Lo que se juega Chile en las elecciones del domingo

Las elecciones del 21 de noviembre son las elecciones más inciertas en el Chile de la post-dictadura. Se trata de la primera contienda presidencial posterior al estallido de Octubre de 2019, estando en juego el fin del neoliberalismo y la profundización del proceso de cambios iniciado por la Convención Constitucional. Se espera también una debacle electoral de las grandes coaliciones que gestionaron la transición. Ante los cambios, el dispositivo encuestadoras y medios masivos ha funcionado de manera obscena para imponer una agenda conservadora

Por Mauricio

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Chile / Elecciones / Política / Portada

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I – LA ELECCIÓN DE LAS TRES POST:

POST-ESTALLIDO, POST-PANDEMIA, POST-NEOLIBERALISMO

Las elecciones del próximo domingo 21 de Noviembre tienen en vilo a Chile y su incierto resultado la convierten en la más impredecible de su historia reciente. Es la primera votación presidencial realizada en un cuadro de triple de posterioridad a eventos radicales: es post-estallido social, post-pandemia y post-neoliberalismo. Si bien gran parte de los analistas comparten las dos primeras procedencias, hay un esfuerzo denodado de los medios hegemónicos y sus intelectuales para desviar la atención de que en el fondo de la crisis está un modelo económico que ha demostrado ser un fracaso para la sociedad y el planeta.

Se trata de la primera ronda presidencial tras el estallido de Octubre de 2019, un movimiento social telúrico que fue precedido de eventos anteriores, como en 2011 y 2006. También es la primera elección después del contundente respaldo a la realización de una Convención Constitucional (CC), en donde un 78,28% de los votantes dieron vuelta un tablero delimitado por las encuestadoras de derecha y los medios tradicionales.

Ocurrió lo mismo en la elección de constituyentes, en la que diferentes conglomerados a la izquierda del dial político chileno superaron el veto de un tercio amañado entre gallos y medianoche, con el que la derecha accedió a entregar la Constitución de 1980 y los más conocidos dirigentes del Frente Amplio (FA) se comprometieron a no empujar más la caída del gobierno de Piñera, inminente en esas horas a un mes de una revuelta que no paraba.

De igual modo, las protestas no se fueron para la casa sino hasta la expansión global de la pandemia de Coronavirus, en el primer semestre de 2020, que confinó las grandes ciudades y paralizó la economía mundial. El producto interno bruto (PIB) cayó en Chile un 5,7% respecto al año anterior.

Si bien la narrativa oficial omite que la economía mundial arrastraba una crisis desde 2008, la pandemia del coronavirus ha servido como causa explicativa para realizar la urgente necesidad de cambio de un modelo económico depredador de la naturaleza y en el cual Chile ya no rendía como hace una década atrás. La pandemia de ese modo vino a ser la estocada final del modelo neoliberal, en crisis desde 2008 y sin capacidades de recuperación. La imagen del presidente norteamericano Joe Biden promoviendo entre los países más ricos una subida de impuestos a las grandes fortunas del planeta era algo impensado hace algunos años. La pandemia no sólo agravó una crisis del sistema sanitario precarizado por políticas de privatización, sino que también llenó aún más las arcas de las grandes fortunas cuando gran parte de la población mundial se ha empobrecido.

En Chile vino a dar un tiro de gracia al modelo de desarrollo promovido por los medios hegemónicos. El año anterior a la crisis sanitaria, en 2019 el PIB chileno había crecido un magro 0,9 por ciento. Y en los cuatro años anteriores su promedio anual ni alcanzaba un 2% (con la excepción de 2018). El confinamiento no hizo sino profundizar las desigualdades, dejando a miles sin empleo y reforzando la precarización laboral. El índice de pobreza aumentó a casi un 11 por ciento cuando el gobierno de Piñera apostó a la clásica receta neoliberal de ayudas focalizadas, mientras las grandes fortunas se abultaron tras la pandemia. La inflación de carácter mundial también está afectando Chile, doblando las proyecciones del Banco Central, que la situaba en torno a un 6 por ciento.

La necesidad de un sistema sanitario de calidad, la importancia de estados con fuerte control de la economía, la crisis ambiental provocada por una economía de consumo suntuario, junto a las estratosféricas ganancias de los más ricos del planeta que apenas pagan impuestos, dan cuenta del agotamiento del modelo neoliberal como forma posible de organización social.

II- LO QUE ESTÁ EN JUEGO

Con el modelo neoliberal en crisis, lo que está en juego en Chile es la construcción del tipo de sociedad a habitar. Un paso grande ya fue dado por la mayoría electa en la CC, proceso de cambio de la estructura constitucional chilena que requerirá de otro resorte en el Ejecutivo. El nuevo gobierno asume en marzo de 2022 y el 3 de Julio del mismo año la Convención Constitucional debería concluir su trabajo, estimándose el Plebiscito de aprobación de la nueva Carta Magna en el mes de septiembre. Las elecciones este domingo se juegan entonces la llegada de un gobierno que acompañe o le ponga trampas en el camino (como ha sido la estrategia seguida por Piñera) al proceso de refundación del país.

El analista Hassan Akram, doctor en desarrollo económico y en ciencias sociales por la Universidad de Cambridge, comenta que “lo que está en juego en las próximas elecciones chilenas es seguir el camino que abrió el estallido de Octubre de 2019 hacia la superación del neoliberalismo. Tenemos ya instalada la CC que está redactando la nueva Carta Magna”.

Akram llama la atención respecto de que “desde el Ejecutivo están haciendo un verdadero sabotaje quitando presupuesto, entorpeciendo la participación ciudadana. Así también como lo hace el Parlamento, que no permite que la CC ocupe sus salas en Santiago”.

Se trata de un proceso de cambio motivado por la crisis de las instituciones que rigieron la transición, el agotamiento del modelo neoliberal y la hecatombe ambiental que ha provocado su despliegue en los diversos territorios. Visto desde una perspectiva optimista, el proceso abrió un camino en el que confluyeron muchas luchas y demandas sociales de larga data, las que se encontraron a partir de la revuelta de Octubre de 2019 y una de cuyas salidas (no la única) fue el inicio del proceso constituyente.

De las siete candidaturas, las de Gabriel Boric, Eduardo Artés, Yasna Provoste y Marco Enríquez-Ominami se enmarcan en distintos grados de proximidad con el proceso de cambio en curso. En tanto que los postulantes de derecha Sebastián Sichel y José Kast desplegarían similar estrategia obstruccionista, como la del actual gobierno.

El otro candidato, Franco Parisi es un aparecido que ha aprovechado la franja para instalar un discurso populista de antipolítica y su respaldo, mayoritariamente masculino, da cuenta de la aparición de los más bizarros tipos de subjetividades surgidos tras décadas de neoliberalismo.

Uno de las palabras más resentidas por los chilenos en la última década era la sensación de abuso. Quienes habitan Chile lo experimentan en el transporte público, la falta de atención sanitaria pertinente, la precariedad de la educación pública, la inseguridad y desolación en los barrios, los intereses abusivos de las grandes casas comerciales, lo que contrastaba fuertemente con la impunidad grosera de cuando un miembro de la oligarquía infringía las normas. El mismo presidente, además de su prontuario en derechos humanos, ha aprovechado toda su carrera política para hacer buenos negocios privados y, pese a la evidencia contundente de que interfirió en la declaración ambiental de una zona costera porque le había vendido en paraísos fiscales a un amigo un proyecto minero, acaba de salir inmune de una acusación constitucional en su contra.

El espíritu de la CC también se juega cambiar esas reglas del juego que han delimitado un Chile para una privilegiada casta con asiento en Santiago y servicios en calidad descendente para los demás. De este modo el espíritu de Octubre es un empuje para acabar con la concentración del patrimonio y las oportunidades.

Según Akram “las elecciones presidenciales y parlamentarias son vitales para facilitar el trabajo de la constituyente y la redacción de la nueva Carta Magna. Por la composición de la asamblea esta va a ser antineoliberal y ojalá el presidente tenga esa misma visión, porque si gana un presidente que quiera mantener el modelo actual se generará un choque de poderes. Y eso es lo que está en juego”.

III- PULVERIZACIÓN DEL CENTRO POLÍTICO

Tantas variables implicadas en las elecciones de este domingo han ensombrecido un escenario que cambiará por completo el panorama político chileno: las dos coaliciones políticas que administraron toda la post-dictadura, amparadas durante décadas por un sistema binominal de elecciones sumado al bostezo de las grandes mayorías cuando tenían que acudir a alguna jornada de elección popular, se quedan por fuera. Asistimos este domingo a una elección en la que de las pocas certezas que existen es que no pasarán a segunda vuelta ni los partidos integrantes de la ex-Concertación ni la derecha tradicional.

Dicho de otro modo, es el fin del binominalismo de centro y de la política en la medida de lo posible. Se trata de la pulverización de los grandes conglomerados de la post-dictadura. Provoste y Sichel se disputan el tercer y cuarto puesto, es decir los conglomerados mayoritarios y preponderantes de la política chilena de las últimas décadas se quedan fuera de la segunda vuelta.

La deriva electoral de la Democracia Cristiana tal vez explica el ocaso de los viejos partidos de la post-dictadura. Si al comienzo de la transición era el partido más votado, alcanzando sus candidatos a diputados un 29% de las preferencias de los electores, en la última elección de 2017 sumaron apenas un 10,28 por ciento, en tanto que su candidata, Carolina Goic, quien corrió por fuera del pacto Nueva Mayoría, alcanzó un magro 5.88 % (387.784 votos). En las municipales de 2021 su respaldo fue de un 9,10% en los alcaldes y en la CC apenas eligió un militante del partido, concentrando apenas el 3,65% de la votación, el resultado más pobre de su historia política reciente.

En la derecha el buque insignia en las últimas décadas ha sido la UDI, la que en 2001 alcanzó su mejor desempeño electoral, concentrando el 25,18% de los votos en diputados, eligiendo 31 de los 120 escaños y en las elecciones siguientes a 33 con el 22,34% de la votación. Con bajas leves en las jornadas electorales posteriores, a partir de 2011 las votaciones del partido heredero del pinochetismo van en declive. En las municipales de 2021 la UDI tuvo su peor derrota electoral, concentrando apenas un 7,91% de los votos, así como también en la elección de constituyentes, en la que obtuvo un magro 7,83% de la votación (17 escaños de 155).

El repetido discurso de que las personas no le gustan los extremos y prefieren el centro político quedó trasnochado en esta elección. Es una anhelo de otra época en que se ponía de modelo el consenso.

Lo que sí analistas como el sociólogo Alberto Mayol observan es que hay un crecimiento de los apolíticos, es decir, de personas que reducen el problema del poder a los partidos y rechazan a las colectividades políticas constituidas. La votación que pueda obtener la candidatura del autoexiliado economista Franco Parisi puede ser un barómetro de la profundidad de dicho fenómeno electoral.

Si bien la decepción provocada por los azares de la Lista del Pueblo distancian esperar un resultado electoral que sea similar al de la elección de la CC (con un 16,27% de los votos en su primera incursión electoral eligieron a 26 constituyentes), no es esperable tampoco que estos votos vuelvan a los viejos partidos del orden y estabilidad. Esto implica que también pueden haber sorpresas en las elecciones de parlamentarios.

IV- CANALIZACIÓN DE LA ENERGÍA DEL ESTALLIDO

Si bien la campaña de las primarias desplegada por Daniel Jadue apostó por concentrar en su candidatura la energía del estallido social, las revueltas últimas semanas de la política chilena y la amenaza de una derecha pinochetista entrando a escena han provocado como efecto que el candidato que en mayor medida concentrará los votos de quienes salieron a las calles desde el estallido social es quien justamente derrotó a Jadue, el abanderado del Frente Amplio, Gabriel Boric.

Si hace unas semanas había vacilación en amplios sectores de la izquierda respecto de apoyar la candidatura de Boric, el crecimiento de la extrema derecha ha producido un efecto catalizador del voto para el candidato magallánico.

La candidatura del FA ha sido acosada en las últimas semanas por una férrea campaña en redes sociales y en medios por parte de la extrema derecha, la que en su narrativa lo representa como el candidato del caos que asocian al estallido social. Sin embargo, tal caricatura no cuadra con la trayectoria del candidato que le gusta subirse arriba de los árboles.

De llegar a la presidencia haría un doble juego junto a Fernando Atria en la CC, en su calidad de hombres hijos de la élite que estudiaron en la Facultad de Derecho más tradicional del país. Su trayectoria legalista, de distanciamiento de los gobiernos de izquierda de la región y su rol capital al firmar el acuerdo con la derecha que le salvó la caída a Sebastián Piñera dan cuenta de sus credenciales de apego a la institucionalidad. Como observó hace un tiempo el analista Carlos Correa y comenta a menudo el periodista Mirko Macari: Gabriel Boric quiere ser el nuevo Ricardo Lagos.

Boric es de la generación que creció apropiándose de las nuevas tecnologías y supo desligarse rápido de las tradicionales narrativas de la izquierda militante. Ya electo diputado en 2014 forjó amistad con Giorgio Jackson, quien es su jefe de campaña y principal articulador de su candidatura, participando en la formación del Frente Amplio en 2016, llevando como candidata a la periodista Beatriz Sánchez.

Las señales de buena crianza en los salones del poder en Chile de parte del candidato han sido elocuentes. Desde que le ganó a Jadue en la primaria, Boric ha sido celoso en la conformación de su comando, efectuando también cambios para dar muestras de moderación ante la prensa y el empresariado. De esta forma incorporó en su consejo asesor económico a los economistas de sensibilidad concertacionista como Daniel Hojman, Fabián Duarte y Dante Contreras; o la ex asesora del Banco Mundial, Stephany Griffith-Jones. De igual modo mantiene en el equipo económico a investigadores con mayor sensibilidad de izquierda, como Rodrigo Pizarro (ex ministro y de la Fundación Terram); su asesor permanente, Nicolás Grau; y a Claudia Sanhueza, Diego Pardow, Javiera Martínez, Fernando Carmona y Javiera Petersen.

Boric acudió de igual forma a la cita del empresariado en la Enade, en donde fue a decirles que es necesario subir los impuestos para construir un Chile que asegure no habrán convulsiones sociales en el futuro. Además de las frases de buena crianza, les recalcó la importancia de los empresarios, intentó dar certidumbre a los inversionistas y les aseguró que su programa estaba abierto al diálogo. “Nosotros como Apruebo Dignidad queremos ser un gobierno dialogante, que construya bases sociales sólidas para que crezcan y mejoren más empresas y formar una institucionalidad estatal eficiente, moderna que no trabe el desarrollo, sino que lo potencie. Queremos abordar en conjunto con ustedes y con quienes no están en esta sala un nuevo contrato social”- sostuvo Boric ante la patronal.

También el comando de Boric ha tenido especial predilección por dar a conocer sus planteamientos en los medios tradicionales. En una entrevista reciente, el director de Interferencia, Víctor Herrero, contaba que los articuladores de su campaña dan escasas entrevistas a medios independientes, prefiriendo usar las tribunas de La Tercera y El Mercurio.

Así fue como uno de los delfines de Jackson, el candidato a senador por la Región Metropolitana, Sebastián Depolo, intentando hacer un análisis del complejo contexto post-pandemia en el día del lanzamiento del programa de gobierno, le regaló a El Mercurio la frase “es cierto que nosotros vamos a meterle inestabilidad al país porque vamos a hacer transformaciones importantes”. Fue una buena munición para la construcción de la narrativa de las candidaturas de izquierda como portadoras de inestabilidad. Los medios y centenares de bots en las redes sociales hicieron el trabajo ese día de ensombrecer el programa presentado.

No pocos en la izquierda no les gusta ver canalizada la energía de Octubre de 2019 por la vía institucional, expresada en la CC y en la candidatura de Boric. La alternativa más próxima es la del compañero Eduardo Artés, quien de seguro subirá el 0,51 % que obtuvo en las presidenciales anteriores. Artés fundó el Partido Comunista (Acción Proletaria) cuando el PC chileno abjuró del estalinismo y su estrategia política de crecimiento han sido participar en marchas con sus banderas con uno que otro contacto con organizaciones sociales, siendo además un partido mayoritariamente masculino. De igual modo tuvo el acierto de inscribir su colectividad como Unión Patriótica, fue una jugada que arrebató la noción de patriotismo a la extrema derecha, ávida de identificaciones amplificadoras. Se echa de menos si en la fórmula de Artés un trabajo de base en mayor profundidad y nuevos liderazgos que acompañen al maestro. Por mientras su candidatura insistirá en seguir marchando en las calles y luchando contra el imperialismo cuando gran parte de “las masas” están fuertemente anestesiadas por el consumo. Es lo que hay.

V- ASCENSO DE LA EXTREMA DERECHA

El desfonde de la campaña del candidato oficialista Sebastián Sichel ha provocado el crecimiento de la extrema derecha, representada por José Kast, un empresario devenido en político que en la última elección presidencial alcanzó 523.375 votos (7,93 %) y que ha sido encumbrado como virtual triunfador por un dispositivo que tiene funcionando a encuestadoras de muestras sesgadas con periodistas fáciles de embaucar con prestigios estadísticos para construir el título de una noticia.

El sector social que en la última elección aparecía arrinconado en un veinte por ciento, geolocalizado en cuatro comunas de Santiago oriente, ha venido siendo inflado por un fino trabajo hecho a la par de encuestas hechas a medio millar de personas y titulares de prensa obscenamente en campaña que han levantado al candidato duro del pinochetismo como posible primera mayoría.

Kast representa al sector dispuesto a evitar a toda costa la profundización de la democracia en Chile y a una clase patronal que junto con su cosmopolitismo liberal nunca dejó en secreto de prenderle velas a Pinochet y beneficiarse por su neoliberalismo de rapiñas, hecho posible con un Estado reducido al mínimo para arriba y vigilante y represor ante cualquier movimiento social por abajo.

El ascenso de la extrema derecha en Chile da cuenta de que en 30 años de transición las pocas señales dadas mostrándose como una derecha democrática, pasan a la historia cuando en la primera crisis del sector los representates y votantes de dicho sector político corren a refugiarse bajo el paraguas del pinochetismo.

Kast ha hecho una buena campaña, siempre sonriendo ante periodistas incautos y centrando su argumento en identificar el estallido con la crisis económica del neoliberalismo. En su narrativa simplista el orden y la estabilidad se oponen al caos y el desorden producido por los izquierdistas desde Octubre de 2019. Chile necesita orden para volver a progresar y sólo su candidatura lo asegura. Su narrativa no funcionaría de no estar los televidentes en Chile por décadas acostumbrados a las narrativas de las noticias delincuenciales, con escenas de espectaculares fugas y policías entrando de madrugada en casas de gente pobre.

Su estrategia de miedo es inyectada en una sociedad en la que la precarización de amplios sectores de la población y el estímulo constante de los medios por comprarse cosas caras, asegura un dosis constante de personas que quieran quitarle sus cosas a otras personas. La experiencia de ser asaltado es algo común en alguien que haya habitado en Chile. Y en el momento en que somos asaltados, realmente sentimos tanta rabia que muchos desearían linchar al delincuente. En esa emoción, en ese espacio de desprotección ha operado la campaña de Kast.

El cientista político y director de la Fundación Chile 21, Eduardo Vergara, observa que el contexto actual es de reinstalación de la seguridad como la principal preocupación de la ciudadanía, lo que está marcando las elecciones como pocas veces antes y se ve como es asumida la problemática por cada sector político.

Vergara comenta para El Ciudadano que “lo más notorio es que la derecha nuevamente ha transformado el miedo en una punta de lanza bajo la vieja y conocida matriz de la seguridad y el orden. Sin complejos de acusar al gobierno de su mismo sector de fracasar en seguridad, las campañas de Sichel y Kast han propuesto medidas sacadas del Manual latinoamericano de mano dura y populismo efectista. Todo claro bajo una movida que es probada electoralmente. Por décadas les ha dado los frutos necesarios para garantizar representación en los municipios, el Congreso o incluso llegar al poder ejecutivo”.

La elección también permitirá ver el apoyo real del Frente Social Cristiano, la coalición electoral creada en agosto de 2021 como paraguas de la candidatura de Kast y que aglutina al Partido Republicano y el Partido Conservador Cristiano. La votación del pacto será un medidor mucho más certero que las encuestas divulgadas recientemente, dando cuenta de la real extensión en política de las corrientes neopentecostales.

VI- EL DISPOSITIVO MEDIOS Y ENCUESTADORAS

En el ámbito de los medios masivos que los partidos de la ex-Concertación tienen otra deuda pendiente con Chile: Tras tres décadas de gobiernos concertacionistas la correlación de fuerzas favorece al pinochetismo. En Chile, al igual que en gran parte de América latina, sectores de derecha son propietarios de las encuestadoras; de los principales medios masivos; controlan la economía a través de la Bolsa de Comercio y mantienen a las fuerzas armadas adoctrinados en la guerra fría sin haberse hecho jamás un proceso de despinochetización.

Las encuestas son una institución cuya percepción pública ha decaído en las últimas décadas respecto de ser instrumentos confiables y objetivos de medición de los apoyos de cada candidato en las elecciones. Una contribución a este descrédito ha sido dado por la encuestadora Cadem, la que tiene jugosos contratos con el gobierno y semana a semana va entregando cifras de apoyo presidencial que no se condicen con la experiencia real en las calles de las ciudades chilenas. Fue así como dicha encuestadora infló las votaciones de Piñera en las elecciones de 2017, la opción del apruebo en el Plebiscito de Octubre de 2020 y de los candidatos de derecha en la CC. Pese a los sucesivos errores en los pronósticos, cada lunes los medios siguen titulando como noticia verdadera los resultados de la encuestadora de Roberto Izikson.

Marcos Ortiz, director de Ojo del Medio y quien está realizando un doctorado en Comunicaciones en Goldsmiths University of London, comenta que “las encuestadoras desde varios años han venido dando cuenta de su incapacidad de predecir lo que va a suceder. La responsabilidad que le cabe a los medios es muy grande, ya que actúan como cajas de resonancia de esos datos y no toman distancia ni informan de manera crítica. Antes de las primarias, por ejemplo, El Mercurio publicaba encuestas de la UDD, comentadas por Eugenio Guzmán, que daban por ganador a Lavín. El mismo Lavín fue editor de El Mercurio, fundador de la UDD y es cuñado de Guzmán. Ese ejemplo ahorra muchas explicaciones”.

Hassan Akram comenta que “la calidad de las encuestas en Chile es muy baja. No sólo por tener muestras muy pequeñas, sino también por la naturaleza de esas muestras, es decir, quienes son las personas a las que se les está preguntando. Cuando uno hace una encuesta hace las preguntas electorales a un subgrupo de personas que sería representativo de lo que piensa el electorado como un todo. Entonces uno sabe el porcentaje de mujeres, de hombres, la estratificación del territorio, si es rural o urbano. Uno puede con cualquier muestra estratificar, es decir, sacar la proporción en esa muestra para que sea similar a Chile. El problema es que uno tiene que pensar quienes son las personas que componen la muestra. Por ejemplo, si uno la saca de un grupo de hinchas en el estadio y de ese grupo son de Colo Colo,independiente del porcentaje hombre mujeres, clases sociales, el sesgo de esa muestra es que son todos hinchas de Colo Colo. Es importante el sesgo anterior a la estratificación. Por eso las encuestas bien hechas son probabilísticas. Esto es que las personas seleccionadas para estar en la muestra, sean aleatorias. El problema es que casi todas las encuestas en Chile son paneles on line, donde en realidad son las personas con el tremendo sesgo que están dispuestas a responder esas preguntas políticas y están accesibles a través de un teléfono”.

Para Akram “todas las encuestas en Chile son malas”. Incluso llama la atención que en Chile las encuestas han sido ocupadas para instalar una verdad. “No voten por ese candidato porque no tiene ninguna posibilidad de ganar – comenta el investigador – fue lo que pasó en 2017 con Beatriz Sánchez y cuanta gente votó por Alejandro Guiller por no querer perder el voto. Eso es muy peligroso, porque las encuestas están instalando algo muy antidemocrático como definir qué candidato tiene las posibilidades de ganar. Eso cambia la actitud de los votantes. Por lo menos en esta elección, la gente ha dejado de confiar en las encuestas porque las intervenciones han sido demasiado burdas. Es el caso de la encuesta Cadem, la que ha sido ocupada para instalar temas. La gente ya sabe y el mundo de las encuestas están muy desprestigiados, lo que está bueno que sea así para el bien de la democracia”.

Para Ortiz “es interesante mirar lo que está pasando en Francia, donde los medios se negaron a publicar encuestas electorales para la próxima elección presidencial”.

La investigación de Ortiz aborda la influencia de los medios masivos en retrasar el estallido. A su juicio “el cambio social producido por el estallido de Octubre de 2019 tarde o temprano se iba a producir, era un tema de tiempo». Su hipótesis de trabajo es que «posiblemente hubiese sido antes y fue retrasado por los medios de comunicación, los que se históricamente se han opuesto cualquier tipo de transformación de fondo. Dicho de otro modo: el estallido social sucedió pese a los medios tradicionales y no gracias a ellos”.

El control de los medios es el control de los imaginarios. Por décadas en los canales de TV dosificaron las dosis de miedo, principalmente con noticias delincuenciales. Recordemos que durante todos los gobiernos de la transición, con la extraña excepción de los de Piñera, el asalto a una panadería o a un camión de helados era la primera información dada en los noticiarios de la una y media. La noticia era transmitida con despachos en directo y duraba por lo menos diez minutos del noticiario.

Vergara advierte sobre la instalación “en esta matriz de orden es peligrosa, porque se nutre de la desesperación de las personas, de la necesidad de sentirse protegidas y poder llevar su vida en paz. El miedo ha sido utilizado y ha sido una herramienta tremendamente eficaz en política. Por un lado la respuesta al miedo es subyugar a las personas bajo éste, generando así la sensación de que mayor control e intervención policial van a contener el problema. Lamentablemente la evidencia nos muestra lo contrario”.

En relación a las narrativas se seguridad ciudadana, Ortiz observa que “las noticias de asaltos y portonazos históricamente han elevado la sensación de inseguridad en la ciudadanía. Hoy las cifras de victimización son menores, pero como ha aumentado su violencia la población siente más miedo que antes. En esto mucho tienen que ver los medios de comunicación. El trabajo conjunto de El Mercurio con la Fundación Paz Ciudadana, por ejemplo, ha sido largamente estudiado”.

Respecto de esta elección Ortiz cree que las noticias delincuenciales no han influido de la manera que si lo hicieron en las elecciones de 1999, que enfrentaron a Joaquín Lavín con Ricardo Lagos y los posteriores triunfos de Piñera, instalándose hoy nuevas matrices discursivas, como la problemática de la migración y la violencia en las calles.

“Creo que hoy las candidaturas de derecha se benefician de la sensación de desorden institucional y en las calles. No necesariamente sobre robos o portonazos, sino que más bien sobre las marchas y protestas. La inmigración (que no tiene que ver con delincuencia o violencia o protestas) creo que ha sido incluida exitosamente en ese relato. Es todo ese conjunto el que beneficia a las candidaturas de derecha”- opina el investigador de medios.

Por su parte Vergara es de igual forma crítico con la izquierda a la hora de discutir sobre seguridad pública. Comenta que “la izquierda viene cayendo en un academicismo explicativo y un buenismo para explicar estos fenómenos. Frente a ello, la ciudadanía siente que no se hace nada y por eso mismo genera una respuesta positiva cuando una lógica de populismo de mano dura y efectismo, muestran acciones. Sienten que el Estado hace algo para protegerles”.

Tras el estallido y el plebiscito, la estrategia de largo plazo de los medios hegemónicos es horadar la mayoría alcanzada en aprobación de la CC. Así ocurrió cuando coludidos con la PDI aprovecharon el incidente del Pelao Vade para mostrar una imagen de una constituyente allanada por policías haciendo pericias.

Ortiz considera así que “se ha ampliado el alcance de la narrativa del miedo. Si hasta hace una década era solo temor a la delincuencia común, hoy se suman las protestas y la migración (la regular e irregular). Incluso la Convención Constitucional, aprobada por una mayoría aplastante, es presentada como un factor de inestabilidad”.

En las horas recientes, la acción en conjunto de medios con carabineros fue capaz de producir un evento político en esta narrativa aprovechando la divulgación por parte de Ciper de los abultados sueldos de quienes trabajaron en el comando de Karina Oliva. Pese a que en el mismo reportaje también aparecen mencionados los también candidatos al Senado, Catalina Parot y Rojo Edwards, los medios han dado gran cobertura al caso de la candidata a senadora de Comunes.

La ocasión permite ver así en funcionamiento las redes de policías y fiscales con los canales de televisión a la hora de producir un hecho noticioso con efectos políticos. A las ocho de la noche un fiscal decidió que el GOPE irrumpiera violentamente en la sede del partido de Oliva, ubicado en el centro de Santiago. La acción estuvo acompañada por los canales de televisión, los que realizaron largos despachos.

Todo el show contrasta con la forma de aprehender de la policía y la cobertura desplegada por los mismos canales de TV cuando se trató de la corrupción de partidos de derecha y el mismo presidente, que acaba de salir protegido por el Senado de una destitución.

El accionar del aparato judicial junto con el mediático a pocas horas de la elección es una señal de advertencia para el candidato favorito de que muchos fiscales y policías tienen posición política y llegado el momento la van a utilizar.

VII- AUSENCIA DE MAYORÍAS SUSTANTIVAS

La séptima característica de esta elección es que ya no hay grandes mayorías o coaliciones capaces de articular un sector mayor del 30 por ciento del electorado. Esto implica el fin de una ecología política dicotómica como fue en las décadas recientes y caracteriza a varias democracias del mundo occidental.

En Chile, ninguna coalición política alcanza hoy un apoyo de un 40 por ciento. Esto se explica no sólo por el naufragio de los grandes conglomerados y partidos que daban fuerte identidad en el siglo XX, sino que también la aparición de nuevos colectivos capaces de disputar el espacio político, los que a su vez representan las diversidades y disidencias existentes en la sociedad.

De hecho, en las dos últimas elecciones presidenciales, ningún presidente obtuvo sobre un 30 por ciento del electorado habilitado para votar. Bachelet en su segundo gobierno fue electa con el 24,6 por ciento de respaldo, existiendo un 58,02% de abstención. En tanto que Piñera fue reelecto presidente en 2017 con un 26,46% del padrón electoral, con una abstención de un 50,98 por ciento.

El ascenso de la candidatura de Kast también produce problemas para los candidatos de la derecha tradicional. En su historia política dicho sector ha estado cohesionado a la hora de enfrentar procesos electorales, evitando las dispersiones de votos y los posibles tránsfugas. Asumieron unidos la elección de la CC, ocasión en la que de igual forma fueron derrotados como nunca antes en la post-dictadura.

Si en las elecciones anteriores la tajada de votos del Partido Republicano de Kast no era significativa, en esta ocasión los candidatos de extrema derecha amenazan la acumulación de votos de la lista oficialista, presentando el pacto de Kast candidatos en la mayoría de los distritos electorales.

Se disputarán así los votos de derecha en la Región Metropolitana Manuel Ossandón, Marcela Sabat, Luciano Cruz-Coke, Jaime Mañalich, José Rojo Edwards, la misma esposa de Kast, Pía Adriasola y otros cuatro republicanos y dos más de la UDI. Son muchas figuras de peso para pocos votos.

La derecha chilena apuesta al agotamiento de la energía y el apoyo de la ciudadanía al estallido y han aprovechado todo su control mediático para imponer la narrativa de que una salida de extrema derecha significa orden y estabilidad. Esperan a través de la magia de las encuestadoras y los medios funcionando obscenamente repetir el ciclo histórico de salidas electorales conservadoras tras grandes movimientos sociales, como cuando los franceses votaron por Charles de Gaulle después de la revuelta de Mayo del 68 o cuando fue electo Richard Nixon tras la revolución de las flores y las grandes concentraciones contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos a fines de la década de 1970.

La predictibilidad de las encuestas también está en crisis después de la implementación del voto voluntario. Si al momento de ser encuestados, porcentajes que bordean el 70 por ciento dicen que concurrirán a votar, en Chile las elecciones más concurridas apenas alcanzan el 40% de los habilitados para sufragar.

La diferencia estuvo en el Plebiscito de Octubre de 2020 para modificar la constitución de Pinochet, en donde participó un 50,95% del electorado.

Pese a que los escribanos del modelo han querido muchas veces dar por cerrada la postdictadura. En las elecciones de este domingo Chile vuelve al Plebiscito de 1988, amañado por una dictadura que controlaba todos los canales de TV y gran parte de la prensa escrita y con una campaña del terror desatada. El cuadro social es muy similar.

Como si fuese una segunda vuelta treinta y tres años después, Chile se vuelve a enfrentar entre el polo del pinochetismo y avanzar hacia una sociedad más justa. Los medios y las encuestadoras han hecho ya su trabajo al máximo, potenciando las narrativas de derecha en la esfera pública. Pero al mismo tiempo, el incremento de Kast ha producido un efecto de mayor apoyo hacia la candidatura de Boric y el cordón sanitario antipinochetista en Chile desborda la militancia de izquierda.

Beneficia además a Boric la participación del voto joven, en tanto que a Kast lo respaldan más electores mayores de 50 años. En el Plebiscito de Octubre de 2020 hubo una alta participación juvenil por primera vez expresada en las elecciones chilenas del siglo XXI, votos que beneficiaron la opción del fin de la constitución de Pinochet.

También los comicios podrán poner a prueba la efectividad de la campaña del terror montada sobre años de televisión de narrativas conservadoras y populismo punitivo. En el Plebiscito para salir de la dictadura un 44% de la población apostó por dicho modelo de sociedad. La votación de este domingo 21 de noviembre en Chile será el principal indicador para decir si hemos salido de la narrativa dictatorial. Lamentablemente, vistos en esta perspectiva, se confirma que el rol de los medios tradicionales y las encuestadoras ha sido perpetuar la desigualdad y desinformación de la post-dictadura.

Mauricio Becerra Rebolledo


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