Un recorrido por las organizaciones libertarias de Santiago

Motivados por la falta de profesionalismo de los grandes medios para tratar el fenómeno anarquista en nuestro país –producto de una mezcla de ignorancia con intencional tergiversación- decidimos iniciar la entrega de documentos que satisfagan el derecho a la información de las y los ciudadanos

Por Wari

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Actualidad / Política

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Motivados por la falta de profesionalismo de los grandes medios para tratar el fenómeno anarquista en nuestro país –producto de una mezcla de ignorancia con intencional tergiversación- decidimos iniciar la entrega de documentos que satisfagan el derecho a la información de las y los ciudadanos. La semana pasada comenzamos con el relato de un actor directo del quehacer libertario en Concepción; esta semana seguimos con el aporte de una “tribu” santiaguina.

A lo largo de la historia de Chile se han desarrollado ciertas manifestaciones ideológicas, que, poco a poco, debido a diversos hechos, han adquirido fuerza. Es el caso de los grupos con ideologías anarquistas, quienes van constituyendo una nueva identidad social desde comienzos de la década de los noventa, exponiendo sus propias ideas en relación al contexto histórico.

Hoy quisiéramos hacer un breve análisis acerca del desarrollo que las organizaciones anarquistas hasta el momento.

Si bien la primera organización fue la “Coordinadora Anarquista”, formada en los inicios de los años noventa, sólo fue en el año 92 -fecha en que se conmemoraron los 500 años del “Descubrimiento de América”-, que ésta se rearticuló con mayor fuerza.

Ese día, una multitud de hombres y mujeres salieron a las calles a protestar, siendo un elemento clave en esta manifestación la presencia de un gran número de jóvenes punk y de grupos anarquistas, quienes entregaron folletos y artículos, potenciando la movilización. Desde ese día, se crearon diversas organizaciones de ideología anarquista y se abrió un camino que había sido vetado por la dictadura militar.

“Recuerdo que en aquella manifestación estaban las organizaciones indígenas, los punk y gentes que no eran punk, pero que andaban con banderas anarquistas; para mi fue súper alucinante que la palabra anarquía tuviera un significado en términos organizativos y también histórico y desde ese momento tomé conciencia de que más que una palabra había una historia, una ideología y que también habían organizaciones aquí en Chile”(1).

Uno de los principales y más conocidos asistentes de aquella manifestación fue el anarquista José Ego-Aguirre, conocido como el “Viejo Ego”, que fue desde un obrero de las pampas salitreras -y amante de la pintura- a un luchador que difundió en la calle día a día la ideología anarquista, logrando organizar a pequeños colectivos que se mantuvieron vivos. Algunos, por muy poco tiempo, pero desde los cuales nacieron jóvenes llenos de inquietudes y deseos de hacer del anarquismo la idea que guíe las luchas populares.

Palabras de Ego-Aguirre: “El hombre, el ser humano, nace innato anarquista, pero entre la escuela, la política y el sistema estatal, les cambian el cerebro y lo toman como un instrumento del sistema (…) para mí todas las personas son iguales (…) El anarquismo es ausencia de gobierno (ausencia de explotación) del hombre por el hombre; si el hombre no puede ser gobernado por otro hombre, tienen que los dos combinarse (…) ponerse de acuerdo para desarrollar una obra, y esa obra que sea en servicio de toda la comunidad; ese es el anarquismo” (2).

Por esos años comenzaron a llegar al ex Pedagógico y a la Universidad de Chile, sujetos aislados con ideologías libertarias, quienes venían de una lucha antidictatorial. Fue desde allí donde comenzaron a converger otras organizaciones, pero que en un comienzo sólo quedaron en el grupo de amigos que tenía los mismos ideales.

De la Coordinadora Anarquista nació el Colectivo Libertario de Comunicación (Colico), aproximadamente por el año 91, quienes tuvieron como objetivo publicar y difundir material anarquista; son ellos quienes editaron las publicaciones: Lakra, Antídoto e Insubordina.

ANARCOPUNKS

A finales de 1993 nació la “Organización Anarcopunk”, conformada por la banda punk “Los Burgueses” y amigos cercanos; agrupaba a jóvenes que llegaban a la feria de Santa Lucía. “Las primeras actividades estaban orientadas a solidarizar con los presos políticos, de principios de la era concertacionista y que continuaban en prisión debido a las maniobras de la dictadura saliente. Otros sujetos con los que solidarizaban eran los mapuche, quienes toleraban sólo la bandera negra anarquista en sus actividades” (3).

Derivado de esta organización se formó la “Coordinadora de Bandas Punkies”, entre las que se encontraban “Los burgueses”, “Faltan moneys”, “Arkólicos anónimos”, “Bastardos sin nombre” y “Represalia”, con el objetivo de realizar tocatas en los sectores populares de Santiago y comenzar a difundir la ideología libertaria.

“También se realizaron actividades contraculturales que denominamos ‘Tour Marginal’ y que consistía no sólo en la presentación de bandas punk, sino que también participaban grupos de hip hop, se pintaban murales y se leían declaraciones a favor de la libertad de los presos políticos y la causa del pueblo mapuche. Gran parte de estas actividades se llevaban a cabo en sectores de la periferia santiaguina, como Pudahuel, Cerro Navia o Lo Prado, por nombrarte algunas comunas. Entre las novedades propias de este proceso puedo destacar el hecho de que muchas de las bandas punk ya asumían en sus letras temas de carácter político y social y había una identidad con los procesos revolucionarios instalados en la selva Lacandona; la imagen del Subcomandante Marcos encapuchado va desplazando al Che como ícono. Fue una gran experiencia, puesto que nos permitió valorizar la importancia de organizarnos. De ahí a la organización de carácter político sólo restaba un paso y lo dimos” (4).

Ese mismo año, el Viejo Ego comenzó a organizar, a las faldas del cerro Huelén (Santa Lucía) a un grupo de jóvenes punk, lo que conllevó a formar la “Red Anarquista”. Desde ese mismo grupo salieron algunos que luego formarían en el año 95 la “Federación anarquista de Santiago”. Ésta estaba constituida por colectivos como “Coyotes Rabiosos”, desde donde se creó una editorial que se llamó “Antares”, con el fin de editar algunos afiches y libros. Finalmente, esta federación se disolvió en diversos colectivos.

Anterior a esta coordinadora, surgió a mediados del 91 la “Coordinadora Anarquista Estudiantil” (CAE), que editó El Duende Negro (publicación con una línea editorial que reforzaba más la reflexión teórico-práctica que la simple propaganda “reciclada” que poseían muchos pasquines vistos hasta ese momento). Algunos de sus miembros tuvieron activa participación en la Federación Anarquista de Santiago. En este grupo coexistían secundarios y universitarios; los primeros provenían de organizaciones antimilitaristas, como lo que fue el Cosmo (Colectivo contra el servicio militar obligatorio); los segundos, desde distintas historias, incluyendo la Coordinadora Anarquista. Cuando se disolvió, nació la “Milicia Anarquista Luis Olea” (Malo), que continuó editando El Duende Negro y que, una vez disuelta, devino en el proyecto de construcción cultural anarcopunk denominado Masapunk.

En el año 1994 se creó la primera “Federación Anarquista Libertaria” (FAL), centrada en las protestas callejeras en el “Cordón Macul”, desde donde se agrupaban dos colectivos: “Estigma”, perteneciente a estudiantes de la Universidad de Chile y “Columna Negra”, estudiantes del ex Pedagógico. Aquí participaban jóvenes anarquistas, otros que habían sido cercanos al movimiento juvenil Lautaro y de otras tendencias de la izquierda revolucionaria. A pesar de ser una federación que proclamaba entre sus líneas la ideología anarquista, entre sus objetivos no mantenía una línea clara; eran el residuo de antiguos referentes del ámbito universitario del sector Macul, como “La Vanguardia” y la “RAE” (Resistencia Autónoma Estudiantil).

La potencia de la FAL estaba en la lucha callejera y en el entusiasmo, pero al no tener una proyección política clara, se disolvió. De los vestigios de aquella experiencia y con la suma de elementos que formaban parte del “Morui” (organización de tendencia marxista), surgió la “Coordinadora Revolucionaria del Pedagógico” (CRP), en la cual se articularon estas dos tendencias; una, marxista y, otra, casi anarquista, se podría decir, ya que no existían discusiones teóricas; sólo se acordaba cómo salir a la calle y el contenido de los panfletos. Este grupo asumió su radicalidad y violencia; desde aquí se editó el boletín El Francotirador, que ya tenía vida desde los Morui. Luego, estos mismos actores sociales comenzaron a cambiar sus formas de lucha y a definir objetivos más claros.

INSURRECCIONALISTAS Y ORGANIZADOS

Esto conllevó a una división dentro de las filas del anarquismo. De la CRP emigró un grupo que formaría, en una primera etapa, el Sindicato de Estudiantes del Pedagógico y, posteriormente (con mayor consistencia), el CAE (2.0 se podría decir) –“Coordinadora Anarquista Estudiantil”. En esta última convivían una mayoría anarquista y una minoría trotskista; lograron un Centro de Alumnos en la carrera de Castellano, sumaron mayor presencia asamblearia y un discurso bastante más consistente y dialogante con otras fuerzas revolucionarias de la época, como el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER) y la ENU.

Desde aquí se comenzó a percibir una cierta distinción dentro del movimiento anarquista, una línea subversiva (o insurreccionalista si se quiere) y la segunda, la colectivista (o autodenominada “anarquismo organizado”, por priorizar la claridad teórico-política). Podemos destacar entre los grupos “violentistas” al CRP ya nombrado, y a “Motor Rebelde”, quienes rescataban la supuesta radicalidad del anarquismo y el horizontalismo históricamente desarrollado por los anarquistas.

Podríamos decir que durante la primera mitad de la década de los noventas, las agrupaciones eran sólo estudiantiles; no existía un trabajo sólido de fondo con poblaciones, como son el caso de algunas de las organizaciones que trabajan hoy en día o que nacieron a finales de los noventas.

De la disolución de la Federación Anarquista de Santiago habían surgido distintos colectivos, habiendo experiencias que también eran transversales y en la que confluían elementos que desarrollaban también trabajos paralelos. De esto surgió un grupo llamado “Bandera Negra”, quienes buscaban generar un discurso político más o menos igualitario, que estuviera respaldado por una educación militante libertaria. Pero las diferentes lecturas de cómo debía ser una organización llevaron a la muerte de ella.

Luego, cerca de los últimos días de noviembre de 1999, nació uno de los grupos más interesantes en términos de organización, el “Congreso de Unificación Anarco-Comunista” (Cuac) (5). Esta agrupación editó un boletín oficial –Alerta– y otro orientado hacia la labor sindicalista llamado Despabila, de gran influencia entre los trabajadores de la CCU, Costa y del supermercado transnacional Carrefour. Uno de sus militantes fue el responsable de continuar con la publicación de Hombre y Sociedad, revista impulsada durante mucho tiempo por Ego-Aguirre. El congreso se realizó en función de la crítica a las formas organizativas del anarquismo en los años noventa, y su escasa incidencia en el mundo social, derivando en la idea de instalar las formas teóricas y organizativas en el seno de la sociedad, táctica que denominaron “inserción social”.

Al mismo tiempo y desde aproximadamente el año 97 existía la “Organización Libertaria ¡Ja!”, que participó en las instancias iniciales del congreso, pero que continuó su labor de forma independiente, circunscrito principalmente a la Universidad Católica de Chile, publicando la revista La propiedad es un robo.

Un colectivo que cobró importancia, por la maduración de su proyecto, fue el antes mencionado sello musical “Masapunk”, que se transformó en un referente en la politización del punk.

“Formado por gente que se encontraba ligada a organizaciones anarquistas con una tradición, este colectivo tenía una práctica política más fuerte y tenía un discurso político que tiene que ver con la llegada del Internet, que se puede tener más contacto con gente que había vivido experiencias hace muchos años, y, desde ahí, se tiene una conciencia de que esto no es algo nuevo, sino que siempre ha estado con el nacimiento del punk rock. Es así que ellos toman un espacio que ninguna ideología había sido capaz de promover, nadie había podido plasmar una mirada libertaria y una mirada que contaminara el universo de cosas que se estaban haciendo. Esta organización nos enseña que existe una forma de organizarse, de hacer las cosas por uno mismo”(6).

“INSERCIÓN SOCIAL”

Así se fue constituyendo una nueva identidad colectiva sobre la base de valores compartidos a través de una identificación ideológica, desarrollando estrategias de acción a través de las que actuaron al margen de las políticas institucionales que, en esa época, no contemplaban las problemáticas juveniles. Surgieron así numerosos colectivos o grupos organizados que solían participar de actividades de resistencia anticapitalista, manifestaciones que tenían como fin ejercer presión ante las instituciones del Estado, por solidaridad con los presos políticos chilenos y mapuche; por los derechos indígenas; en contra de la destrucción del medio ambiente, por los derechos humanos y otros.

Entre los que encontramos “Coomunitancia”, colectivo que surgió con elementos que fueron parte de la Coordinadora Autónoma Estudiantil –CAE- del Pedagógico y algunas individualidades provenientes del ecoanarquismo y que, posteriormente, estarían en la fundación del Cuac; “Fuerza Libertaria”, que fue un pequeño colectivo de estudiantes secundarios de tendencia anarquista; “Apoyo Mutuo”, de las mismas características, y que algunos de sus militantes se integraron más tarde al Cuac; “La Idea”, un colectivo del sector poniente de Santiago y constituido principalmente por estudiantes secundarios, y el “Movimiento Ni Casco Ni Uniforme”, de carácter antimilitarista.

Derivada del Cuac nació la “Organización Comunista Libertaria” –OCL-, producto de una larga discusión dada por sus militantes entre los años 2004 y 2005, y que organiza su accionar político en función de lo que denominaron “inserción social”, a través de frentes político-sociales, del cual destaca el FEL –“Frente de Estudiantes Libertarios”-, presente en varias universidades de regiones principalmente. Como hito importante se estableció el hecho de que en la VIII Región fueron parte de la dirección de las federaciones estudiantiles y tuvieron una fuerte presencia en la Universidad de Chile en Santiago y en la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso.

Por otro lado, la OCL también intervino en diferentes luchas sociales de pobladores sin casa y deudores habitacionales, formando parte de “Andha-Chile” entre los años 2006 y 2007, en un comienzo, para luego organizar un frente temático propio a favor de las reivindicaciones del derecho a la vivienda.
Por último, es importante analizar el movimiento “Okupa”, desde el 2000, como parte del movimiento libertario, por lo cual dejaremos este documento como un estudio no terminado, dejando pendiente la segunda parte del recorrido de las organizaciones libertarias.

NOTAS:

(1) y (6) Cristian, ex miembro del Congreso de Unificación Anarco-Comunista (Cuac). Ex integrante de las bandas hardcore punk hoy disueltas: Disturbio Menor, Canutos Presos, Pornostalgia y Normales.

(2) Machado, N. “José Ego-Aguirre. Un anarquista en la región chilena”. En www.nodo50.org

(3) y (4) Ángel, ex miembro del Congreso de Unificación Anarco-Comunista (Cuac) y ex miembro de la Coordinadora de Bandas Punk; principios de la década de los 90.

(5) Fundado en noviembre de 1999 en Santiago de Chile en el local de Fetracoma (Federación de trabajadores de la construcción, madera y afines), por miembros de diversos colectivos anarquistas.

Por Bea and her boys

Revista Cruzpalcielo (Invierno 2008)

El Ciudadano


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