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Debate ARCHI: Se ordena el naipe entre neoliberales y los que quieren un nuevo Chile

Organizado por la ARCHI correspondió, en verdad, a las características de un debate, desmintiendo a los pesimistas y agoreros que afirmaban que, dado el número de candidatos, era imposible establecer un diálogo y diferencias entre los candidatos. Es cierto que aún falta mucho para constituirse en verdaderas plataformas de discusión que puedan orientar a la opinión pública.

En mi opinión, Franco Parisi fue un neto perdedor, pues el hombre está completamente noqueado: en cada intervención mostró signos de incapacidad de aclarar sus responsabilidades en los diversos delitos por los cuales ha sido acusado, así como la oscuridad en todas sus repuestas; además, se hizo patente que no tiene ningún programa, y es sólo un nuevo Fra-Fra populista de derecha.

Michelle Bachelet dejó su silencio para no decir nada nuevo: se captó claramente la contradicción entre sus propuestas y lo obrado en su gobierno. Fue mordida por varios candidatos, pero en las réplicas se hizo galleta – es como si le agradara ningunear a sus rivales -; en en caso de Jocelyn-Holt, le lanzó un buen dardo al recordar que Bachelet aplicó a destajo la ley antiterrorista contra los mapuches, y se muestra como una mártir, protectora de las libertades ciudadanas, incluso para los mapuches. Marco Enríquez-Ominami le lanzó una buena pulla al distinguir entre el público presente en el debate al pesado de Osvaldo Andrade, recordándole la “caterva de bacalaos” que rodean su candidatura. Nadie evocó el hecho de que Bachelet, durante su gobierno, implementó la termoeléctrica a destajo. Sobre el TranSantiago, para variar, “pasó” – está claro que se ubica, en este campo de transportes, a la derecha de Frei Ruiz-Tagle que, al menos, esbozó la idea de nacionalizarlos -. En síntesis, en esta rotativa se repitió la película “su pasado la condena”.

Evelyn Matthei, que se ha convertido en la Gladys Marín del fascismo pardo, volvió a demostrar su desplante al cambiar su piel de oveja, de inicios de la campaña, por la de “gata montesa” – todos sabemos que representa a los “gatos de campo”, los ricachones – y se aburrió de arañar al “empresario de la educación”, Franco Parisi, y se lanzó contra Michelle Bachelet – según ella, su única rival -; pero nunca dio en el clavo con un gran golpe que tirara a la lona a su rival. Su propuesta tributaria es verdaderamente ridícula: quiere eliminar la elusión y evasión, ignorando que la principal elusión es el FUT que, de eliminarse, entregaría al fisco casi cinco puntos del PIB, que daría para una reforma de salud y educacional de primera calidad.

Roxana Miranda está cada vez más lúcida: es una especie de tribuna del pueblo – al estilo Graco – que dice las verdades sin pelos en la lengua y manifiesta que durante su gobierno encerrará a toda la casta política, los empresarios, los banqueros y a cuanto pillo more en este país, que han oprimido al 80% de los chilenos. Dice representar a los desdentados y a los que les duelen las muelas y les recetan “la gotita pega”. En su programa de gobierno plantea la Asamblea Constituyente Popular, inspirada por el historiador Gabriel Salazar – .Un poco de odio de clase, al estilo Eva Perón, me parece bueno.

El profesor Ricardo Israel centra su programa en el regionalismo. Yo no entiendo cómo algunos candidatos se quedan sólo en la regionalización y en la elección de intendentes; personalmente, soy partidario de instaurar un Chile federal, siguiendo la línea de José Miguel Infante y Pedro León Gallo – algunos olvidan que en Chile hubo dos guerras civiles de las provincias contra Santiago -.

Jocelyn-Holt estuvo bien en la crítica a la ausencia casi total de la ética de responsabilidad en nuestro país: dio buenos ejemplos de la falta de probidad y de la impunidad en las actuaciones de muchos de los representantes que ocupan altos cargos.

Alfredo Sfeir centra su programa en la ecología y en el Chile sustentable, y realiza una aguda crítica al neoliberalismo, causante de la destrucción del medio ambiente, como también de un Chile brutal y desigual. Sus intervenciones son bastante atinadas, pero que no concitan apoyo popular – si somos analfabetos en educación y en política, lo somos en mayor medida en el desarrollo sustentable -; no ataca a nadie y es el único que cree como el cantante Roberto Carlos, en “Un millón de amigos”.

Marcel Claude estuvo en un buen momento: mantuvo la cordura, no atacó a los periodistas – que es una tontería – y sus intervenciones fueron claras y precisas. Me gustó mucho la idea de plebiscito sobre el mar para Bolivia, la de la ciudadanía latinoamericana – en este plano coincide con el programa de Marco Enrique Enríquez-Ominami, contenido en el famoso Decálogo del año 2009 en su primera postulación a la presidencia de la república. Ambos candidatos tienen posiciones similares en varios aspectos, como la convocatoria a la Asamblea Constituyente, a un sistema de pensiones mixtas, entre otros.

Marco Enríquez-Ominami se ha convertido en un verdadero estadista: de lejos, tiene el mejor programa político, más completo y mejor de todos los candidatos a la presidencia y para comprobarlo, basta visitar marco2014, donde se podrá leer en su integridad -. Es triste constatar que no se puede comparar con el de Bachelet, pues hasta ahora no existe, ni con el de Matthei, que está impregnado de neoliberalismo -. Además, ha publicado varios libros y tiene a su haber, una Fundación, PROGRESA, y un partido político, el PRO, que ha logrado, en su corta existencia, la elección de varios alcaldes. Durante el foro de ARCHI, todas sus intervenciones se caracterización por la seguridad en sus planteamientos y el uso de la pedagogía política, centrándose en temas educacionales como la gratuidad universal para todos los niveles, la no segregación, la educación de calidad y el fin de la concepción neoliberal del “vaucher”, sobre todo el copago, invención del otrora ministro de Educación Jorge Arrate. En el tema tributario, sin ningún ambages, propuso una reforma radical que hiciera posible el financiamiento para una profunda revolución en salud y educación.

En síntesis, los candidatos podrían ser divididos entre aquellos que pretenden mantener el statu quo – Matthei, Parisi, Bachelet e Israel – y aquellos candidatos, partidarios de la construcción de un nuevo Chile –Enríquez- Ominami, Claude, Sfeir y Miranda –. Jocelyn-Holt es difícil de clasificar, pero esta vez fue un buen clavo para la ambigua Bachelet.

Por Rafael Luis Gumucio Rivas

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