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La verdad del circo electoral

Antes de 1973 existía en Chile un “juego electoral” que permitía, dentro de la institucionalidad burguesa, una participación de las expresiones políticas. Después del golpe militar-empresarial -que fue una contrarevolución preventiva, para impedir que el proceso revolucionaio desembocara en una revolución triunfante– la burguesía en el poder total, cambió las reglas del “juego electoral” permitido.

Por eso, en 1980 Pinochet incluyó en la Constitución -que elaboraban Guzmán y Alessandri– una Ley de Partidos Políticos y un sistema electoral –que dictaminaron que sólo dos agrupamientos políticos se repartieran los cargos parlamentarios y la presidencia. Garantizaron así –y así continúa– que el poder político posterior a Pinochet estaría repartido solamente entre dos conglomerados políticos, que seguirían garantizando la “gobernalidad” de la burguesía. Es el binominalismo.

En 1988 los norteamericanos exigieron que viajaran a Washington los dirigentes de la Alianza y de la Concertación. Ellos se debían comprometer a respetar la ruta constitucional elaboraba por la dictadura. Sólo así se autorizaría un plebiscito. Todos los invitados debían comprometerse a respetar el modelo neoliberal, el control empresarial y aceptar el derecho a veto del imperialismo, ante desvíos en la ruta permitida.

La Alianza le daba amplias garantías a Washington. La Concertación también le dio amplias garantías, porque el eje de la agrupación era la DC -que integraba la Internacional DC europea- y porque había cumplido un valioso rol con Frei padre, golpista reconocido y receptor de los miles de US$ que el imperio envió para derribar a Allende. El otro integrante era el Partido Socialista que, con la batuta de Arrate –que desplazó a Almeyda-, había renegado del socialismo y se había incorporado a la derechista Internacional Socialdemócrata europea.

Washington ha estado tranquilo con este pacto de la Concertación con la Alianza, que ha funcionado por 20 años y ha respetado la herencia pinochetista y los compromisos de 1988. Por eso, para los estadounidenses no existe un candidato peor o mejor en las elecciones presidenciales en Chile. A Obama y a la CIA, les da igual. El empresariado chileno ha manifestado lo mismo: Piñera, Frei y MEO dan amplias garantías: “los tres son empresarios con inversiones en el sector privado”. De Arrate, no se preocupan, es un renegado del socialismo que sólo junta votos de la izquierda despistada, para llevarlos a Frei en la segunda vuelta.

Por eso, las elecciones burguesas son ahora un circo, en donde a veces se renuevan los payasos. Suelen haber payasos más ingeniosos y graciosos, pero todos son mentirosos, porque prometen cosas que no van a cumplir, sólo para ganar votos de los incautos. En realidad, da absolutamente lo mismo quien gane, porque el modelo de explotación capitalista deshumanizado seguirá igual con cualquiera de ellos. Se puede decir que Alianza y Concertación “comen en el mismo plato”.

Con cualquiera seguirá igual o peor la dependencia del país. Los trabajadores pagarán siempre el pato en las crisis de la economía. Los grandes ricos no pierden nunca, los bancos tampoco, y, si pierden, el Estado corre a auxiliarlos con el dinero de todos los chilenos, para que se recuperen los pobrecitos. Los jóvenes hijos de los pobres de la ciudad y del campo, ¿ganan algo con que salga uno u otro candidato?. Los jóvenes de la empobrecida clase media, ¿ganan algo con que salga uno u otro presidenciable o parlamentario?. Absolutamente nada.

Los que hablan de “votar por el mal menor” y los que “vuelven a meter cuco con la derecha”, están engañando una vez más a los ingenuos o temerosos. Cualquiera que salga -da absolutamente lo mismo- igual gobernará para los ricos, para mantener el modelo neoliberal, para aumentar la dependencia de los gringos. Todos los candidatos están vendidos al modelo. Todos harán por igual un gobierno para la burguesía.

No hay diferencia tampoco entre los candidatos al Parlamento: da exactamente lo mismo. El 90% de los electos serán los mismos que calientan actualmente asientos, porque representan a la Concertación o a la Alianza, y ambas agrupaciones cogobiernan desde 1988 y son neoliberales todos ellos. Nada ha cambiado y nada los hará cambiar. En realidad, “no hay pan que rebanar”. Lo único que les queda a los trabajadores del campo y la ciudad, a los jóvenes que se han inscrito, es rechazar este circo electoral y anular en primera y en segunda vuelta. Hay que protestar anulando.

por Nicolás García

Secretario Político del Bloque Por El Socialismo Revolucionario
Ex subsecretario de la Copol del PS (1971-1973)

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