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Bill De Blasio: Un progresista para la Gran Manzana

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La ciudad más grande de EEUU eligió hace ya más de un mes a Bill de Blasio, quien centró su campaña en el mensaje de que Nueva York se ha convertido en dos ciudades, una de los ricos y otra para todos los demás.  Conozca su perfil:

Esta semana, Nueva York celebró el fin de dos décadas de gobiernos elitistas con el triunfo de un proclamado progresista, y al otro lado del río Hudson, el estado de Nueva Jersey religió a la figura centrista republicana más importante del país, lo que generó entusiasmo en el sector moderado de un partido polarizado por el Tea Party, el mismo que sufrió una derrota en Virginia, donde su candidato perdió la gobernación ante un rival centrista demócrata.

La ciudad más grande de EEUU eligió, de manera aplastante (74 por ciento del voto) a Bill de Blasio, quien centró su campaña en el mensaje de que Nueva York se ha convertido en dos ciudades, una de los ricos y otra para todos los demás –algo representado por las políticas explícitamente pro Wall Street del alcalde Michael Bloomberg, el hombre más rico de la ciudad, quien ha presidido tres mandatos, y por su antecesor Rudolph Giuliani. De hecho, De Blasio encuadró su programa como un referéndum sobre Bloomberg.

Durante su campaña fue clave su crítica a la agresiva política de detener y registrar, y otras medidas preventivas del crimen de la policía impulsadas por Bloomberg y Giuliani dirigidas principalmente contra jóvenes afroestadunidenses y latinos.

El mensaje de una historia de dos ciudades, tomado de la novela homónima de Charles Dickens, fue decisivo en una ciudad donde se marca la brecha más amplia entre ricos y pobres, en un país donde esa desigualdad es la más alta desde la Gran Depresión.

El alcalde electo, Bill De Blasio, enfatizó que su gobierno se centrará en valores progresistas y la inclusión y oportunidades para todos. Afirmó en conferencia de prensa que no es suficiente una economía estadísticamente fuerte, y que su mandato quedó claro de crear una ciudad en donde nuestra prosperidad es compartida y hay oportunidad para todos.

En su discurso de victoria la noche del martes había reafirmado que la desigualdad económica es el tema definitorio de nuestros tiempos.

A lo largo de la campaña, el alcalde Bloomberg criticó esta retórica como una de guerra de clases y racista.

Como alcalde de la ciudad más importante del país, De Blasio tendrá de inmediato proyección nacional, y algunos liberales esperan que se vuelva un líder de lo que creen podría ser un nuevo despertar progresista. Otros tienen sus dudas, al recordar que, aunque De Blasio participó en el movimiento de solidaridad con la revolución sandinista de Nicaragua, también trabajó en la campaña de la centrista Hillary Clinton.

En 1988 De Blasio visitó Nicaragua para entregar ayuda de una ONG estadounidense. En aquella época, De Blasio tenía 26 años y el gobierno sandinista nicaragüense afrontaba a la guerrilla de la “contra”, que estaba apoyada de forma ilegal por la administración de Ronald Reagan. Tras volver de ese país, mantuvo su respaldo a los sandinistas colaborando con un grupo llamado Red de Solidaridad con Nicaragua, aunque luego se fue desvinculando progresivamente, según ha dicho porque estaba desencantado por cómo el Gobierno sandinista trataba a la oposición y la prensa. Además, De Blasio pasó parte de su luna de miel en Cuba, en violación de la prohibición de viajar al país que entonces existía en Estados Unidos.

Profundo conocedor de América Latina, DE Blasio habla un fluido español y cuando le piden que defina su filosofía política la define como una mezcla del New Deal de Roosevelt y de la Teología de la Liberación.

De Blasio, de 52 años, está casado con Chirlane McCray, una activista y poeta de raza negra (siete años mayor que él y que era lesbiana hasta que lo conoció), y sus dos hijos -Chiara y Dante- son birraciales. Numerosos analistas consideran que este prototipo de familia contemporánea ha ayudado a la popularidad del candidato, especialmente entre las minorías, que le han apoyado de forma total.

Hijo de dos periodistas de la revista Time, que sufrieron en carne propia las persecusiones en la época del macartismo, De Blasio comenzó su carrera como activista apenas acabó la universidad y se inició en política con 28 años trabajando en la administración del último alcalde demócrata que ha tenido la ciudad, David Dinkins (1990-93). En 1997 fue nombrado por la administración del presidente Bill Clinton para dirigir la oficina regional del Departamento de Vivienda en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. De habilidad muy reconocida como organizador político, De Blasio fue el responsable de la campaña de Hillary Clinton para su elección en 2000 a un puesto en el Senado de Estados Unidos por Nueva York. Entre 2001 y 2009 fue concejal por el distrito de Brooklyn donde reside, y desde 2009 es defensor del pueblo de la ciudad. Desde ese puesto ha sido un constante crítico de muchas políticas del actual alcalde, Michael Bloomberg, por ejemplo en defensa de la escuela pública o de hospitales de barrio que han cerrado por problemas económicos.

No cabe duda de que su triunfo sí representa un giro hacia la izquierda, y que esto es , en parte, respuesta a la desigualdad económica.

¿Qué le queda a De Blasio de su pasado radical? “Tengo el mismo deseo que los activistas de mejorar la vida de la gente”, ha afirmado.

Para Robert Reich, ex secretario de Trabajo de Clinton, profesor y reconocido comentarista progresista, el triunfo de De Blasio es significativo,, porque demuestra una respuesta a “la creciente desigualdad económica y sus consecuencias… para la democracia”.

Además de la irrupción de nuevas figuras en la escena política, el triunfo de algunas medidas locales y estatales sometidas al voto fueron celebradas por progresistas: en Nueva Jersey los votantes aprobaron una enmienda constitucional para elevar el salario mínimo a 8.25 la hora. En Colorado, tres ciudades votaron a favor de prohibir el proceso petrolero de fracking; y a nivel estatal una propuesta para imponer un impuesto de 15 por ciento sobre el uso recreativo de la mariguana (algo ya sancionado desde el año pasado) fue aprobado por dos tercios de los votantes. Se calcula que eso resultará en 70 millones de ingresos anuales que el estado destinará a construcción de escuelas y regulación de las ventas. Para los sindicatos, los triunfos de candidatos prosindicales en las alcaldías de Nueva York y Boston son muy bien recibidos.

En suma, ni de derecha ni de izquierda, sino todo lo contrario.

Por Walter Goobar

Miradas al Sur

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