Covid 19, confinamiento, salud y pobreza: “Cuando el remedio puede ser peor que la enfermedad”

Por Dr

Por Dr. Oneglio Pedemonte Villablanca*

En este último artículo relacionado con la pandemia me abocaré a analizar las consecuencias sociales y económicas que muy probablemente enfrentaremos en los meses venideros.

Si bien, he estado muchos años en contacto con las personas desde mi posición en la primera línea sanitaria donde utilizamos herramientas sofisticadas y costosas para sanar  a un paciente, como son por ejemplo, las drogas vasoactivas de alta potencia,  la ventilación mecánica, el ECMO (Sistema de Oxigenación por Membrana Extracorpórea) o los antibióticos, también he estado vinculado al contexto social y real donde viven las personas: barrios pobres, zonas rurales, así como también al deporte y la política, durante los últimos  50 años de la historia de nuestro país.

Según reconocidos economistas de todos los sectores políticos, la crisis que ha generado esta pandemia de Covid-19 llevará a Chile a una recesión económica histórica y compleja. En la gestión de este azaroso y prolongado control sanitario, Chile se juega gran parte de su destino.

Parece que pasará mucho tiempo antes que volvamos a lo que hacíamos antes, veremos brotes en primavera, pero siempre nos acechará la amenaza de la segunda ola, y sí o sí, tendremos que hacernos cargo de las consecuencias y secuelas que dejaran marcas indelebles en nuestra sociedad, quizás por cuánto tiempo.

La pregunta que todos nos hacemos es:  ¿Será posible compatibilizar una economía viable con seguridad sanitaria?

La respuesta no parece  fácil, la  prolongación de la pandemia  por vivir en el hemisferio sur y estar recién entrando al invierno surge como aspecto relevante y distinto, pero hoy por hoy hay mucha información importante que proviene del hemisferio norte que amerita ser analizada para rescatar sus elementos positivos, y evaluar con espíritu crítico los negativos.

Pandemia en Europa

Tuve la suerte de vivir un tiempo en Europa y parte de mi familia aún lo hace, lo que me permite tener un conocimiento cercano de lo que allá sucede:

Miremos primero la península ibérica: Portugal y España. Es verdad que no hablan el mismo idioma, pero casi no tienen fronteras. Un día caminado por las colinas de un villorrio cerca de Zamora perteneciente a la comunidad de Castilla y León, me encontré, casi sin darme cuenta, paseando por un pueblo en Portugal.

Veamos  que ha pasado entre ambos países:

España 300.000 contagiados con una tasa de mortalidad de 607/millón

Portugal 43.897 contagiados con una tasa de mortalidad de 161/millón

¿Por qué se da esta diferencia de muertos de casi cuatro veces entre dos países tan similares?; Probablemente porque los portugueses fueron más disciplinados que los españoles y se adelantaron  10 días en tomar medidas de control. Asimismo, los portugueses aplicaron en todo el país un protocolo de tratamiento precoz de la enfermedad en base a lo publicado por el equipo de Marsella en Francia hasta fines de mayo, posteriormente lo desaconsejaron, pero no lo prohibieron.

La situación económica para el 2020 para Portugal es que su PIB disminuirá alrededor del – 6.8%, en cambio para España, éste bordeara el –10%.

Mayor conocimiento tengo de Bélgica y Holanda, porque viví 6 años en Bruselas y mantengo contacto con  familiares y amigos belgas. Ambos países forman parte del Benelux  (unión aduanera y económica de Bélgica, Holanda y Luxemburgo), sin embargo, adoptaron cada uno medidas diferentes. Holanda privilegió la libertad de las personas, la disciplina de su pueblo y el autocuidado; en Bélgica, el confinamiento fue obligatorio.

El resultado fue que Bélgica tuvo 62.210 contagios con una mortalidad de 844/millón (la más alta reportada hasta hoy); en cambio, paradojalmente Holanda tuvo 50.798 contagios con una mortalidad de 358/millón.

La proyección  económica para el 2020 no es muy distinta. Ambos tendrán un retroceso del alrededor del 7% de su PIB.

Chile

Los vaticinios para nuestro país fueron diversos, desde los más catastróficos a los más optimistas y casi todos demostraron estar errados. La autoridad confió en los expertos y diseñó una estrategia enfocada en el trabajo hospitalario y aparecieron proyecciones que sostenían que éramos capaces de recibir a muchos pacientes. Se dijo que no faltarían los  ventiladores mecánicos porque a cualquier precio lo obtendríamos y los contagios se evitarían  en general, mediante el lavado de manos y el distanciamiento social principalmente, y para algunos sectores se señaló el uso de mascarillas y el confinamiento. Y ya sabemos cuáles fueron los resultados.

El ministro Enrique Paris, al asumir y ver que nuestro país encabezaba los primeros lugares del mundo en contagio y en mortalidad por millón de habitantes, intenta ahora un cambio a fin de paliar la grave  situación, apuntando a la atención prehospitalaria, al testeo y a la trazabilidad, pero  muy poco todavía al tratamiento precoz. De todos modos, con la  inercia que veníamos no será fácil y los errores nos pasarán la cuenta. El confinamiento se prolongará; los niños no volverán a la escuela y las actividades no esenciales continuarán paralizadas. De todo esto, surgen varias preguntas:

  1. ¿Cuánto tiempo podemos mantener un confinamiento?
  2. ¿Cuánto efecto tendrá esto en la economía y en la sociedad?
  3. ¿Cuántos enfermos crónicos se complicarán y morirán por no contar con tratamiento o consultar tardíamente?
  4. ¿Cuántos suicidios o enfermedades psiquiátricas tendremos?
  5. ¿Cuánta violencia intrafamiliar existirá?
  6. ¿Qué pasará con el programa envejecimiento activo de los adultos mayores?
  7. ¿Cuántos sobrevivirán o claudicarán por el desempleo, la vulnerabilidad y la pobreza?

Las frías cifras macro-económicas hablan de un PIB negativo cercano al 10%, sabemos que eso afecta en general a todos los grupos socioeconómicos; a los ricos, la clase media y a los pobres. Sin embargo, cuando ataca al grupo más carenciado, éstos se mueren mucho más (comuna de Pedro Aguirre Cerda versus Las Condes por ejemplo). La inclemencia de este crudo invierno nos llevará  a un punto más crítico que los años anteriores. Solo pensar en el hacinamiento de los campamentos, el  barro, el frio y el hambre, nos estremece,  porque sabemos que muchas familias de compatriotas ya lo están sufriendo.

El diseño inicial de manejo de la crisis falló, la nueva mirada requerirá de tiempo, el desconfinamiento tardará y la economía no resurgirá tan pronto.

Una somera mirada a la actividad económica y sanitaria nos demuestra que los ministerios de Economía y Salud no trabajaron juntos o en equipo.

  1. Como todos sabemos que la fuente principal de riqueza de nuestro país son los ingresos por el Cobre (49% del PIB), sin embargo, una de las zonas más afectadas es el norte grande del país y una de las ciudades más contagiada es Calama, centro productivo neurálgico de este vital metal. ¿Por qué  entonces no se hizo nada?. No funcionó el diagnóstico, ni el testeo, ni la trazabilidad y tampoco el  aislamiento y para qué decir el tratamiento, los efectos son dantescos, tanto sanitarios como para el erario nacional.
  2. Nos guste o no,  las actividades informales de nuestros compatriotas son una de las principales fuentes de ingresos en nuestras economías locales. La autoridad aparte de permitir algunas  ferias libres (casi siempre fuera de control), no activó un plan de protección sanitaria y económica para más de 2 millones  de chilenos que subsisten mes a mes con esto.
  3.  Inversión en salud; Un ventilador de alta gama cuesta 30 millones de pesos, una máquina de anestesia 60. Varios de estos equipos se compraron en el mercado internacional, quizás a qué precio, sumando un oneroso gasto por estas adquisiciones, cuando de estos recursos se podrían haber destinado precozmente a la compra de insumos para hacer test o para implementar laboratorios, dado que la escasez de éstos y la demora en los resultados ha tenido un impacto gigantesco en los números de contagios y muertos que exhibimos. Ni siquiera la autoridad fue capaz de confiar y apostar al ingenio y creatividad de los  profesionales chilenos quienes fueron capaces de desarrollar un ventilador mecánico de excelencia en menos de 3 meses (Oxygena, Asmar – Udec), cuyo costo está muy por debajo que el de los aparatos que adquirió el Minsal en el extranjero.

Medidas de protección social

Las medidas de salud pública reconocidas como acciones no farmacológicas son:  el aislamiento para aquellas personas enfermas que no deben tener contacto con personas sanas; la cuarentena que involucra a personas sanas que tuvieron contacto con personas enfermas que para el caso del Covid 19 son 14 días; y el confinamiento (lockdown o el “quédate en casa”) lo cual ha implicado que -a ciegas -personas enfermas tienen que permanecer en un lugar (domicilio, casas de reposos o hospicios),  sin saber y discriminar entre enfermos, contagiantes o sanos. Esto último, según la medicina basada en la evidencia, no está probado que tenga un impacto en el control de una pandemia, y es primera vez, que se emplea en la historia reciente (Zelmat, preproof BMJ).

Por supuesto, el objetivo de este artículo, no es el de expresar solamente una crítica, sino también hacer ver que podemos aprender de las experiencias compartidas.  Si hubiésemos observado la experiencia de Italia, España y Reino Unido, por ejemplo, podríamos haber hecho algo mejor, y a la luz de los resultados, da la impresión que hubiese sido más criterioso el confinamiento precoz total masivo, con adecuado financiamiento para todos los hogares , en el momento que perdimos la  trazabilidad, por unas 3 o 4 semanas, y al mismo tiempo, preparar a nuestros ciudadanos al autocuidado.

Testeo masivo y aislamiento fue la experiencia de Alemania y Corea del Sur. Marsella en Francia, agregó tratar tempranamente. Un ejemplo más cercano aún fue la estigmatizada Guayaquil en Ecuador, ciudad que con todas sus fuerzas vivas, logró controlar la cruel pandemia en un poco más de 1 mes. ¿Cómo lo hizo? Con testeos masivos, asistencia humanitaria, tratamiento precoz con invermectina, hidroxicloroquina y azitromicina. (Ver artículo: https://www.elciudadano.com/portada/dr-pedemonte-prevenir-es-mejor-que-curar/06/26/ )

Contrariamente, a lo que comentan muchos en las redes sociales, nuestros conciudadanos tienen más disciplina que varios países europeos, es cosa de constatar por los medios de comunicación, cómo se comportaron ellos durante el confinamiento, y cómo están desbandados ahora en pleno período de desconfinamiento gradual. Pocos países del mundo tienen la suerte de tener organizaciones comunitarias organizadas como las que vemos en barrios y cerros de Valparaíso y Viña del Mar brindando, apoyo y  ayuda con lo poco que tienen,  preparando ollas comunes para las familias más apremiadas.

Quiero reiterar sucintamente lo que ya señalé en artículos anteriores:                                             ( https://www.elciudadano.com/chile/reflexiones-sobre-la-feroz-pandemia-que-afecta-a-chile/06/10/ ) relacionadas al control, barreras, restricciones y confinamiento protegido:

  1. Promover ahora, con más fuerza que nunca el autocuidado, con todos los medios posibles y aquí todos deben colaborar.
  2. Testear  masivamente a nuestra población, aislar oportunamente a los sintomáticos, asintomáticos (+)  y tratar a los enfermos para que no se nos compliquen.
  3. Concurrir con las fuerzas vivas, voluntarios y no voluntarios (estudiantes, cruz roja, bomberos, militares, etc.) a asistir a la gente que estamos aislando (en sus casas y residencias sanitarias),  entregarles la ayuda económica que requieren, evitar el contagio,  promover la vida saludable, pesquisar precozmente las complicaciones e indicar la consulta precoz.
  4. Implementar el confinamiento dirigido a objetivos sanitarios precisos y actuar con rapidez frente a los brotes que irremediablemente se producirán.
  5. Planificar desde hoy, no de mañana,  un desconfinamiento organizado, gradual y seguro, con parámetros claros que permitan avances y cuando sea necesario retrocesos.

Nuestras autoridades políticas (tanto del poder ejecutivo como legislativo) y nuestros expertos, tienen que desarrollar en conjunto, una planificación estratégica multisectorial que produzca el menor daño posible a todos nuestros compatriotas, no solo para el momento actual, sino que también eviten o disminuyan las secuelas económicas, sanitarias y sociales  en el futuro cercano,   teniendo siempre presente esta  definición universal:  “Salud es el estado de completo bienestar físico, mental, social y no solo la ausencia de enfermedad”.

*Presidente Fundación Dr. Jorge Kaplan Meyer

Profesor Universidad de Valparaíso

Jefe Unidad de Paciente Crítico Cardiovascular

Hospital Dr. Gustavo Fricke

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