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A la izquierda de la “izquierda”. Por eso voto nulo

La izquierda participa en las elecciones para “reformar” el sistema controlado por la “derecha”, para la inserción de ambas como alternativas dentro del mismo sistema.

Cambia todo cambia… Así decía la letra de una canción. Cambian las personas, cambian los escenarios políticos, cambian los contenidos ideológicos, cambian los objetivos estratégicos, cambian las métodos de lucha; como siempre los procesos y los actores dentro de éstos son los mismos (candidatos, un mismo sistema, adherentes, retractores).

Más o menos así va la cosa -si quiere le agrega mas actores al show: La “izquierda”, por un lado, y la “derecha” por otro. Están en constante guerra, la dinámica es así, así funciona en procesos eleccionarios y de no darse aquello seria un error, esa es la fórmula de darle entender a los votantes de la existencia de alternativas diferentes cuando en la realidad no las hay, todos defienden el mismo modelo.

Están en esa falsa guerra permanente no ya por la resolución de un orden nacional de bloques enfrentados como “sistemas ” diferenciados, sino por el control del gobierno del sistema capitalista vigente como “mundo único”.

No se trata de una guerra excluyente por la eliminación del contrario (izquierda comunista vs. derecha capitalista), sino de una competencia política para imponer proyectos alternativos dentro del mismo sistema.

Ni la izquierda coyuntural es “revolucionaria” ni la derecha es “contrarrevolucionaria”: Ambas son la expresión del mismo sistema capitalista sólo diferenciado por el discurso.

No debemos caer en el juego mediático de utilizar la calificación de “izquierda” entendida en los parámetros de aquella izquierda que participa en las elecciones y llevan candidatos como un enfrentamiento entre el sistema capitalista y el sistema comunista, sino en los términos de “reformar” el sistema controlado por la “derecha”.

De la misma manera se utilizan y califican las posiciones de izquierda (como expresión de “progresismo y democracia”) contra la derecha (como expresión de “retrógrado y fascista”), en los términos de la inserción de ambas como alternativas dentro del mismo sistema.

Esto ocurre en todos los países del mundo aun cuando pinten para gobiernos revolucionarios y claro los cambios son lentos y después de lo sucedido en Chile y de un golpe de estado fraguado por la derecha pura y los que intentan descuadernarse de aquello como la DC. Pero en esencia la misma derecha ha de ser un ejemplo para las demás naciones extranjeras.

Llevado esto mismo pero al marco internacional, la lucha entre naciones trata de un reposicionamiento de la “Guerra Fría”, ya no entre dos sistemas opuestos (el capitalista y el comunista) sino entre potencias capitalistas que se disputan la hegemonía del poder mundial. La antigua “Guerra Fría” de la URSS con EEUU (y el bloque aliado de naciones capitalistas) era principalmente por áreas de influencia militar y política: el sistema comunista vs. el sistema capitalista occidental.

Como consecuencia irradiadora, en el mundo y en los cinco continentes confrontaban “dos sistemas”: la “revolución socialista” por vías del poder armado, o del poder político (exportada por la URSS), y la “civilización capitalista de libre mercado” (exportada por EEUU y sus aliados). Con la caída, derrota o desaparición de la URSS (tomado punto de referencia geopolítico y logístico de la “revolución socialista” y de sus movimientos armados) desaparece en el mundo el sistema comunista, y de esta forma el sistema capitalista occidental de “libre mercado” ingresa al nuevo “orden mundial” convertido en sistema hegemónico unipolar liderado por EEUU como potencia impulsadora.

Chile no es la excepción a esa regla sobre todo si consideramos que la coalición gobernante está compuesta entre otros por los Demócratas Cristianos (Pro-golpistas), y un Partido Socialista totalmente renovado que ha hecho las paces de espalda al pueblo con los capitales nacionales y los transnacionales.

Por lo tanto, a la contradicción fundamental de la “guerra ínter-sistemas” (comunismo vs. capitalismo), le sucede la “guerra ínter-capitalista” por áreas de influencia y de control de recursos productivos y de mercados, dentro de un mismo sistema.

Es así que hoy los conflictos sociopolíticos ya no se desarrollan en el radio de influencia de “sistemas diferentes” sino como contradicciones económicas, políticas y sociales de un “sistema único”: el capitalismo de libre mercado nivelado como “única civilización” para todos.

En consecuencia, y tras la caída de la URSS y de los movimientos revolucionarios armados, el mundo gira (o lo hacen girar) hacia la derecha del Imperio, o hacia la izquierda del Imperio. Rondamos por lo tanto entre la derecha y la izquierda del Imperio sin querer tocarlo para que no se desarme la casita de naipes.

La nueva “izquierda democrática” en chile y bajo lo expuesto anteriormente ha subvertido el significado histórico y funcional de la palabra “Izquierda”: Ser izquierda ya no es querer cambiar el sistema capitalista, sino adaptar el discurso de izquierda al sistema capitalista. Su ideología es “reformista” (comprendida dentro del sistema capitalista) y no revolucionaria. No es anticapitalista, sino crítica al capitalismo de derecha al que quiere sustituir en el gerenciamiento del Estado capitalista. No lucha para derrocar al sistema capitalista, sino para derrotar a la “derecha” que administra el sistema capitalista.

Como resultante, esta “izquierda” y derecha son complementarias (dentro de las estrategias de control del sistema capitalista) y se articulan como una “alternativa” dentro de lo mismo. La izquierda asimilada plantea una “guerra” no ya en los términos de una revolucion socialista para el país y derrotar la derecha de EEUU y el bloque occidental, sino en los términos de la guerra entre un capitalismo “democrático” y un capitalismo “fascista” y militarista.

Así esta nueva “Izquierda” se asimila dentro de la nueva estrategia de dominio “democrático” y del “Estado trasnacional” exportados desde Washington directamente a Chile y sin escalas, la “izquierda democrática”, sigue los parámetros de la lucha contra el “militarismo” y la “derecha” de la década del 70, sin los objetivos concretos de toma del poder que guían a la verdadera izquierda revolucionaria. Esta nueva izquierda vive mentalmente, en el escenario ideológico de los militares de la “doctrina de seguridad nacional”, mientras Washington (en un claro desfasaje histórico) ya no domina con los militares sino con elecciones, políticos y un orden blindado basado en el respeto al “orden constitucional”.

La izquierda (asimilada a la filosofía del “único mundo posible” y ya no “otro mundo es posible”) ya no piensa el mundo en función de la guerra a muerte para terminar con el sistema capitalista (el dueño del mundo), sino en función de terminar con la “derecha” dentro del marco del mismo sistema. Por lo tanto, la nueva izquierda y sus teóricos carecen de una visión totalizada y actualizada de la estrategia de dominio (y del control de la “gobernabilidad”) que utiliza el Imperio capitalista para concretar sus objetivos de conquista de mercados y de apoderamiento de recursos vitales a escala global. Por lo tanto, la única diferencia existente entre un “gobierno de izquierda” y otro de “derecha”, es el discurso cargado de “ideología” (desfasada de la realidad) y sin aplicación práctica en el presente en que vivimos, acorde a nuestras necesidades como clase y carente totalmente de un discurso libertario.

¿Es malo ser de izquierda y estar de acuerdo en llevar candidatos a las elecciones?

Según mi punto de vista no lo es, lo malo es proponer un capitalismo asistencialista de rostro más “humanizado; el tema en sí no son las elecciones propiamente tales, pues todos los espacios que nos lleven a avanzar al socialismo hay que ocuparlos como una táctica que apunte a una estrategia coherente con nuestra clase y con nuestra lucha. De ahí la importancia de tener un candidato que sea fiel reflejo de un verdadero cambio que nos encamine hacia el socialismo verdadero. Lo malo es pertenecer a la izquierda asimilada al capitalismo (el “progresismo” democrático capitalista), y simular una pertenencia a la izquierda anticapitalista revolucionaria (enemiga excluyente del sistema capitalista).

Lo alienante (y más allá de las posibilidades de existencia que hoy tendría) es hablar de una “revolución de izquierda”, cuando claramente la izquierda o autoproclamada izquierda (Concertación y aliados) se han convertido en la más férrea defensora de la “democracia”, la “paz” y el “orden constitucional”, los pilares esenciales de la “gobernabilidad” del sistema capitalista.

Cualquier “tercera posición” frente a esta alternativa dualista (Derecha o izquierda) es descalificada inmediatamente como “conspirativa-infantilista”: Fuera del espacio de la “izquierda” o de la “derecha” (la antitesis oficial aceptada) sólo existe la crítica “sin propuestas y sin trinchera”, como califican los teóricos “progresistas” a la posición de los que definen a la izquierda y a la derecha como alternativas de lo mismo dentro del sistema capitalista.

En resumen, los que no toman partido por la “izquierda” o por la “derecha” somos los loquitos, los extremistas, los infantilistas… Mismo concepto con el que tachan hoy a Miguel Enríquez… Supongo que el Che también lo era…

Por eso Voto NULO

UNA ELECCIÓN MÁS A FAVOR DEL CAPITALISMO

En el actual sistema capitalista que ha avanzado a escala global y deshumanizada tan propio del neoliberalismo, Chile al igual que otros países hemos sido presos de esta forma de capitalismo.

Si bien vivimos en la llamada democracia -no olvidemos que siempre burguesa-, los únicos que parecen o no se enteraron que seguimos con el mismo modelo es la dirección del PC y su militancia; hoy en forma de táctica se unen con los sostenedores del modelo poniendo así fin a las luchas revolucionarias por el cambio de sistema. La dirección del PC sería algo así como los nuevos teóricos y dirigentes de la “nueva izquierda”, esta izquierda que ya no lucha por echar abajo el modelo capitalista y sustituirlo por uno socialista; más bien han adecuado el marxismo movidos por sus propios intereses.

La conclusión resulta fácil: para ellos no hay luchas revolucionarias porque no tienen pensamiento ni acción revolucionaria. No lo quieren, nos les da la gana.

Los dos conglomerados políticos, llámese Alianza y Concertación (que no son dos polos con intereses distintos; ambos persiguen lo mismo, que es la administración del modelo, en que los PC hoy se suman como mayordomos, que es lo que les han ofrecido por el momento) han sabido cómo sobrevivir y salir ilesos a pesar del descontento; es más, seguirán siendo premiados con el voto de muchos chilenos.

La Concertación libra en las trincheras burguesas un “cambio social” reivindicativo dentro de los parámetros que les permite el capitalismo, dejando atrás los intereses colectivos, transformándolos en intereses individualistas y sectoriales; sólo quieren “humanizar” al capitalismo, hacerlo más digerible a los ojos de los explotados (un engaño, si así quiere llamarle).

Ya no hay conflictos con la derecha golpista, primero porque los pro golpistas están dentro de sus propias filas (la DC con Frei a la cabeza –quien donó parte de su sueldo al gobierno militar incluso vendiendo joyas familiares para que el arca golpista se hiciera mas grande-, tenía clara su inversión). No hay que olvidar tampoco que el propio PC hizo un llamado a su militancia para no resistir el golpe (eso explicaría mucho del porqué esta actitud de los acuerdos que hoy tiene el PC con el gobierno represor de la señora Bachelet).

Hoy, el llamado no es a rebeldía ni mucho menos a revolución porque el “orden” y el “desorden” están pensados dentro de las reglas de integración al sistema, sin que exista ninguna idea o intención de cambiarlo por otro.

En resumen, este gobierno “socialista”, conformado por socios listos para agarrar su parte (más sus nuevos socios PC), no tiene diferencia con la derecha; son conceptos estéticos (cual de los dos se maquilla mejor que el otro) sólo en términos de mayor o menor “progresismo” dentro del mismo sistema, pero ninguna de las dos opciones busca terminar de raíz con el capitalismo, al que se lo presenta como el “único sistema posible” siguiendo el “orden natural” del capitalismo.

Y aunque el orden “natural de las cosas” esté controlado y pensado en función de la propiedad privada, de la explotación del hombre por el hombre, y del interés de los grupos capitalistas -que han convertido el planeta en un “gran mercado” para hacer negocios y reciclar dinero y riqueza concentrada a expensas de la pobreza y sufrimiento de las mayorías-, ya nadie pelea para cambiar este sistema, sino por “humanizarlo” sin salirse de los parámetros que el mismo sistema les permite.

La gran inversión es puesta en la empresa que le dejará las grandes ganancias, el “electorado”; después de todo han sido años de marketing puesto ante nuestros ojos. La desinformación, el desconocimiento y la manipulación de los medios de comunicación rinden sus frutos en épocas eleccionarias y con publicidad todo el año.

por Lucas Zahiri

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