La red de corrupción de Pablo Wagner

Uno de los principales protagonistas del Pentagate es el UDI Pablo Wagner, quien fuera subsecretario de Minería de Sebastián Piñera. Recibió pagos del grupo Penta estando en el cargo y después del ex yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou, a través de boletas falsas. La trama tiene como protagonistas a dos consorcios económicos formados tras el saqueo de las empresas estatales durante la dictadura.

PABLO WAGNER

A principios de marzo será formalizado por delitos de cohecho y lavado de activos quien fuera subsecretario de Minería del gobierno de Piñera, Pablo Wagner San Martín. Hace pocos días TVN titulaba que el tipo ‘devolvía’ más de 40 millones de pesos al fisco. Lo cierto es que se trataba de sólo estaba pagando impuestos omitidos con boletas falsas, uno sólo de los casos que se le investigan.

Wagner integró el directorio de Cruz Blanca Seguros, al que renunció el 9 de enero pasado, y según la investigación desarrollada por el fiscal Carlos Gajardo, recibió dineros del grupo Penta cuando ya trabajaba como subsecretario del autodenominado ‘gobierno de los mejores’. Al mismo tiempo aconsejaba a sus ex patrones para obtener los permisos para desarrollar un proyecto minero y promovió la licitación del litio para adjudicársela a Soquimich de Julio Ponce Lerou, de quien también recibió pagos a través de boletas falsas.

Los modales de Wagner revelan el modus operandi de los grandes emprendedores chilenos: Aprovechar las funciones estatales para enajenar bienes públicos. Tras el discurso de la libertad de empresa, de que los privados administran mejor las cosas, que el Estado es ineficiente o que hay que estimular la inversión, están los grupos económicos que desde la dictadura se han convertido en los dueños del país.

Pablo Wagner era sólo uno más de los actores-red en el despliegue de la privatización de la vida. Al revisar la cancha chica, la micropolítica de como los neoliberales llevan agua para su molino, se encuentran boletas falsas, correos electrónicos promoviendo proyectos saltándose la ‘institucionalidad’, los vemos asesorando proyectos mineros definidos por su repartición y una serie de triquiñuelas que develan la opaca forma en que los últimos años se han hecho dueños – y si no ellos, sus amigos, parientes o ex patrones– de los bienes públicos.

LAS PRIVATIZACIONES EN DICTADURA

La madeja desenredada por el fiscal Gajardo también conduce a uno de los actores claves de las privatizaciones hechas durante la dictadura: el ingeniero forestal Julio Ponce Lerou, quien siendo yerno del dictador Pinochet pasó por Celulosa Constitución (Celco), Endesa, Compañía de Teléfonos (CTC), IANSA y Soquimich, todas privatizadas. A través de la sociedad Pampa Calichera se hizo dueño en 1987 de la minera.

Ponce Lerou fue un actor clave del proceso de privatizaciones en Chile, llegando a ser en 1983 gerente general de CORFO, cargo del que se ve obligado a renunciar tras un escándalo por el rápido aumento de su fortuna personal.

El otro grupo económico involucrado en el Pentagate es el cimentado por los empresarios Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano, cuyo grupo económico Penta administra activos por más de 20 mil millones de dólares. Ambos formados en la neoliberal Ingeniería Comercial de la PUC aprovecharon el remate de empresas públicas de los años ’80 para hacerse dueños del 5% de la compañía de seguros Consorcio Nacional de Seguros (CNS), la que venden a un banco norteamericano, con lo que amasan sus primeros 1,5 millones de dólares, capital con el cual constituyen Penta S.A.

Siendo amigos personales del ministro de Hacienda de Pinochet, Hernán Büchi, se convierten en dueños del Instituto de Seguros del Estado (ISE), el cual compran al módico valor de 5 millones de dólares. Ya en democracia Lavín y Délano montaron un holding financiero cuyo negocio era justamente aquellas áreas en que el Estado dejó de asegurar derechos a las personas: Salud (Banmédica, Isapre Vida Tres), previsiones (AFP Cuprum) y educación (Universidad del Desarrollo).

Según una investigación de la periodista María Olivia Mönckeberg, las turbias privatizaciones de una treintena de empresas del Estado realizadas por la dictadura entre 1985 y 1989, significaron una pérdida superior a los mil millones de dólares para el patrimonio estatal. En total 725 empresas públicas fueron privatizadas durante la dictadura.

MINERA DOMINGA Y LICITANDO EL LITIO

Recién asumido como subsecretario de Minería, Pablo Wagner dijo ante una platea de industriales mineros que la nacionalización del cobre fue “un error histórico”. Al cargo llegó con un apoyo transversal de la UDI, desde Jovino Novoa hasta Pablo Longueira.

Formado en Ingeniería Comercial de la PUC, Wagner es ferviente admirador de Jaime Guzmán, se inició trabajado para el magnate conservador Ricardo Claro en Cristalerías Chile y afianzó su carrera trabajando durante 12 años en el Grupo Penta.

A poco de asumir como subsecretario hizo intenso lobby para que su ex patrón, Carlos Eugenio Lavín, fuera incluido en el directorio de Codelco. En un correo enviado al entonces ministro de Minería, Laurence Golborne, le dice “Laurence: te envío el CV (currículum) de Carlos Eugenio Lavín. Es el hombre de negocios más inteligente, visionario, práctico y estratega que he conocido. Realmente sería un lujo para el país y para Codelco tenerlo como Director (no quiere otros directorios)”.

Un mes después informaba a su ex patrón que no consiguió meterlo en el directorio de la estatal, diciéndole “hice de verdad todo lo que pude”. También se preocupó de alertar a Lavín de que se venían “nubarrones fuertes para las isapres desde el Tribunal Constitucional”.

También Wagner se preocupó de dar consejos a Carlos Alberto Délano para que presentaran al Servicio de Evaluación Ambiental una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) para su proyecto de prospecciones mineras denominado Dominga. El fiscal Gajardo determinó que hubo reuniones de Wagner con Délano y el subsecretario le dio consejos al empresario antes de que presentara el proyecto al entonces ministro de Minería, Hernán de Solminihac. La ex seremi de Minería de Coquimbo, Jocelyn Lizana, testificó que Wagner “permanentemente me preguntaba cómo iban los proyectos. Dentro de eso me preguntaba cómo iba el proyecto Dominga en general (…). En ninguna instancia manifestó su intención de inhabilitarse o no intervenir en los temas de Dominga”.

Pero Wagner no sólo trabajaba para Penta. A cargo de la cuestionada licitación del litio y como en el Congreso no iba a contar con total apoyo para privatizar el recurso minero, recurrió al modelo de Contratos Especiales de Operación de Litio (CEOL) a través de un Decreto Supremo, usado por las administraciones concertacionistas. El proceso de licitación lo aprovechó para viajar por Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón y Corea del Sur buscando inversionistas.

La experticia de Wagner quedó en evidencia en septiembre de 2012 cuando se conocieron los resultados de la licitación. De las 6 transnacionales que concurrieron al proceso de licitación, Soquimich se adjudicó explotar 100 mil toneladas del recurso por 20 años. La alegría de Ponce Lerou duró sólo 8 días, ya que una de las empresas interesadas reclamó que el proceso no se ajustó a las bases porque la minera del ex yerno de Pinochet mantenía 10 litigios pendientes con el Estado,

Fue tan bochornoso el proceso que Wagner se vio obligado a dejar el cargo.

A mediados de enero de 2015, documentos encontrados por la PDI y la Fiscalía de Delitos de Alta Complejidad de Santiago, en la oficina de Soquimich dieron cuenta de que la empresa de Ponce Lerou pagó usando el mecanismo de boletas falsas a Pablo Wagner a través de su cuñada, María Carolina de La Cerda.

La investigación del Pentagate también determinó que Wagner recibió 42 millones de pesos en pagos bimensuales por parte de Penta mientras cobraba el sueldo de subsecretario de Minería (6 millones 700 mil pesos).

En un correo electrónico fechado a sólo horas de jurar como subsecretario, el 11 de marzo de 2009, Wagner le dice a Carlos Délano y a Manuel Antonio Tocornal, gerente general corporativo de Penta: “Carlos Alberto: cuando leas este correo quizás ya seamos gobierno. Te quiero agradecer personalmente por haberme contratado hace 12 años y apoyarme siempre (…) Este será un período de HASTA cuatro años. Así que como me dijo CEL (Lavín) no es un adiós sino un hasta pronto (…) Si hubiera querido ser político habría elegido otro camino, este potencia el lado empresarial junto con el servicio público”.

Mauricio Becerra R.
@kalidoscop
El Ciudadano

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