda de Bachelet, Andrés Velasco, dijo el día de la elección que ojalá que los venezolanos recuperen la democracia como nosotros recuperamos la nuestra en el plebiscito del año 1988”.

Las políticas de cooperación con otros países latinoamericanos y el importante aporte de Chávez a las iniciativas del Banco del Sur, Unasur, Celac o la integración en las políticas de defensa continental, dan cuenta de un continente que no quiere ser tutelado por Estados Unidos.

La atención en el proceso bolivariano, también viene de otros continentes. Para el politólogo de la Universidad de Grenoble, Franck Gaudichaud, “la revolución bolivariana está sirviendo para el debate de los movimientos sociales y de los grupos de izquierda de Europa que buscan un cambio por la crisis mundial. La crisis en Europa no ha permitido todavía que nuestros pueblos encuentren caminos alternos al neoliberalismo. Las izquierdas del mundo buscan respuestas y lo que está sucediendo en Venezuela es parte de la respuesta que están buscando en estos momentos”.

Monedero destaca que “mientras que en Europa la democracia se está vaciando, en Venezuela gana puntos elección tras elección. El sentido común electoral europeo ya no permite escoger entre modelos diferentes. Si llega el caso de ponerse en riesgo el modelo existente, aparece un técnico (Monti en Italia o Papademos en Grecia) o se amenaza al candidato alternativo y a sus votantes con las siete plagas, que fue lo que pasó con Syriza en Grecia”.

PERSONALISMO, BUROCRACIA E INSEGURIDAD

Los 6 millones y medio de votos de Capriles, quien al igual que la derecha chilena, basó su campaña en la inseguridad social, dan cuenta que es un tema sensible para la población. Si a principios de los ’90 la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes estaba en 6 en el país, en una década pasó a 37 y en 2009 estaba en 44. En 2011, 19.336 personas fueron asesinadas y hoy tenemos una tasa de 60 víctimas por cada 100 mil habitantes.

Para paliar esto, Chávez nombró a Néstor Reverol Torres como ministro de Interior y Justicia, quien antes se desempeñó como general de Brigada de la Guardia Nacional y estuvo a cargo de la represión del tráfico de drogas. En su puesto, Reverol tendrá que lidiar con los viejos agentes de la Policía Metropolitana de Caracas y sus habituales  prácticas de corrupción. Reconocidos antichavistas, Policaracas, como se les conoce, apoyaron el golpe de abril de 2002.

Otro problema es la arraigada corrupción en la sociedad venezolana que salpica también a varios funcionarios y administradores locales. El clientelismo y los favores políticos son prácticas que se arrastran desde el siglo XX, lo que afecta sobre todo a los más pobres. La ineficiencia de la burocracia administrativa es otro escollo para una gestión del llamado socialismo del siglo XXI. El racionamiento eléctrico y de agua potable de 2009 dio cuenta que pese a que Venezuela es rica en recursos fósiles e hídricos, el chavismo aún no es capaz de preveer amenazas.

Petras cree que “el talón de Aquiles del gobierno se encuentra precisamente en el ámbito local y estatal. Los funcionarios incompetentes y corruptos deberían ser sustituidos por dirigentes locales eficientes y controlados por la comunidad, capaces de poner en marcha los programas inmensamente populares de Chávez”.

El personalismo es otro gran problema a salvar por el proceso bolivariano. La avasalladora personalidad de Chávez no ha permitido el surgimiento de otros liderazgos que cuenten con el respaldo que tiene entre los venezolanos, lo que es un problema muy propio de las izquierdas del continente.

La próxima batalla es la elección de gobernadores y de miembros de la Asamblea Nacional en diciembre. La oposición ya consolidó un respaldo sobre el  40% y el plan es apostar por copar las instituciones para paralizar el viraje al socialismo prometido en la campaña de Chávez. Nuevamente los ojos de los movimientos altermundialistas y la lengua de los grandes grupos mediáticos se concentrarán en el caluroso caribe. Quizás algunos afinen la mirada y otras se vuelvan a quemar.

Mauricio Becerra R.

@kalidoscop

El Ciudadano

* Publicada en la edición Nº 134. Octubre, 2012.

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