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La otra guerra de la Derecha

El mortal “fuego amigo” que tiene a pérdida a RN y la UDI

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Entre la disputa doctrinaria y las zancadillas cotidianas, el oficialismo está metido en una crisis evidenciada en duras disputas sobre temas centrales como la vinculación con la dictadura, la defensa de ex uniformados condenados, la posible postulación de Piñera para el 2017, la pugna entre quienes desean una “nueva derecha” y quienes quieren mantener la doctrina de los últimos años, con una candidata presidencial que apenas llega al 20% en los sondeos.

El último día de septiembre, hubo contactos entre editores y periodistas de El Mercurio con asesores de prensa del Presidente Sebastián Piñera. En el segundo piso de La Moneda, el Mandatario había tomado una decisión: darle una entrevista al periódico para salir al paso a parte de la pugna desatada al interior de la derecha. A confesión de parte, relevo de pruebas: “No quiero profundizar divisiones al interior de la centroderecha”, confesó Piñera.

Y es que las divisiones, quiebres, operaciones y confrontaciones están instaladas en Renovación Nacional (RN), la Unión Demócrata Independiente (UDI), el Gobierno y el pinochetismo (expresado principalmente en ex militares). No sólo por diferencias doctrinales, sino sobre todo, por purgas, zancadillas, acusaciones y tiradas de tomate que tienen al sector en medio de un mortal “fuego amigo” transversalizado, todos peleados con todos.

Piñera apostando a su reelección; el general (r) Luis Cortés Villa acusando traiciones de Piñera; Patricio Melero cuestionando las decisiones del Presidente de la República que es de su sector; Matthei quejándose solapadamente de decisiones dentro de su sector y recibiendo desaires como la inasistencia de personeros RN a la presentación de su programa de gobierno; dirigentes UDI afirmando que jamás volverán a votar por Piñera; el secretario general de RN pidiéndole al Mandatario que le deje espacio en la prensa a la candidata; un Rodrigo Hinzpeter declarando la falta de ética en su sector; los ex militares acusando a Piñera de no cumplir sus compromisos con ex oficiales de la dictadura detenidos; las antiguas críticas de Jovino Novoa y Hernán Büchi porque el gobierno y la derecha no están defendiendo ni implementando la doctrina y los principios esenciales del sector; sigue y suma.

Lejos de la prensa y las pantallas, donde brindan un espectáculo propio de la Guerra de las Galaxias lleno de disparos luminosos, se han repetido las reuniones privadas en casas del ex general Cortés Villa, del presidente de la UDI, Patricio Melero, del ex ministro Andrés Allamand, de la candidata presidencial Evelyn Matthei y del propio Sebastián Piñera, no viendo ya cómo saldar las cuentas, sino abriendo la línea de crédito donde están quedando muchos cheques en blanco.

Que se podrán cobrar para el 2017, porque mucho de la disputa tiene que ver con la operación del piñerismo destinada a posicionar al actual Mandatario como candidato de la derecha a la Presidencia (pese a su mala evaluación ciudadana que lo mantiene bajo el 40% en la mejor de las encuestas) y de la UDI por ir preparando a uno de los suyos para que corra con mayor opción, considerando la segura derrota de Matthei, que en distintos sondeos apenas llega al 20%.

Lo anterior abrió otro frente de lucha. Que Piñera está torpedeando a Evelyn; como en los tiempos de la ruptura de la Patrulla Juvenil, como cuando la quiso cogotear políticamente en el episodio de Mega, como en la distancia brutal que hizo que la ahora candidata se fuera del partido del ahora Presidente y entrara a la UDI. La evidencia pública la exhibió el secretario general de RN, Mario Desbordes, al sostener irónico: “Esperamos que el gobierno, sobre todo el Presidente, en estos dos meses que quedan, ojalá dejara un espacio a la candidata presidencial, lo que no está haciendo en este minuto”. Y le criticó a su Presidente que “uno ve los medios de comunicación, las revistas, los diarios, las entrevistas de los diarios, la presencia del Presidente es gigantesca y para nuestra candidata la verdad es que cuesta un mundo conseguir espacio. Eso a nosotros nos está complicando”. El postulante del 2017 estorbando a la aspirante del 2013.

Se instaló ya más nítidamente -con dosis de cinismo y olvido- la intención de unos de separar aguas de la dictadura y de otros por no renunciar al vínculo histórico con “el gobierno militar”, graficado paradójica y mediáticamente en el choque entre dos altos representantes de RN, que se supone es el partido de la “derecha más liberal”: Rodrigo Hinzpeter y Andrés Allamand. El primero dijo que su sector “no ha hecho la pérdida y el costo definitivo de que algunos de sus integrantes hayan sido partidarios del régimen militar” y lanzó lo de la “debilidad ética” de la derecha; y Allamand de prisa le espetó: “Tendrá él que responder por ello… Yo lo conozco bien, fue siempre partidario del gobierno militar, estoy casi seguro que votó sí (en el plebiscito de 1988), siempre lo vi en posiciones de esa línea”. La dictadura pinochetista les pesa, pese a que insisten en no querer “hablar del pasado”.

Precisamente en un asunto vinculado directamente a aquello, se inició otra batalla intra derecha durante el mes de octubre, cuando lo que querían RN, la UDI y Evelyn Matthei que pasara luego septiembre para que se dejara de hablar de Golpe de Estado y violaciones a los derechos humanos. No fue así. El misil lo tiró el mismísimo Piñera. Cerrar el exclusivo penal Cordillera, donde estaban recluidos diez ex oficiales del Ejército cumpliendo largas condenas por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. La instrucción fue llevarlos a otro penal “de primera”, Punta Peuco. La molestia de la derecha y de los ex uniformados se transformó en ira cuando el condenado Odlanier Mena, ex jefe de la temible y criminal Central Nacional de Informaciones (la Gestapo chilena), decidió suicidarse usando un arma “de colección”.

Aquí se evidenciaron las fuertes diferencias transversalizadas y no menores. La candidata presidencial de RN y la UDI compartió la decisión del Presidente. Pero esos partidos consideraron inapropiada la medida y plantearon no entender por qué se había tomado ahora. Andrés Allamand, alto personero de la derecha y candidato a senador, simplemente dijo que no compartía el cierre de Cordillera. Antes de quitarse la vida, Mena dijo que la intención de Piñera era hacer todo esto para afianzar su postulación presidencial el 2017.

VOCES DOCTRINARIAS

Hernán Larraín Matte, el publicista ligado a Piñera, apuntó al meollo del asunto en la derecha. Que mientras el Presidente quería hacer un punto de quiebre definitivo con la dictadura, RN y la UDI insistían en quedarse “en la lógica del plebiscito del SI y el NO”, reivindicando a la dictadura. Recordó que en los documentos de principios de las colectividades de la derecha, se saluda y se respalda el Golpe de Estado y la acción del régimen que lideró Augusto Pinochet.

Las palabras de Rodrigo Hinzpeter apuntaron en el mismo sentido. Su tácito cuestionamiento a no romper con la atadura de la dictadura, se inscribió en la tesis que él viene sosteniendo desde que comenzó el actual gobierno, la de “la nueva derecha”. Porque pese a ser, desde que fungió como ministro del Interior, artífice de leyes represivas y autoritarias, ha querido vender la idea de reformas en el sector para reconstruir un ideario que los ponga más a tono con estos tiempos y que, además, los acerque, teóricamente, al centro y particularmente a la Democracia Cristiana.

En ese camino se inscriben algunas acciones de Sebastián Piñera. Aunque fuese contradictorio, el Presidente fue parte de las críticas a la violaciones a los derechos humanos, participó del recuerdo de los 40 años del Golpe de Estado, hizo saber (también sus asesores y ministros) las veces que pudo que él votó NO en el plebiscito, habló como todo un defensor de derechos ciudadanos en la sede de Naciones Unidas y terminó cerrando el penal Cordillera. Se desmarcó de la derecha y se acercó a la oposición. Las cosas llegaron al punto que periodistas, analistas y políticos de la Concertación lo alabaron, el presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade, lo invitó al acto de conmemoración del NO y corrió el rumor de que sectores concertacionistas podrían respaldarlo en sus intenciones de reelegirse el 2017.

En esta línea, Gonzalo Cordero (UDI), reconocido asesor de Pablo Longueira y Joaquín Lavín, un hombre en las sombras del quehacer de esa colectividad, indicó en una entrevista que “mi diagnóstico es que en los últimos años la derecha ha sufrido una derrota cultural en Chile muy potente” y añadió enfático que “los políticos de derecha están sufriendo un cuestionamiento ético por su rol histórico en el pasado”.

Ahí estaría la médula del origen de las disputas de baja y alta monta en la derecha: una derrota cultura que se puede leer como derrota doctrina, de ideario, y el permanente cuestionamiento a la cercanía del sector con la dictadura y con posturas autoritarias y retardatarias.

En esta línea, RN vive una contradicción interna seria con la pugna entre sectores “más abiertos” que estarían representados por Piñera y Hinzpeter y “más cerradas” representadas en posiciones de Carlos Larraín y Mario Desbordes. Y una persistencia de la UDI de aferrarse a su línea política e ideológica. Un punto relevante en este contexto, junto a otros, es la postura frente a la reforma del sistema electoral binominal. RN llegó a un acuerdo con la Democracia Cristiana, e independientemente de las falencias del proyecto, significó abrir una puerta -o una ventana- de modificación del binominal; sin embargo, la UDI se opuso de manera terminante.

Otro punto que tiene que ver con conceptos de instalación política de fondo, fue la referencia de Sebastián Piñera respecto a los “cómplices pasivos” de la dictadura, y calificar de “error” que la candidata presidencial de su sector haya votado SI en el plebiscito, cuando ex funcionarios de la tiranía, que hoy son dirigentes o parlamentarios de la derecha (Alberto Cardemil, Jovino Novoa, etc.) se negaron a pedir perdón por los crímenes y persistieron en el alegato de que cumplieron un deber para la Patria al trabajar con los militares golpistas.

Todo apuntaría, en definitiva, si en la derecha llegan a la conclusión (o al menos un sector) de que tendrán que hacer modificaciones de fondo para encarar la siguiente década y elecciones presidenciales y parlamentarias, o se empecinan en la doctrina construida al inicio de la era posdictadura.

También influyen los actores. Las interrelaciones político-personales entre los más altos personeros de RN, la UDI y el pinochetismo están muy deterioradas. Sería larga la lista de distanciamientos y rencillas. Es probable que ello surja con mucha fuerza cuando Sebastián Piñera salga del Congreso el 11 de marzo del 2014; se le van a ir encima de manera violenta. La candidata Evelyn Matthei está rodeada de enemigos y antipatías provenientes principalmente de RN, en cuyo Consejo General, el 20% le negó su apoyo como aspirante a La Moneda.

TIEMPO DE REVÉS

Pública y privadamente en la derecha saben que tienen perdida la elección presidencial. Eso contribuye a que el “fuego amigo” pueda producirse con más espacio y fluidez, porque no hay nada que cuidar, con una candidata que en los sondeos más serios marca entre 17 y 19 por ciento y que según analistas electorales obtendría la peor votación de la derecha en las últimas dos décadas, sin superar el 40%.

Por ello, RN y UDI tienen puestas sus cartas en lograr un éxito o en evitar una gran derrota, en las parlamentarias. Con un punto contradictorio: el objetivo es sacar buena votación pero al mismo tiempo desplazar a toda costa al “compañero de lista”. Casos emblemáticos son los de Allamand versus Zalaquett y Ossandón versus Golborne. Es parte de la guerra intraderecha.

En un cuadro donde las propuestas programáticas que tienden a mantener el sistema económico, social e institucional, patentizado en la declaración de Evelyn Matthei de que no es necesario cambiar el actual sistema que le ha permitido crecer al país, cuando es conocida por encuestas, marchas multitudinarias, debates, exigencias de organizaciones sociales y ciudadanas, la exigencia mayoritaria nacional de modificar la institucionalidad y el funcionamiento en ámbitos como educación, salud, previsión y otros.

El analista electoral Pablo Monje indicó que en medio de las batallas de la derecha “hay una apuesta política que se podría llamar liberal y que estaría representada en Piñera, Hinzpeter y Lily Pérez, pero que entra en contradicción con otros sectores y personeros de RN que son más conservadores y partidarios hasta hoy de la dictadura”. Agregó que “quizá en la derecha hay quienes piensan que es necesaria una refundación aunque se ven pocos articuladores para ello, de hecho en la UDI no existen. Por lo tanto, la guerra en la derecha se prolongará, con consecuencias o caminos no predecibles del todo, porque se ve que ni el cambio generacional produce el otro cambio”.

Muchos dicen en estos meses que la oposición no tiene necesidad de pelearse con la derecha, porque todas las peleas “necesarias” las produce la propia derecha (como el debate del vínculo con la dictadura). Y la derecha, pese a tener en el centro de sus ataques a Michelle Bachelet, a la izquierda y al movimiento social, tiene la otra guerra, su propia guerra, cuyo desenlace parece una incógnita.

Por Hugo Guzmán R.

El Ciudadano Nº147, octubre 2013

Fuente fotografía

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