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Las dos estrategias de la derecha para salvar el modelo Guzmán-Pinochet

A varias semanas del bajón de Longueira, la derecha parece no tener respuesta unívoca para solventar la crisis política de la Alianza. Ni renovación Nacional, ni la UDI son capaces de sacar adelante una propuesta que reúna el consenso de militantes y simpatizantes de la derecha. Básicamente, no logran ponerse de acuerdo en el apoyo a la que hasta ahora es la única carta en la carrera presidencial. Evelyn Matthei es cuestionada por un importante sector de RN y eso se refleja en la postergación del Consejo Nacional de RN que debería ratificar el acuerdo de su Comisión Política en torno a este apoyo.

Pero no es el único aspecto visible de la crisis. También hay, y seguirá habiendo, nuevos movimientos en la nominación de candidatos a las elecciones parlamentarias. El más patético de ellos es el caso de Golborne, que luego de haber sido bajado de la carrera presidencial aparece ahora como una carta de triunfo para la UDI en el barrio alto de Santiago. Sin vergüenza ni escrúpulo alguno, el cuestionado ex ministro que se vio envuelto en casos de abusos a los consumidores y descubierto con activos en el paraíso fiscal de la Islas Vírgenes Británicas, es ahora un flamante candidato al Senado…, en el análisis de la UDI y en el del propio candidato, poco peso tienen para sus futuros votantes los escandalosos casos en los que está involucrado. A decir verdad, nosotros tampoco creemos que a los votantes del barrio alto de Santiago les importe mucho la presencia en el Senado de un personaje que abusa inescrupulosamente de los consumidores y que guarda su botín en paraísos fiscales. Muchos de ellos, seguramente, hacen o harían lo mismo.

Otro aspecto en el que se aprecian diferencias es el referido a la reforma del binominal. El punto no es menor, porque como ya sabemos, en este asunto Renovación Nacional tiene a su histórico aliado completamente aislado. Incluso el Presidente Piñera, que se apresuró a sugerir el nombre de Matthei como candidata de la Alianza, da una voltereta y se saca de la chistera un proyecto propio de reforma del cuestionado sistema.

Estos hechos reflejan la postura de unos y otros, dejando en evidencia una disparidad de criterios que no parecen tener una fácil solución. De hecho, no la tiene si lo que se quiere es mantener el bloque férreamente unido. Sin embargo, no es la ruptura total ni definitiva de sus solidaridades. Ya hemos señalado en otra ocasión en que aspectos la política de ambos partidos están indiscutiblemente unidos, por lo que sólo los nombraremos: servicios públicos, código del trabajo, explotación de los recursos naturales, política económica neoliberal, por ejemplo. En estos aspectos están y seguirán estando juntos. Ambos partidos defienden el modelo neoliberal, pero en este periodo, las diferencias están en el cómo defenderlo.

La estrategia de la UDI se basa en la lectura de que el mantenimiento del modelo es posible todavía con un fortalecimiento de la derecha en torno a sus propios ejes históricos. Aún cuando dan por perdida la elección presidencial de noviembre, no creen que la derrota electoral los borre de los sillones del Congreso hasta el punto de que la Nueva Mayoría sea capaz de generar un cambio constitucional que arrase con el modelo Guzmán-Pinochet. Se trata de una situación hipotéticamente posible, pero numéricamente poco probable, piensan en la UDI. Y si además se fortalecen las principales duplas ganadoras, no debería ocurrir la temida debacle. En consecuencia, no importa si la Matthei pierde estrepitosamente o no las elecciones presidenciales, lo central es mantener la fuerza en el Congreso para bloquear el desmantelamiento del modelo. No hacen falta por ahora, ni liberales ni democratacristianos.

Renovación Nacional, por su parte, no lo ve tan claro. Tiene una sensación de inseguridad manifiesta desde el día en que Bachellet dio un golpe de autoridad en las primarias. Si ese apoyo se repite en noviembre, el modelo estaría liquidado y sería el fin del delicado equilibrio con el que han mantenido en pie el modelo Guzmán-Pinochet durante casi un cuarto de siglo. Para eso, es necesario desplazar el eje de la defensa hacia el centro político (social, dirían algunos), que no es otra cosa que una maniobra para atraer a un sector derechista de la DC y arroparse junto a ellos en la perspectiva de modificar el menos problemático de los aspectos del modelo, sin llegar a poner en peligro el edificio completo: el sistema binominal. La razón es simple. Un escenario de debacle electoral para la derecha podría suponer una mayoría nueva en el Parlamento y en consecuencia, poner en peligro todo el modelo. RN no está dispuesta a correr ese riesgo.

Por último, al menos una parte la Democracia Cristiana no se siente segura en el nuevo escenario de la Nueva Mayoría: donde antes estaban a solas con sus socios radicales, socialistas o ppdeístas, ahora aparecen comunistas y, casi con toda seguridad, habrá una nueva bancada, muy particular, compuesta por jóvenes venidos de la luchas del movimiento social. El escenario preelectoral, con el sistema binominal como telón de fondo, parece favorecer la irrupción de estos nuevos actores y amenaza con dejar sin escaños en algunos distritos a candidatos de la DC y de RN.

Por lo tanto, hay un espacio político en el que convergen la estrategia de RN y los temores inconfesados del sector derechista de la DC. En este espacio se construye la tesis de que es mejor reformarlo ahora y así favorecer a las nuevas minorías en las que están a punto de convertirse estos dos partidos. Ambos se sienten incómodos en sus respectivos pactos políticos. Ambos se sienten inseguros en relación a la continuidad de sus posiciones en el Congreso. Ambos sienten amenazados los aspectos de fondo del modelo Guzmán-Pinochet. Ninguno quiere ser el pato de la boda del nuevo escenario que ha estado construyendo la movilización social.

Probablemente, se impondrá una solución de emergencia y compromiso en el seno de la derecha. Renovación Nacional dará un espaldarazo más o menos creíble a la candidatura de Matthei, pero no cejará en su empeño de desembarazarse de la carga más pesada en su mochila: su pasado antidemocrático, dictatorial, representado por la alianza con la UDI. Seguirá mirando a liberales y democratacristianos como sus aliados naturales, y buscará dar pruebas de buen comportamiento democrático para salvar lo esencial del modelo. Su sueño dorado es reconstituir un bloque que pueda llamarse con cierta hidalguía de centroderecha o incluso de centro a secas, para oponerse al acoso y derribo del que será objeto el modelo por parte de las nuevas mayorías y la movilización social. En algunos sectores de la Democracia Cristiana, esto no se ve tan mal.

El olor a calle se antoja difícil de soportar para el olfato de sus señorías.

 

Por  Patricio Hitschfeld Ruiz, licenciado en Historia UCV.

Fuente: Rebelión

 

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