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El voto electrónico: Caminando hacia una sociedad más colaborativa y participativa

Mucho se ha hablado en Chile de la posibilidad de desarrollar sistemas electrónicos de sufragio y escrutinio de los votos en todos los procesos electorales. Aunque hay cierta reticencia a adquirir estos mecanismos, es cada vez más evidente la necesidad de implementarlos.

Los claros ejemplos de modernización electoral han mostrado en general un éxito en países como EEUU, Venezuela, Brasil, más algunos ejemplos europeos como Alemania y Bélgica.

Las tecnologías para el voto electrónico pueden incluir tarjetas perforadas, sistemas de votación mediante escáneres ópticos y lugares de votación especializados. También puede incluirse aquí la transmisión de boletas y votos por vía telefónica, redes de computación privadas o por Internet.

Las tecnologías del voto electrónico pueden acelerar el conteo de los votos y pueden proveer una mejor accesibilidad para los votantes con algún tipo de discapacidad. Sin embargo existen controversias, especialmente en los Estados Unidos, y en Francia, acerca de que el voto electrónico, en muchas de sus formas, puede facilitar el fraude electoral o la violación de secreto de sufragio.

Dada la falta de madurez de las Ciencias de la Tecnología y Ciencias de la Computación, sumada a la poca educación tecnológica que hay en Chile, que nada tiene que ver con los recursos tecnológicos disponibles que hay de sobra, hay cierto rechazo y falta de confianza general a usar o implementar sistemas electrónicos de votación. Más aún tomando en cuenta que Chile tiene uno de los sistemas electorales más transparentes y confiables del mundo: en total contraste con un sistema electrónico cuya seguridad es ciertamente difícil de garantizar dada la susceptibilidad a ataques de hackers o a fallas humanas de programación, casuales o no. Éstas fallas son superables si se cuenta con softwares de código abierto y fácilmente verificables, además de una buena educación de la población votante al respecto.

Si queremos caminar hacia una sociedad más moderna y participativa, debemos estar atentos ante los recursos de que disponemos para modernizar decisiones tan trascendentales como el sufragio.

Una vez que se haya masificado el uso de tecnologías para tomar decisiones colectivas, éstas pueden ir extendiendo su alcance. Por ejemplo: tomar decisiones entre los vecinos de una misma cuadra para cambiar su sistema de acequias,  tomar decisiones a nivel de barrio para postular a proyectos municipales, etc. Una proyección a largo plazo puede ser la elección de autoridades provinciales o regionales, e incluso la elección de autoridades judiciales; siempre se ha justificado que con el mecanismo actual, el costo sería muy alto. Una proyección más ambiciosa incluye participación social en procesos legislativos y constituyentes.

Tomas Rozas Cisternas

Red de Estudiantes por una Asamblea Constituyente

El Ciudadano

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