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Presidenciales: Protagonistas y teloneros

12 aspirantes están sobre la tarima del espectáculo mayor de la política chilena 2013 [Este artículo fue publicado en la edición Nº141 de El Ciudadano, en abril pasado]

Llegó Michelle Bachelet y se inició de verdad la fiesta electoral del año. Pese a que toda proyección estadística y cualitativa cifra la verdadera disputa entre la derecha y la actual oposición, se instalaron postulaciones antisistémicas, liberales y provenientes de desprendimientos de la Concertación. Ya se instalan los sentidos que se le imprimen a cada postulación para el sillón grande de La Moneda.

Con la llegada de Bachelet se inició de verdad la fiesta electoral presidencial 2013. Faltaba la protagonista de primera línea para completar la puesta en escena del espectáculo político mayor que vivirá el país durante los próximos meses y que tendrá su peak más alto el domingo 17 de noviembre y si hay segunda vuelta, el 15 de diciembre.

Hasta ahora subieron a la tarima, además de Bachelet (Partido Socialista/Partido por la Democracia), José Antonio Gómez Urrutia (Partido Radical Socialdemócrata), Claudio Orrego Larraín (Democracia Cristiana), Andrés Velasco Brañes (Independiente), Andrés Allamand Zavala (Renovación Nacional), Laurence Golborne Riveros (Unión Demócrata Independiente), Marco Enríquez Ominami (Partido Progresista), Roxana Miranda Meneses (Partido Igualdad), Marcel Claude Reyes (Independiente), Franco Parisi Fernández (Independiente), Gustavo Ruz (Movimiento por la Asamblea Constituyente) y Tomás Jocelyn-Holt (Independiente).

Cada una y cada uno está poniendo lo mejor de sí -y de sus equipos, partidos e idearios- para que su mensaje e impronta llegue a las y los ciudadanos y aspirar a obtener las simpatías que, en este caso, se conviertan en votos y posicionamiento nacional. Pero lo cierto es que en esta fiesta -para pesar o no de algunas y algunos- las reglas ya están trazadas desde 1980 con la Constitución impuesta por los militares, por las condiciones financieras que son claves para una campaña, por el papel de los medios hegemónicos y otros factores como la potencia/base electoral de los partidos, lo que apunta a que hay candidatas y candidatos con reales opciones de ser protagonistas y otras y otros que juegan un rol de teloneros.

Ninguna proyección analítica o estadística indica lo contrario: venciendo en primera o en segunda vuelta, la o el Presidente de la República que asumirá el 11 de marzo del 2014, saldrá de la derechista Alianza o de la alianza que se genere en el actual arco opositor y que podría incluir los cuatro partidos de la Concertación, el Partido Comunista, Izquierda Ciudadana y quizá al MAS. De tal manera que los papeles protagónicos, hasta ahora, residen en Michelle Bachelet, Andrés Allamand y Laurence Golborne.

Los demás, hasta la fecha, son teloneros del recital mayor. Claro que, como ocurre en estas lides, pueden aguar o malograr la fiesta, y contribuir o des/contribuir a que una o uno de los protagonistas les salga bien o mal el show final y quede calificado o descalificado. El ejemplo a la mano es el 20% de Enríquez/Ominami el 2009, decisivo, según prácticamente todo los análisis electorales, en la derrota del concertacionista Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

En ningún sondeo serio (realmente serio) candidatos distintos a los de la Alianza y Michelle Bachelet pasan los dos dígitos (en la CEP, Enríquez-Ominami llega a los dos dígitos cuando no se contabiliza a Bachelet y Allamand hace lo propio cuando aparece compitiendo contra ella, sin Golborne), varios no han superado los dos puntos y otros ni siquiera figuran en alguna estadística (aunque hay casos que no fueron considerados en las últimas encuestas). Varios tienen en ascuas su candidatura por trámites legales/electorales que deben cumplir para ser candidata o candidato (las más de 40 mil firmas) o enfrentan factores como escasos recursos financieros o bajo arraigo electoral tangible.

Así que los focos y sus luces se están enfocando en la aspirante de la oposición y en los dos postulantes del oficialismo.

Ahora bien, el telonero tiene siempre un propósito. Como en los grandes espectáculos es reconocido y descubierto por las multitudes, puede llegar a opacar a los protagonistas, lograr posicionarse para futuras fiestas y conseguir instalarse como actor en la escena nacional. Logros u objetivos no menores en varias candidaturas de este 2013. Es decir, cumplir el rol de telonero no es sinónimo de menoscabo o subestimación. Sin descartar que ocurra el milagro.

TELONEROS CONCERTACIONISTAS

“Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”. Bajo esa premisa, se podría decir que en las primarias presidenciales opositoras del 30 de junio, cualquiera de los que compita puede ganar. Sin embargo, los números y análisis -más allá de las reflexiones de los involucrados y sus colectividades- indican que la triunfadora será Bachelet por encima de Gómez, Orrego y eventualmente Velasco si participa en ese proceso. Esto sería más seguro aun si el Partido Comunista, la Izquierda Ciudadana y otros sectores terminan por respaldar a la ex Presidenta.

La situación la representó el personero concertacionista José Antonio Viera-Gallo en entrevista de El Mercurio: “Me cuesta entender que se desafíe a una candidata tan popular. No les resto legitimidad, tienen todo el derecho a hacer sus planteamientos”, pero…

Como sea, producido ese episodio, los tres posibles perdedores no lo serán del todo; jugando de teloneros habrán posicionado sus liderazgos e idearios, habrán reforzado la presencia de sus partidos y habrán generado apegos y respaldos en cierta base política, social y electoral. Por lo demás, al menos en el caso de Gómez y Orrego, terminarán escoltando a la gran protagonista. Velasco derrotado en primarias quedaría a la deriva… aunque a pesar de todo lo dicho y hecho, se podría sumar a Bachelet y su show continuaría.

En este caso además, las primarias preceden la función más esperada y le pavimentan el camino a la protagonista, legitimándola con un primer triunfo. En ello son esenciales, sean cuales sean sus objetivos, los teloneros, como acompañantes del inicio del show mayor. Un cuadro en que siempre la reina del espectáculo es Michelle Bachelet. Quizá una razón para mostrarse más que entusiasta en participar en las primarias.

En el caso de la derecha todo está por verse porque es una pugna entre dos protagonistas que, pese a estar bajo en las encuestas y representar entre otras cosas la continuidad de un gobierno mal evaluado y de dudosa gestión, compiten realmente entre sí. Nadie se atreve hoy a señalar si vencerá Allamand o Golborne (salvo sus más cercanos partidarios), aunque hay que decir que el aspirante de la UDI lleva ventaja en los sondeos. Lo claro es que todo apunta a que uno de los dos será la primera comparsa de Bachelet en el gran espectáculo del 17 de noviembre.

PROYECCIÓN U OCASO

Ninguna ni ninguno de los otros candidatos va a reconocer que tiene bajas o nulas posibilidades de ganar la elección presidencial 2013.

El PRO, acompañado de grupos como los Socialistas Allendistas, ya decidió en una instancia formal, que su candidato presidencial Marco Enríquez-Ominami, va a primera vuelta, lo que significa que no negociará acuerdos con otros sectores y que tiene la confianza en que su aspirante puede ganar. Para ello tienen que doblar la votación del 2009 o un poco menos para estar en la carrera por la segunda vuelta. Sería un hecho inédito en la historia electoral chilena.

Independiente del contenido de sus planteamientos y la justeza de sus miradas, es muy improbable que pasen a segunda vuelta o ganen candidatos como Roxana Miranda del Partido Igualdad, Marcel Claude (pese al respaldo del Partido Humanista), Franco Parisi (con el apoyo de segmentos liberales), Gustavo Ruz y Jocelyn-Holt que ya fue abandonado por ChilePrimero.

¿Bola de cristal? Simplemente así lo señalan los sondeos, los análisis electorales, los datos de la base electoral de esos candidatos, los porcentajes de los partidos o sectores que los respaldan, las reflexiones políticas de diversidad de observadores y los datos de las últimas elecciones municipales.

Otra cosa es que, siendo telonero, se piense y se diga que se le va a arrebatar la función grande a los protagonistas de la fiesta. Y a ello nadie está obligado a renunciar.

Hay posiciones como la de Roxana Miranda expresada en entrevista con reporte.cl, donde declaró que “no participar en las elecciones es renunciar a esta oportunidad de visibilizar a los movimientos sociales, sus demandas, sus planteamientos, sus proyectos”. Marcel Claude dijo en Radio Universidad de Chile que “apostamos a crear una tercera fuerza y en caso de segunda vuelta, no vamos a traspasar nuestros votos a nadie”. En un documento, la candidatura de Gustavo Ruz apunta a que “aunque la normativa vigente en materia electoral está plagada de trampas y restricciones, utilizaremos este escenario para reivindicar los derechos de soberanía popular y de autodeterminación de los pueblos de Chile”. Son candidaturas desde la izquierda y el anti/neoliberalismo y rechazan cualquier acuerdo con la Concertación.

Parisi y Jocelyn-Holt jugarán un rol de competencia liberal y comunicacional, topándose probablemente con los aspirantes de la derecha o con Enríquez-Ominami.

Lo que parece claro es que, a diferencia de elecciones pasadas, prácticamente ninguno de estos teloneros estará dispuesto a llamar a votar, si hay segunda vuelta, por Bachelet o el candidato de la derecha.

Una clave para esas candidaturas, y donde podría radicar su triunfo o derrota (más allá del resultado electoral general) es si lograrán tener proyección (incluidas sus organizaciones) o vivirán el ocaso. Quizá allí estribe su real y concreto desafío.

SENTIDO DE CANDIDATURAS

Los planteamientos hechos por Allamand y Golborne apuntan a un factor supremo: demostrar que la derecha puede seguir en el gobierno, que la Alianza puede ser reelegida al frente de La Moneda. Lo contrario será el fracaso estrepitoso de un objetivo estratégico que, ya lo señalaron diversidad de analistas, llevará a un re/diseño de la derecha chilena, de lo cual hablaron Jovino Novoa, Rodrigo Hinzpeter, Juan Manuel Ossandón y personeros de los institutos Libertad y Libertad y Desarrollo.

Los aspirantes presidenciales de la derecha tienen en sus manos el re/encantar a un electorado que se siente defraudado con la oportunidad que le dieron a RN y la UDI de gobernar y gestar un sentido de administración que, hasta ahora, tiene el sello de “la letra chica” y de lo insuficiente (por mucho que apelen a los déficit de la Concertación). Prueba de ello, por ejemplo, es el reporte de La Tercera en que se colocan indicadores económicos y laborales favorables al gobierno de Sebastián Piñera y desfavorables a Michelle Bachelet; pero ella tiene la más alta aprobación de la ciudadanía.

En ese diseño los aspirantes de la derecha recurren a elementos exógenos al programa duro. Allamand a cuestiones valóricas y de minorías (propiciar las “uniones civiles”, bono a embarazadas adolescentes) y Golborne se coloca por encima de los partidos y de las figuras tradicionales (“he visto el distanciamiento con la política”), apela a la clase media (recalcar que proviene de Maipú) y su impronta de “las personas nos importan”.

Michelle Bachelet planteó como elementos centrales de su postulación convocar “a una nueva mayoría política y social”; “vencer la desigualdad”; generar “un nuevo consenso” en el país; y tener un programa que “tenga el sello de la ciudadanía”. Partió haciendo un esfuerzo declarativo de que no se trata de “más de lo mismo” y que está ofreciendo algo distinto a lo que vino desarrollando la Concertación. Apela a dos factores: mostrar una candidatura apegada a la ciudadanía y abierta a más sectores políticos representados en la Concertación.

Los teloneros son la elocuencia de una realidad. En eso encuentran su sentido. Representan los quiebres y desprendimientos en la Concertación (Enríquez-Ominami, Velasco), el pensamiento y el sentimiento de sectores de izquierda y antisistémicos (Miranda, Ruz y Claude), a liberales incómodos (Parisi), o incluso pretensiones personales sin mayor anclaje programático o ciudadano (Joceyl-Holt).

Finalmente, en esta fiesta político/electoral, protagonistas y teloneros interpretan idearios e imaginarios del país. Sin desconsiderar a amplios sectores que no participan del espectáculo y no concurrirán a la fiesta, un factor no menor porque lo peor que les puede pasar a los grandes protagonistas y a los esforzados teloneros es que sea alto el porcentaje de quienes no concurran a su representación. Y una fiesta donde el recinto no se llena, es una fiesta cuestionada.

Por Hugo Guzmán Rambaldi 

El Ciudadano Nº141, abril 2013

Fuente fotografía

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