“La ocupación israelí de Cisjordania es un atentado contra la esencia del sionismo”

Hoy por hoy, ser socialista y sionista al mismo tiempo, no es fácil; enjuiciados tanto por el resto del nacionalismo judeo-israelí como por las izquierdas más tradicionales, intentan surfear entre aparentes contradicciones insalvables. Para comprender mejor cómo logran equilibrarse en su delicada posición, El Ciudadano entrevistó a Darío Teitelbaum, encargado para Latinoamérica del Movimiento Hashomer Hatzair. Para ello contamos con el apoyo de Claudio Mandler, director del Centro Progresista Judío Meretz Chile.

Por Wari

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El Movimiento Juvenil Hashomer Hatzair («el joven guardián») nació en Polonia en 1913, abrazando el sionismo socialista, que buscaba crear el Estado del pueblo judío, disperso en el mundo, en la tierra de Israel, y fundar kibbutzim, granjas comunitarias donde el socialismo fue llevado a su mayor expresión práctica. Estas comunidades han tenido una enorme importancia en la historia de este país, tanto a nivel social, político y económico.

Actualmente, dicho movimiento existe en más de 20 países, siendo Israel su centro neurálgico. En Chile se estableció hace más de 70 años, y desde 1968 su sede se encuentra en la calle Los Capitanes 1370, comuna de Providencia.

El pasado 26 de abril conversamos en ese lugar con Darío Teitelbaum, argentino, director de Hashomer Hatzair para América Latina -quien reside desde 1977 en Israel y vive en el kibutz Gvulot (en el desierto del Neguev)-, y con Claudio Mandler, dirigente del Centro Progresista Judío Meretz Chile.

EL CENTENARIO

-En 2013 Hashomer Hatzair cumplió 100 años… ¿Qué rol cumple hoy en día este movimiento en Israel y en Latinoamérica?

[Darío]: -Primero que nada estamos hablando de 100 años, es decir, de las dos grandes guerras mundiales, de la guerra fría, de la caída del bloque soviético, de la fundación del Estado de Israel; trato de tomar los hitos centrales, quizás me olvidé de alguno.

Y podemos encontrar que la acción de Hashomer Hatzair (HH) hoy en día, su columna vertebral valórica, que desciende desde su fundación, es la idea del judío soberano, en lugar del judío «halájico» (La Halaja es la Ley Judía según la Torá), es decir, de quien se mantiene según las reglas de la religión. Hablo del judío soberano respecto al derecho de autodeterminación nacional, no solamente como una religión o como una clase de etnia conjunta, sino también como un ente nacional, como quien tiene derechos.

Y, tercer punto importante, a nivel de la visión del mundo, una económicamente solidaria, basada en el derecho a la igualdad económica entre los seres humanos, y no solamente como una declaración general.

Y todo esto acompañado por un pilar, una idea muy fuerte de un judaísmo cultural, es decir, somos los herederos de una cultura milenaria, y de una nueva civilización que parte desde la salida de Egipto a manos de Moisés, y como herederos tenemos dos opciones: tomar la herencia y enterrarla en la tierra, para cuidarla, para que nadie la descubra, o ponerla ex profeso y desarrollarla, y nuestra elección es no enterrarla, no santificar la tradición histórica, sí contarla, sí desarrollarla, sí darle nuevas significaciones en esta época.

Y es exactamente lo que HH hace en estos días, lo hace en 23 países, en 39 centros de acción, que van desde la Ucrania que está hoy en día en una crisis profunda, hasta Chile, si yo quisiera medirlo de Oriente a Occidente, y si fuera de norte a sur, desde Canadá hasta Australia.

-Hace poco fue el aniversario de la rebelión del guetto de Varsovia (19 de abril de 1943) ¿Hay una relación entre HH y ese acontecimiento, y por qué es importante para ustedes la palabra rebelión?

-La palabra rebelión es importante en el movimiento desde su propia fundación, y en cada generación vamos a ver que HH lidera una causa de rebelión, de manera que no es particular a esta rebelión, que fue la primera rebelión contra los nazis en toda la Europa ocupada. Estamos hablando de si la ocupación comienza en septiembre de 1939, y la primera rebelión real ocurre en abril de 1943 y viene de la mano de judíos que es el pueblo que está siendo aniquilado o exterminado, ésta tiene una significación no solamente importante para el pueblo judío sino para la humanidad toda, respecto de la obligación de cada generación de que haya quien se rebele contra la opresión, contra el asesinato, contra el dolor, contra el racismo, contra todas las expresiones de maldad humana.

En el caso particular de la rebelión del guetto de Varsovia, fue comandada por un miembro de HH, Mordejai Anielewich, que trabajó con -y presidió- un grupo que básicamente venía de tres movimientos: un movimiento juvenil judeo-comunista, llamado Bund, un movimiento juvenil más sionista, menos universalista que el HH, que se llamaba Dror, y el HH en el centro, y que quedó luego del levantamiento del guetto de Varsovia, como figura principal de él.

Pero yo quiero dar énfasis de que el tema de la rebelión aparece como una esencia constante a lo largo de la historia de HH; cada vez se expresa de una manera diferente, y a veces no se expresa, lamentablemente.

EL MOVIMIENTO KIBUTZIANO

-Hay una relación directa entre HH y el movimiento kibutziano. ¿Qué importancia tiene hoy en día los kibbutzim para la sociedad israelí?

-El movimiento kibutziano es justamente el fruto de una síntesis entre el socialismo utópico del HH y de otros movimientos juveniles socialistas sionistas, y el sionismo como movimiento de liberación nacional y social del pueblo judío, y comprendiendo que el pueblo judío, para poder hacer su cambio social, necesita hacerlo en un marco nacional, y sin ninguna duda el movimiento kibutziano fue un instrumento muy importante.

Los albores del movimiento kibutziano son de 1908, y es en realidad un movimiento de jóvenes de la diáspora, que todavía vivían afuera. El resultado final es la creación de 286 kibbutzim, que es plural de kibutz, a lo largo y ancho del Estado de Israel (muy pocos de ellos, contados en una mano, fuera de los límites consensuales de Israel, es decir, no en los territorios ocupados), y que son la base de la producción agrícola de Israel -son una base significativa también para la industria-, y siguen cumpliendo misiones nacionales y sociales que van más allá de la propia existencia.

Son unidades económicamente autónomas, que han tenido, a lo largo de los años, un desarrollo dentro de su propia visión económico social, hasta algunas privatizaciones que comenzaron a fines de los años 80. Y, evidentemente, el kibutz del principio no es el kibutz de hoy en día, pero nada de hoy es lo que era en ese momento, de manera que estamos hablando de una evolución; algunos la ven como positiva, otros no.

-Se podría decir que en Israel hay un sector de economía social que incluye a los kibutzim, cooperativas, sindicatos…

-No solamente que hay sino que es un movimiento creciente. Nosotros hace tres años tuvimos un movimiento social muy fuerte que salió a la calle, porque entendió que el gobierno de Israel está llevando al Estado de Israel a un neoliberalismo, a una injusticia social, y se levantó contra eso; pero las raíces del movimiento social son cosas que ya acontecen hace 20 años.

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Israel tiene en este momento alrededor de mil entes comunitarios, sean “comunas” donde gente joven vive en conjunto y comparten el pan, el trabajo, sean kibutz urbanos, que son una transformación de la idea del kibutz pero moviéndola a la ciudad para también ejercer una responsabilidad social, fuera del kibutz; y creo que es uno de los fenómenos más interesantes que está pasando en el Estado de Israel, de que ya se renunció en cierta manera al cambio político y está más enfocado en los cambios que pequeñas bases, que pequeñas gentes, que pequeños ejes logran generar radialmente en la sociedad israelí. Está siendo muy estudiado esto, y yo personalmente tengo varias decenas de amigos y compañeros que decidieron vivir de esta manera y son pioneros de algo que vendrá.

-¿Y eso está entroncando con fenómenos como la ecología social, la permacultura, la bioconstrucción?

-Sí, a pesar de que yo creo que todavía la mayor parte de los ejes tienen que ver con lo socioeconómico y no necesariamente se extiende, es decir, si hablamos de comunas que están basadas en producción orgánica, todavía no son la mayoría; las comunas no son temáticas todavía, pero evidentemente las hay.

Estamos hablando de jóvenes, y no tan jóvenes –yo conozco a gente de mi edad incluso, sin autodefinirme como viejo- que viven en esta clase de entes u organismos; incluso hay uno que es famosísimo, que se llama Migvan, que está en la ciudad de Sderot, que es un kibutz urbano. Migvan significa variedad, diversidad, ese es el significado del nombre -nosotros no usamos siglas, agarramos un nombre y le damos significación, juntamos ideas- y que es un kibutz que tiene un rol muy importante porque está frente a la Franja de Gaza y dialoga con Gaza.

LA IZQUIERDA ISRAELÍ

-La izquierda mundial sigue bastante en crisis; por una parte tenemos la tendencia socialdemócrata, que cada vez es más social-liberal, con una ‘tercera vía’ que ha conciliado mucho con el Capital, y por otro lado hay un cierto renacimiento de una izquierda autoritaria, neo estalinista. En El Ciudadano nuestro foco siempre ha sido lo que llamamos la Izquierda Autónoma y Libertaria, humanista, ecologista. ¿Cómo ves la situación de este tipo de izquierda en Israel, es complicada, tiene difusión?

-Yo creo que para comprender más el fenómeno de la izquierda israelí, es necesario comprender que no estamos hablando de una izquierda social, es decir, hoy día los ejes no son los que nosotros conocemos en Latinoamérica; en realidad el movimiento de izquierda político es un movimiento de clase media, media-alta, y que su misión central es el conflicto árabe-israelí, de manera que el concepto de las izquierdas tradicionales con el que nosotros pensamos los latinoamericanos, no aplican al modelo israelí. Por eso, la respuesta a tu pregunta es que el eje del conflicto israelí y la voluntad de la izquierda israelí por su solución eclipsa los demás temas.

Y hay otro problema que me parece grave, para que los lectores de El Ciudadano lo conozcan. Desde el momento en que las izquierdas mundiales no reconocen, no disciernen entre poblaciones israelíes, la izquierda israelí no recibe reconocimiento como tal, es decir, desde la visión de izquierda ortodoxa en Latinoamérica, yo soy un ocupador a pesar de que no lo soy.

Y hay una cosa importante porque, justamente en épocas en que fundamentalmente las izquierdas colocan en duda la importancia de la existencia del Estado de Israel, en lugar de apoyar a las fuerzas progresistas que hay en Israel, que podrían hacer una buena acción, lamentablemente lo colocan junto con todo, de manera que una persona como yo -como mis amigos y compañeros-, y una persona que vive en Judea y Samaria y es parte de la ocupación, somos lo mismo; y eso no es izquierda, la izquierda es sensible a las diferencias entre los seres humanos.

-¿Qué expectativas reales existen para un cambio de mando en las futuras elecciones en Israel? ¿Cómo es que Netanyahu y la derecha ganan una y otra vez las elecciones a pesar de la crisis en el proceso de paz y la crisis social en Israel?

-Primero, en este momento no hay una alternativa electoral a Netanyahu; la política israelí está muy basada en personas, en líderes, y a veces funciona para bien, como por ejemplo en la elección de Isaac Rabin que llevó adelante el proceso de paz firmando los acuerdos de Oslo en 1993, 1994, y ganando el premio Nobel de la paz junto con Shimon Peres y con Yasser Arafat, y de ahí al modelo menos exitoso, desde mi visión, de Netanyahu, que es un liderazgo conservador, y que no llevó adelante procesos significativos para solucionar los conflictos que son tan de base de la sociedad israelí.

Más allá de eso, hay una pequeña recuperación de voces que se traducen en mandatos hacia la izquierda, más desde lo social; porque hoy en día hay una profunda desilusión acerca de la posibilidad concreta de solucionar el conflicto, es decir, también los optimistas de izquierda de mi partido (Meretz), de HH, en que no hay un líder que trata de tomar otra opción, de convivencia pacífica, de una iniciativa de diálogo, etc., nos vemos cada vez más debilitados, y creo que no poco por la conducta de los palestinos. En esta situación, el israelí tiende a cerrarse y cerrarse políticamente significa el voto conservador.

-La izquierda israelí sigue asegurando que la solución al conflicto con los palestinos es dos Estados para dos pueblos. ¿Es viable esa propuesta bajo la situación actual: asentamientos, inviabilidad territorial, Franja de Gaza, etc?

-Para mí, cuando hablamos de Franja de Gaza, no estoy hablando de un conflicto, estoy hablando de mis vecinos. Entonces, no es una pregunta teórica.

El conflicto palestino-israelí o árabe-israelí, siempre está llevado en diferentes planos por la agenda internacional. Ahora está en tercer plano, porque tenemos la crisis en Ucrania, porque se está levantando nuevamente el tema de Irán, lo que pasa en Siria, etc. Y, por supuesto, para que haya movimientos teutónicos fuertes, se necesitan eventos. La solución del conflicto hoy en día está parada, pero como el mundo sigue adelante, lo que está parado retrocede en relación al avance del mundo.

Hay quienes dicen que la situación en Judea y Samaria es irremediable o ya se pasó más allá de una línea en la cual ya no se puede volver atrás. Hay quienes hablan de tres estados para dos pueblos, debido a la conducta de Hamas en Gaza, que lamentablemente ataca constantemente civiles, por medio de los misiles, coloca una población muy grande en jaque, y todo eso no soluciona en nada la situación de Gaza, de un millón 500 mil personas, en una zona de 43 kilómetros de largo y cuatro kilómetros de ancho.

Yo creo que para el pueblo judío y para el Estado de Israel, son inviables dos opciones: una, dejar de ser un Estado judío democrático, y, la otra, dejar de ser un Estado uninacional. Y creo que podemos situar bien el conflicto desde la visión israelí sionista, como la opción del cese del Estado de Israel como un Estado judío o el cese del Estado de Israel como un Estado democrático. Ninguna de estas soluciones son viables.

Y eso, justamente, lo que viabiliza es la obligación de seguir profundizando en una situación de división entre los pueblos por medio de Estados, con una profunda cooperación entre ellos, es decir, no es una división solamente entre enemigos, no estamos hablando sólo de un alto al fuego, porque la dependencia mutua entre Israel y Palestina es tan grande, que no se podría comprender a toda la región con un acuerdo que sea una mera paz formal, sino que sea un acuerdo más comprensivo, más incluyente de temas sociales, económicos, agua, límites, salida al mar, etc.

-¿Es posible reivindicarse de izquierda y ser sionista, y compartir la definición del sionismo con colonos y fanáticos racistas?

Iaacov Jazan, uno de los líderes de mi movimiento, el HH, y líder del Kibbutz Artzi (federación kibutziana de HH), dijo que estamos ante una contradicción trágica: que no vamos a poder ser 100 % sionistas, y que no vamos a poder ser 100% socialistas. Pero creo que los seres humanos maduros comprenden que ante las contradicciones hay varias opciones, pero las dos centrales son: o solucionarlas o aprender a vivir con ellas.

Yo no encuentro una contradicción real, es decir, en tanto y en cuanto la existencia del Estado de Israel se realice en el marco de límites internacionalmente reconocidos, y de que no haya una tiranía de la mayoría, y el mismo derecho que se otorga el pueblo judío a tener un Estado propio sea ejercido también respecto al pueblo palestino, yo creo que si hay algunas contradicciones son contradicciones con las cuales se puede vivir.

Por eso, humildemente, mi concepción es decir que justamente quien es sionista no es necesariamente quien apoya incondicionalmente cualquier actitud del Estado de Israel, sino que puede, a partir del amor y el compromiso hacia el Estado de Israel, hacer una crítica y decir que el camino al sionismo pasa por el camino a la paz, y, a largo plazo, la falta de paz compromete lamentablemente la posibilidad de una soberanía judía en el marco de un Estado democrático.

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-Si imaginamos que la izquierda en Israel accediera al gobierno, ¿qué cambios de política debiera realizar?

-Yo recuerdo los tres años de gestión de Isaac Rabin, luego de haber ganado las elecciones en el 92; mi partido (Meretz) obtuvo 12 bancas en el parlamento israelí, el 10% del electorado, algo muy significativo para un partido de izquierda sionista en Israel. Los recuerdo como años felices, en que creció la inversión en educación, en que los temas de sociedad civil, de derecho a matrimonio no religioso, de la diversidad sexual, se transformaron en ejes del diálogo ciudadano, porque el tema del conflicto estaba siendo manejado de manera positiva por el Gobierno; llegamos al primer acuerdo de Oslo, y lo implementaron, y permitieron el regreso de Arafat y viabilizaron la creación de la ANP (Autoridad Nacional Palestina), y se comenzaron a hacer acuerdos concretos: agua, territorios, seguridad.

Y por eso yo digo que desde el momento que cambia la concepción del gobierno, cambia todo; si tomo como ejemplo las acciones realizadas, me queda claro que estamos hablando de un cambio de actitud, de un cambio importante.

Pero, como dice la frase -que es un poquito mentirosa-, «para tango se necesitan dos»; se necesitan dos que bailen, se necesita una pista de baile, una orquesta, un buen trago antes, bajar un poquito el nivel de luces, y que alguien te mire, porque uno de los grandes diálogos en el tango es la atracción entre el observador y la pareja que baila, y justamente por eso hay que crear toda esta cosa alrededor para que los dos que se unieron para bailar realmente bailen, gocen de su propio baile, causen goce a los espectadores y lleguen a un climax.

-Si la izquierda israelí llegara al gobierno, ¿cambiaría la situación de los asentamientos judíos en Cisjordania?

-Sí, no tengo ninguna duda. Ya se hizo. Isaac Rabin paró la colonización en Judea y Samaria. Ahora, para ortodoxos de izquierda, que piensan que no había que levantar ni un solo ladrillo en Cisjordania, él no lo paró. Pero mayormente no se construyó; se pararon la obras públicas; la construcción de casas es una cosa más o menos privada, la gente construye, el gobierno se ocupa del tema vial, de caminos, de infraestructuras, y ahí está el gran dinero del Estado.

Y nuevamente, las izquierdas que no comprenden la situación hablan de los asentamientos, el tema es que los asentamientos son el motivo por el cual se hacen las demás cosas, pero el aporte de inversión económica de Israel no es en la casa, no es en el asentamiento, es en la seguridad, que haya soldados para que lo cuiden, y que tengan un camino, y que ese camino esté iluminado, y que no vaya por dentro de aldeas árabes.

Inmediatamente hay que implementar una política compensatoria, porque también las izquierdas marxistas comprenderían que si el proceso de paz no conlleva un cambio de situación económica, una reducción de la brecha entre el producto bruto interno israelí y el palestino, quedaría meramente como una cosa política, de libertad, y otra vez estamos en el plano simbólico, de las banderas, y eso no aporta a la solución del conflicto; la solución al conflicto no está en que solamente los palestinos lleguen a la autodeterminación como pueblo palestino, sino que para que los seres humanos palestinos vivan mejor, vivan más noblemente, vivan en límites reconocidos también ellos.

Entonces por eso yo, de la misma manera que me autodefino como izquierda sionista israelí, constantemente estoy dispuesto a realizar el diálogo con las izquierdas latinoamericanas y pedirles a ellos no levantar banderas del pasado; hoy día el aporte de la izquierda latinoamericana no es colocarse automáticamente, pavlovianamente, a favor de toda causa palestina, que hoy en día es causa, entre otras cosas, básicamente musulmana, y, en su gran parte, bastante reaccionaria, proclive al fundamentalismo islámico.

PALESTINOS, ÁRABES Y MUSULMANES

-¿Existe en el lado palestino una contraparte legítima y abierta al diálogo, existe un diálogo entre las izquierdas de ambas partes?

-Primero que nada, existe un diálogo formal, y quien hoy en día felizmente ejerce el diálogo formal, de encuentros, es mi partido Meretz; ahora, Meretz no habla en nombre del Estado de Israel, de cierta manera habla en nombre de la izquierda israelí, y por eso, ante la crisis, es el ente que logra analizar la situación, y no llegar a conclusiones inmediatas, como reacciones pavlovianas, sino, tratar de, a pesar de algunos o muchos pasos errados que cometen los palestinos, no transformarlos en pasos que crean condicionales absolutos, es decir, si los palestinos hacen tal y tal, entonces nosotros hacemos asado.

Ahora, evidentemente hay izquierdas árabes y hay nacionalismos árabes dentro de Israel, pero uno de los temas preocupantes es la representatividad de la Autoridad Nacional Palestina; queda claro que formalmente es la representante pero, realmente, la ANP no representa hoy en día al pueblo palestino en su mayoría, entre otras cosas, por la islamización del conflicto, es decir, en el pasado, la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), Al Fatah, en sus convicciones políticas trataban de incluir a minorías no musulmanas, como eran los cristianos; hoy en día los árabes de origen cristiano en la Cisjordania están en una situación muy grave, es decir, también el tema de representatividad de la ANP está en juicio, está en menos juicio para la izquierda israelí, pero es un buen caballito de batalla para la centroderecha israelí para decir “nosotros somos gobierno de Israel y por eso hablamos en nombre del Estado de Israel, ¿a quién representan ustedes?”. Esto es un escollo muy importante especialmente cuando Abu Mazen (Majmud Abbas) accede a pactos que en vez de viabilizar mejor las cosas, las transforman en más complicadas.

-¿Qué actores por el lado palestino ustedes ven para dialogar?

-En 1993 el gobierno de Rabin derogó una ley que establecía que los israelíes no podían encontrarse con gente de la OLP; la OLP era un movimiento terrorista, ejercía el terror. Yo soy de los israelíes que se encontraron con gente de la OLP antes de esta ley. En ese momento era impensable hablar con la OLP.

Hoy en día la OLP vieja y la OLP joven –la diferencia entre ellos es que la OLP vieja no estuvo en las cárceles israelíes, y la OLP nueva sí estuvo en ellas- es el factor de diálogo más cercano por el pensamiento político de ellos; detrás de todos ellos se encuentran factores mucho más islamizados, que no están hablando de un conflicto político, sino que están hablando cada vez más de un conflicto religioso, de un conflicto de civilizaciones, en el cual Israel es parte y no es causal de.

De manera que hoy en día justamente fortalecer a los sectores moderados del Fatah y de la OLP da mayor probabilidad a que haya correspondientes del diálogo, y por eso la izquierda israelí trata de dialogar, de encontrarse, de crear una diferencia y, por sobre todo, trata de discernir entre el Hamas y la OLP-ANP.

A diferencia de la actitud de la derecha israelí, que dice hace muchos años que no hay con quien hablar, a rajatabla, nosotros decimos «hay con quien dialogar»; y yo digo, como dirigente político israelí de izquierda, exijo de las izquierdas latinoamericanas que ellos también digan lo mismo; no es que Israel no puede dialogar, hay sectores políticos que están en el poder que no dialogan, pero tenemos que salvar o destacar a quienes sí quieren hacerlo.

-En El Ciudadano nos interesa fortalecer a una izquierda libertaria, democrática, humanista, y por eso mismo nos interesa apoyar a esa izquierda en Israel y a esa izquierda que pueda existir en el mundo musulmán…

-El mundo musulmán no tiene izquierda; en realidad la izquierda latinoamericana no tiene con quién dialogar entre los palestinos.

-Más allá de los palestinos, en todo el mundo musulmán…

-En todo el mundo musulmán…

-Pero tenemos dos referentes -que se los voy a mencionar para ver qué opina de ellos-, que parecieran tener una visión distinta. Uno, con los cuales muchos chilenos en el exilio tuvieron relación, son los saharauis, que están en el Sahara Occidental, en una lucha contra la monarquía de Marruecos, por el reconocimiento de su territorio; ellos procuran una forma socialista comunitaria, democrática, con bastante autogestión. Y el otro caso lo constituye el movimiento de liberación kurdo liderado por Abdala Ocalam, que impulsan el concepto de confederalismo democrático.

-Yo respeto el derecho, en realidad el gran desafío de tratar de buscar una aguja en el pajar. Eso es lo que están haciendo…

-Pero el movimiento kurdo es significativo…

-El movimiento kurdo es un movimiento nacionalista…

-Pero la tendencia de Ocalam, que es mayoritaria, está planteando el confederalismo democrático; abandonaron el marxismo-leninismo y están más cercanos a Murray Bookchin.

-No, yo creo que movimientos humanistas no pueden plantear como objetivo central un objetivo nacional, y los movimientos kurdos, y no puedo opinar bien sobre el tema, su principal reivindicación es nacional.

-Pero Ocalam ahora dice que no están por crear un Estado-nación, sino que un confederalismo democrático, en que se mantienen los actuales estados-nación que hay en Turquía, Siria, Irak e Irán, pero con una autonomía territorial para el pueblo kurdo.

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-Yo trato de ver al mundo musulmán para comprenderlo, y no sé si lo comprendo. Primero, no podemos hablar más de Medio Oriente, quien habla de Medio Oriente no comprende la profundidad de los cambios dentro de toda la región que va desde la zona norte de África y hasta la zona de Turquía; todo ahí está encadenado lo uno con lo otro; la diferencia es que hasta hace algunos años el foco de atención era el conflicto árabe-israelí-palestino, y hoy en día hay una variedad de focos; pero todavía dentro de lo musulmán, la lucha real es entre los chiítas y los sunitas, la lucha tiene que ver con el lugar del poder de tal o cual Estado dentro de todo este bloque del cual estoy hablando, y creo que el ejemplo kurdo en ese sentido es un ejemplo de una minoría étnica que busca su reivindicación.

Pero, para volver al tema central que trato de analizar; si yo viviera en Chile o Argentina, y fuera de izquierda democrática humanista, en el mapa político que yo conozco, no encontraría con quién dialogar, desde esa base valórica, en el mundo musulmán; esa base valórica no existe ni a nivel político ni a nivel filosófico lamentablemente en el islam hoy en día. Y, justamente por eso, si existía de una u otra manera, es la OLP, y por eso se dialogó con ella.

Y parece una contradicción terrible que haya un nexo entre las izquierdas latinoamericanas e Irán, que no es democrático; desde la formalidad ¿hay un reconocimiento de alguna clase de diversidad en Irán ni derechos civiles ni derechos de género, derechos de pensamiento; no circuncidan mujeres?…

De la misma manera, como israelí de origen latinoamericano me declaro de izquierda sionista y hago mi autocrítica, pero también las izquierdas latinoamericanas podrían hacerla y podrían bien pensar con quién y cómo relacionarse, e incluir a la izquierda israelí.

-Las izquierdas latinoamericanas tienen muchos problemas con el Estado norteamericano, pues lo ven como el gran agresor mundial, y EUA es aliado de Israel, entonces ahí se produce la asociación…

-Mira, es interesante lo que tú dices, pero déjame hacer una analogía que creo va a dejar preocupado a tus lectores: en Irán, en las manifestaciones, Estados Unidos es el gran demonio, Israel es el pequeño demonio… Creo que es suficiente para dejarlos preocupados…

En Israel hay muchos latinoamericanos, más de 150 mil; gran parte de ellos que llegaron vía los movimientos juveniles sionistas socialistas y que se asentaron en kibutz, y que están en todos lados, en la academia, en las artes, en la música, creo que realmente sería interesante abrir un diálogo en el cual, me imagino, que yo con tus lectores comparto un set de valores, que nos permite dialogar, y lamentablemente no se aprecia eso…

Te lo comento como una anécdota: yo soy setentista, mi adolescencia la pasé en dictadura, en Argentina; mi bagaje cultural incluye a Quilapayún, Intillimani, Violeta, Víctor, y que están al mismo nivel de mi bagaje judío, no están relegados; si tú revisas mi celular y ves qué música tengo, vas a comprender dónde estoy yo.

Los Quila ‘franceses’ tocaron en el Festival de la Canción Palestina, que tenía que ser en Ramala y después fue en Jerusalén oriental. Un grupo no pequeño de latinoamericanos, se encontraron con la ocasión de poder ver a Quilapayún; para parte de nosotros era un sueño, para mí era parte de mi identidad; en cambio, para los árabes musulmanes y cristianos que fueron, “era un grupo de música chilena, algo exótico»…

Digo esto porque sería demasiado fácil rendirse a los preconceptos existentes; los grandes diálogos no comenzaron por naciones, empezaron por gente que pudo encontrar similitudes, puntos en común, y cuando uno dialoga, el tú-yo te lleva a la concesión, que permite mantener la relación no como una cosa de política solamente; yo, como izquierda sionista israelí, necesito ayuda para que en la izquierda latinoamericana haya un pleno reconocimiento a la concepción de dos estados para dos naciones. Hoy en día la izquierda latinoamericana está en otro lado.

-Pero la izquierda latinoamericana es heterogénea…

-Es muy homogénea en este tema, demasiado sospechosamente homogénea.

-He visto declaraciones de alguna izquierda latinoamericana hablando de dos Estados.

-No, porque no importa de qué hablan, cuando siempre el culpable es Israel. Entonces, se abre una brecha en el diálogo, es decir, no se puede ver algo que ocurre entre los palestinos. ¿Has encontrado en las últimas 30 ó 40 notas que has leído sobre el conflicto alguna crítica hacia el funcionamiento palestino? Entonces no es solamente «dos estados para dos pueblos», dos estados para dos pueblos legítimos, y si Israel no es legítimo entonces en realidad la solución de la cual hablan tampoco es legítima, y la reflexión sobre esto es: No es humanista para solucionar un conflicto que causó una injusticia, causar otra injusticia; no se soluciona una injusticia por medio de la injusticia. Yo no quisiera que la situación actual me llevé a mí al lugar donde no quiera estar: de tener que justificar tal cosa que me parece injustificable de ambos lados.

Y por eso estoy acá en Chile, estoy dialogando, me encuentro con gente, también dentro del marco de la comunidad judía, ojalá en el futuro y en otros marcos si tu diario puede abrir ese diálogo yo voy a encontrar gente de origen latinoamericano que también pueden compartir…

ANTISIONISTAS

-Las teorías de la conspiración están de moda, y una de ellas es que existiría un plan sionista para quedarse con la Patagonia.

[Darío]: -Lo que pasa es que se están rejuntando con las teorías nazi-fascistas de Miguel Serrano

-Se sabe que las crisis del capitalismo reavivan el nazi-fascismo, es cosa de ver lo que sucede en Europa.

[Claudio]: -Sí, pero pensamos que la gente de izquierda no debiera caer en eso.

-Para las personas de izquierda, en general, el tema del sionismo les produce ruido, de hecho hay gente de izquierda judía que se declara antisionista…

[Darío]: -Son, por un lado, comunistas, o, por otro lado, ortodoxos.

-Y el tema de los nacionalismos a la gente de izquierda también le produce ruidos, así como los chovinismos, los fundamentalismos…

-O sea, ser chileno es natural y ser israelí no lo es.

-Nosotros lo vemos acá con el conflicto chileno-mapuche y el conflicto chileno-boliviano.

-¿Y el nacionalismo palestino no lo es?

-Efectivamente en la discusión izquierda-derecha se cruzan los nacionalismos…

-¿Qué es más legítimo, la reivindicación del derecho de autodeterminación del pueblo palestino en un Estado, que la reivindicación del pueblo judío –que es el sionismo- de un Estado? ¿En qué se diferencian?

[Claudio]: -Yo sé para dónde va, a nivel de sionismo: cuando aquí el sionismo se lee como la ocupación, entonces, obviamente es ilegítimo…

[Darío]: -Yo no voy a renunciar a mi concepción sionista, pero nuevamente, ella depende del derecho de reivindicación de los pueblos, y eso también comprende, incluye y fortalece, el derecho de reivindicación del pueblo palestino, porque la reivindicación del otro me reivindica a mí y al revés.

[Claudio]: -Para mí, por ejemplo, la ocupación israelí de los territorios de Cisjordania es un atentado contra el sionismo.

[Darío]: -No es sólo un atentado contra el pueblo palestino, es un atentado también contra la esencia central del sionismo.

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Ojalá esta conversación llegue a mucha gente y que cree opiniones y discordias; algunos dirán “qué viene a decir este sionista disfrazado de socialista”, pero los invito a visitar mi kibutz y a recorrer conmigo la franja de Gaza.

Por Cristian Sotomayor Demuth

Producción y fotografías: Claudio Mandler

El Ciudadano

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