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Clotario Blest: Compromiso, conciencia y lucha

Mis primeras aproximaciones a Clotario Blest fueron cuando ya era periodista y me desempeñaba como redactor político de la revista Apsi

Clotario Blest: Compromiso, conciencia y lucha

Autor: Wari
12/06/2010

Mis primeras aproximaciones a Clotario Blest fueron cuando ya era periodista y me desempeñaba como redactor político de la revista Apsi. Debe haber sido el año 1986 ó 1987. Una aproximación inicial por la voz que Blest, en alguna ocasión, dejó oír, manifestando su repudio por lo que entonces se vivía.

Fue el periodista Marcelo Mendoza, buen amigo, el que siguió la pista de don Clota. Entre medio, las visitas a Apsi de Oscar Ortiz, discípulo del sindicalista, que lo acompañó en sus últimos años de vida, cuando el dirigente legendario estaba abandonado, paradójicamente, por los sindicalistas que clamaban por la unidad de los trabajadores, pero renegaban del único que había puesto por encima de las ideologías la unidad de ellos mismos.

Había, además, una referencia familiar. Mi padre había recordado, en más de una ocasión en la mesa familiar, una gran huelga en la zona minera de Lota –donde está la primera radio que creó mi padre: radio “El Carbón”- en la que Clotario Blest había llegado a brindar solidaridad, y que había demostrado el ascendiente total que tenia sobre los mineros que, de paso, lo adoraban. Debe haber sido a fines de los años ´50 o a comienzos de la década de 1960.

Con el tiempo, la figura se hizo más nítida y, a la vez, más pura. Clotario Blest fue, a modo personal, uno de los grandes hombres de Chile en el siglo XX y, a mi juicio y sin lugar a dudas, el más consecuente.

Por ahí se ha señalado que uno de los dramas de nuestro país es que carece de la construcción de un o unos relatos que ayuden a configurar su identidad, también podría decirse lo mismo en relación a la facilidad con que sus personajes pasan al olvido, por ello rescatarlos es algo necesario. Y de los rescatables, Clotario Blest es uno de los que no debe escapar a ese ejercicio, pues Blest encarnó algunas cualidades que es bueno destacar y, también, confrontar con lo que hoy vivimos.

En primer lugar, fue un hombre de compromiso. No transó en lo que se había jurado a sí mismo. Su compromiso fue más allá de su persona, porque entendía su misión como un servicio. Fue, en ese sentido, genuinamente cristiano. El estaba al servicio de los demás, particularmente de los humildes. Y, a pesar de su cristianismo, nunca pretendió manipular el poder o influencia que tuvo. Actuaba por los demás indistintamente de sus motivaciones religiosas o ideológicas. Por eso es tan despreciable que se le haya apartado de la dirección de la CUT por mezquinos intereses ideológicos del Partido Comunista, y que este haya generado una encerrona para humillarlo, simplemente porque quería hegemonizar una central obrera que, así, entraba más en la lucha de las fracciones ideológicas, dejando en segundo plano la lucha por la defensa de los derechos de los trabajadores.

Clotario Blest nunca perdió el norte: su compromiso era con los desposeídos, por los pobres. Hoy, cuando el crecimiento económico está acompañado por la persistencia de una desigualdad escandalosa, ese compromiso se mantiene como algo ineludible, pero lamentablemente no practicable.

En segundo orden fue, indudablemente un hombre consecuente. Nunca se echó para atrás, nunca temió a las consecuencias de su acción aunque estas le costaran la encarcelación. Fue fiel a si mismo y no se transformó por el ejercicio del poder o la cercanía con este.

Pudo, con el rol que jugó, haberse tentado con hacer carrera política o por arrimarse a un gobierno. Seguramente ofertas no le faltaron, pero nunca se dejó tentar. Seguramente su cristianismo lo llevó a vivir su tarea sindical como una misión y su ideal de la unidad de los trabajadores como una fe.

Hoy, cuando todo aparece como transable –porque, nos dicen, todo tiene su precio; y ante tanta oferta los precios, además, bajan- el ejemplo de Blest debiera decirnos algo. Por ejemplo, estoy seguro que Clotario no se habría obnubilado por la oferta de mercado que China representa hoy día para una economía como la chilena, no se habría callado ante las violaciones a los Derechos Humanos que se perpetran en ese país. No habría puesto, como hoy se ponen, las expectativas de negocios por encima de la defensa de la dignidad de las personas; hoy hasta esas dignidades básicas son dejadas de lado ante la posibilidad de una buena perspectiva exportadora. Y eso resulta francamente obsceno en un régimen democrático que tuvo como elemento esencial de su nacimiento la defensa de los Derechos Humanos bajo una dictadura.

En tercer lugar Blest tuvo, asimismo, conciencia de la urgencia. No fue sólo una voz molesta que clamaba por los derechos de los trabajadores. Consciente de que había cosas que no podrían esperar, fue también un hombre de acción. Si fue un admirador de la no violencia –y de Gandhi-, no eludió la movilización: las marchas, los paros, las huelgas. El mejor ejemplo de que era un hombre atento de ver lo urgente y actuar en consecuencia, es que fue el primero en denunciar y pesquisar las violaciones a las Derechos Humanos apenas instalada la dictadura de Augusto Pinochet.

Los familiares de las víctimas tuvieron un primer cobijo en su casa –allí se celebraron las primeras reuniones- y fue él quien empezó a elaborar las listas de los detenidos desaparecidos. Sabía que había cosas que no podían esperar y que, ante ellas, paralizarse era ser inconsecuente.

Probablemente en nuestros días, Blest estaría descolocado. Las tácticas, las mediaciones, las negociaciones, el abuso del concepto “consenso” lo habrían irritado. No porque no percibiera el valor de esos mecanismos, sino porque de ellos se abusa, usándolos para postergar, conscientemente, demandas urgentes de los ciudadanos. La urgencia en el ámbito de lo publico sólo o puede percibirse cuando se ve al otro como un igual; cuando, por ejemplo, se pregunta sinceramente si fuese capaz de vivir con el salario mínimo. En cuarto lugar, Blest asumió que su compromiso significaba desprendimiento, cuando hoy se llenan la boca con su vocación de servicio público, sería bueno ponerles enfrente la figura de Clotario Blest, que entendía ese servicio también como un desprendimiento, porque servir a los humildes siempre tendrá esa característica. Blest supo desde el primer minuto que su opción implicaba precariedad económica y peligro de represión, siempre puso por delante los intereses de los otros. El mejor ejemplo de eso fue su desapego a lo material –la estricta pobreza en la que vivía-, a pesar de que luchaba por el mínimo sustento al cual tiene derecho cualquier ser humano.

Habría que reconocer que si Clotario Blest fue un hombre firme, que no eludió enfrentarse a los poderes, también fue, ante todo, bondadoso. Nunca usó el poder que tuvo para liquidar a supuestos enemigos. Al contrario, dejó que se le liquidara sin provocar un enfrentamiento en el mundo sindical.

Soñó con un mundo plural y tolerante: así, al menos, entendía al movimiento sindical.

Para terminar, es inevitable recordar que Clotario Blest murió abandonado por el mundo sindical. Esos dirigentes que estaban bajo el alero de sus partidos políticos, esperando la oportunidad para convertirse en parlamentarios –y varios lo consiguieron-, habían abandonado a Blest. Tal vez porque su imagen los denotaba en lo miserables que eran. Ellos estaban en la lucha por el “poder personal”, mientras Clotario siempre entendió el sindicalismo como la tarea de conquistar poder para los desposeídos. Por eso, cuando una vez muerto, algunos políticos y sindicalistas se acercaron a su tumba para revestirse con una pizca de su dignidad –pensando, equivocadamente, que saliendo en la foto junto al féretro eso les iban a dar esa pizca que no tenían-. ¡Yo, al menos, sentí desprecio! No se puede alabar, a la hora de su muerte, a quien se ha abandonado.

Por Nibaldo F. Mosciatti

Director de prensa Radio Bío Bío

Ponencia dictada el 17 de noviembre de 2004. Extraída del libro Clotario Blest: visiones actuales de un libre-pensador.

Fuente: Ediciones Espíritu Libertario


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