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Brasil: Más allá de los 20 centavos

 Durante las últimas semanas, Brasil ha sido palco de importantísimas e impactantes movilizaciones y protestas sociales ausentes por más de 20 años en la realidad brasilera. En un país que se encuentra entre las 10 principales economías del mundo, pero marcado por  enormes desigualdades sociales, que vienen siendo profundizadas desde la década de los 90’ cuando el capitalismo brasilero  pasa a su fase neoliberal (en un primer momento con el gobierno de Collor de Melo y posteriormente con Fernando Henrique Cardoso a comienzos de la década de los 90`).

El aumento del pasaje en 20 centavos del transporte público en casi todo el territorio nacional, aparece como la principal causa de las actuales manifestaciones, pero ¿qué hay de cierto en aquello?

En mi condición de manifestante he podido apreciar en diversas marchas dentro del Estado de Rio de Janeiro, carteles y pancartas que hacían mención a una variedad de demandas sociales, principalmente exigiendo mejoras en el sector salud, educación, vivienda, trabajo y fin a la corrupción. Este último aspecto en directa relación con la sensación generalizada del brasilero y brasilera de estar gobernados por una clase política corrupta, independiente de su orientación política.

 Al presenciar las manifestaciones me queda la sensación de que el alza del pasaje viene a ser “la gota que rebalsó el vaso”, y como pudimos apreciar en la última marcha realizada el día jueves 20 de Junio en la ciudad de Rio de Janeiro, y que de acuerdo a cifras estimadas por los convocantes, superó el millón de personas, a pesar que en días previos el alcalde de la ciudad Eduardo Paes, anunciase la rebaja del pasaje volviendo a su antiguo valor de 2,75 reales, como sucedió en ciudades como Sao Paulo y Porto Alegre, también con masivas convocatorias. Lo que dejó de manifiesto que los 20 centavos no es la real causa y las pistas debemos encontrarlas en la comprensión dentro de la rabia generalizada, acumulada por décadas de una sociedad que vive evidentes desigualdades y que ahora se atreve a exigir mejores condiciones de vida.

A pesar que la reciente rebaja del pasaje puede ser leída como una estrategia para neutralizar el movimiento por parte de los gobernantes, también podemos entenderlo como un primer triunfo y lo cual vendría a fortalecer  la idea de que los derechos sociales se defienden y conquistan en la calle.

Se puede apreciar al interior de las marchas y protestas sectores (partidos y movimientos) de izquierda intentando otorgar un sentido y dirección política a estas manifestaciones, intención que choca y entra en disputa con grupos sociales que intentan distanciarse de los partidos políticos y reemplazan las banderas rojas (PSTU y PSOL, principalmente) por la bandera nacional y en muchas ocasiones cantando el himno nacional, situación que genera un clima propicio para los intereses de la derecha.

Ha sido una verdadera sorpresa para cientistas sociales y expertos en asuntos políticos la alta convocatoria a nivel nacional que han tenido las manifestaciones, lo que reflejaría una supuesta espontaneidad de la ciudadanía por querer manifestarse, lo cual ha sido aprovechado por los medios de comunicación en manos de la derecha que desde un principio han venido resaltando el carácter espontáneo de las manifestaciones como una crítica de la ciudadanía al gobierno de Dilma y a un desgaste del PT (Partido de los Trabajadores) en el gobierno. Dicho carácter espontáneo se refiere al hecho de no tener un partido político tradicional de izquierda en la  conducción, la convocatoria y difusión hecha principalmente a través de las redes sociales de internet. Pero a su vez aquellos medios de comunicación liderados por la red GLOBO no han cesado de exigir mano dura a aquellos jóvenes que utilizan la violencia.

Cuando hablo de una “supuesta espontaneidad” lo hago cuestionando tal adjetivo, pues he visto que la mayorías de las reivindicaciones han sido instaladas por las organizaciones sociales y políticas en diversas manifestaciones (claramente no con el mismo poder de convocatoria de este último mes), en la ciudad de Rio de Janeiro, la cual viene atravesando múltiples transformaciones urbanas promovidas por la especulación inmobiliaria.

Erradicaciones de favelas o partes de ellas para facilitar la construcción de instalaciones deportivas para los futuros mega eventos, como la Copa Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos destaca en este proceso la privatización y elitización del complejo deportivo  Maracaná. Meses atrás todo Brasil pudo apreciar el desalojo de un grupo de indígenas que habían ocupado la “Aldea Maracaná”, lugar donde funcionaba el antiguo Museo del Indio, espacio con un importantísimo valor histórico para los indígenas. Brasil hace esfuerzos por adecuarse a padrones internacionales exigidos por la FIFA y no ésta adecuándose a la realidad brasilera llena de contradicciones, además, el gobierno al suscribir el acuerdo con la FIFA  se obligó a realizar gastos billonarios.

Otra cosa es la instalación de las cuestionadas Unidades Policiales Pacificadoras (UPP) desde el año 2008  en favelas dominadas anteriormente por traficantes de drogas. El objetivo declarado es cambiarle rostro a la ciudad.

También son malestares la insuficiencia de un sistema de educación y salud pública de calidad. Su infraestructura es pésima, se vive un aumento indiscriminado del transporte público (de todo tipo), el movimiento estudiantil exige mayor inversión del PIB nacional en educación, profesores universitarios paralizaron durante 4 meses a nivel nacional el año pasado, muchos viven con un salario mínimo de 678 reales (Unos 183 mil pesos), cifra insuficiente en una ciudad donde el costo de vida aumenta y con un sector privado que lucra día a día.

Todo ha llevado a sectores de la población carioca y fluminense a organizarse a través de comités de defensa por sus derechos violentados y han realizando diversas manifestaciones, sin mayor cobertura periodística de la prensa conservadora, pero que silenciosamente han venido construyendo y despertando al resto de la sociedad.

Un último aspecto es lo generacional en estas manifestaciones, que pese a la diversidad de manifestantes y demandas, hay una predominancia de población joven de entre 20 a 30 años, acostumbrados a asistir por televisión e internet manifestaciones de protesta social en países de Europa ante la crisis económica o las manifestaciones de estudiantes chilenos en la última década. Generaciones de brasileros y brasileras que desde hace mucho tiempo no habían sido participes ni menos protagonistas de manifestaciones como las actuales, de alta convocatoria y con altísimos grados de violencia y represión policial, en un país y ciudad que acostumbra a salir masivamente a la calle a festejar y con un abordaje y control  policial diferente al mostrado durante estas semanas, puesto que tenemos en acción a una generación de  policías militares sin experiencia en este tipo de manifestaciones (salvo el abordaje en favelas) corriendo el riesgo de cometer abusos, ante la presencia de manifestantes que acuden pacíficamente.

Podemos pensar optimistamente que la actual coyuntura puede ser señal de que el país está entrando en un nuevo período de lucha política y en donde la izquierda brasilera puede renovarse y fortalecerse con nuevas generaciones de militantes sociales que exijan transformaciones estructurales en un país que crece a pasos de gigante.

Hugo Parra Fraile

Movimento Luta Popular


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