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La limpieza social de los Juegos Olímpicos de Londres

Londres será sede de los Juegos Olímpicos a celebrarse entre el 27 de julio y el 12 de agosto de este año. A la par que las delegaciones de los países se preparaban, el barrio de Stratford, distrito de Newham, fue remodelado y muchos habitantes debieron partir debido al encarecimiento del costo de vida y empresas privadas que rediseñaron los espacios públicos.

En 2005, cuando la capital británica fue elegida para recibir el mayor acontecimiento deportivo del mundo, por tercera vez de la historia, su ex-alcalde Ken Livingston prometió que “los Juegos Olímpicos (J.O.) serán caracterizados por el renacimiento del este de Londres”. Diez días antes de la ceremonia de apertura, ¿qué balance de la situación se puede hacer?

Un balance posible quedará en la memoria de quienes son reasentados. En los J.O. de Beijing en 2008, un millón de habitantes fueron expropiados. El vínculo entre eventos deportivos mundiales y la violación al derecho a una vivienda ya ha sido establecido por varios analistas. Así ocurrió también en el anterior Mundial de Fútbol en Sudáfrica y se anuncia para Río de Janeiro y otras ciudades brasileñas para los próximos eventos deportivos mundiales.

UNA CARRERA CONTRARELOJ

Cada cuatro años un suspenso se apodera de los organizadores: ¿La sede de los J.O. logrará terminar las grandes obras necesarias para la organización del acontecimiento? Se trata de una carrera de velocidad de estrés para los organizadores, que comienza mucho tiempo antes del evento en sí mismo. En Stratford, suburbio considerado en “decadencia” del este de Londres, donde se realizarán gran parte de las competiciones. La carrera contrarreloj fue caracterizada por la rapidez de las expropiaciones, de modificaciones urbanas y de las construcciones.

La urgencia misma que se apodera del ambiente en torno a los J.O. da licencia para pasar por encima de lo que tendría resistencias en circunstancias normales y de las legislaciones urbanas. Permite también realizar obras que hubieran necesitado mucho más tiempo en circunstancias normales. Combinada con la movilización de los sentimientos patrióticos, la urgencia desemboca en un consenso impermeable a las críticas.

Muchas expropiaciones ocurrieron gracias a una estrategia discursiva subrayando únicamente la “decadencia industrial” de Stratford, la capacidad del proyecto olímpico para mejorar la competitividad del distrito y las condiciones de vida de los habitantes. Esta estrategia fue facilitada por la mala imagen de Stratford y por el desconocimiento del lugar por la mayoría de los habitantes de Londres. La alta tasa de desempleo, de viviendas y equipamiento social, de pobreza y de inmigrantes, sumado al bajo nivel de cualificación profesional fueron instrumentalizados a fin de poner el acento en la precariedad de la zona y de legitimar el proyecto olímpico.

LIMPIEZA SOCIAL

En Stratford es difícil encontrar habitantes que apoyen los J.O. No es sorprendente, dado que el precio del alquiler dobló, cuando no se cuadruplicó, debido a la venta de terrenos, lo que desembocó en la emigración forzada de una parte importante de la población, con el correspondiente efecto de gentrificación, siendo los habitantes originales del barrio progresivamente desplazados.

Para algunos residentes Sir Robin Wales, el alcalde laborista de Newham, aprovechó los J.O. para realizar una “limpieza social” del barrio. Varias olas de expropiaciones terminaron con mil habitantes que moraban en lo que será el parque olímpico realojados en otros lugares.

Además 209 empresas, en las que trabajaban casi 5 mil trabajadores, fueron expropiadas. El papel de las actividades logísticas y ferroviarias fue minimizado, mientras que todavía representan una gran parte de los empleos locales. Pese a que el compromiso de las autoridades era que el 25% de la mano de obra en el Parque Olímpico debía provenir de la población local, en la práctica terminó siendo un 10%.

En lo que concierne la tasa de empleo y el ingreso, la situación del barrio de Newham es peor ahora que en 2005, con respecto al resto de Londres, a pesar de todas las inversiones realizadas en la zona, según una investigación de la London School of Economics.

Entre los cambios observables están el aumento de carril-bicis, la limpieza de las  calles, un pequeño descenso de la criminalidad y varios terrenos que fueron descontaminados… Claro que para los habitantes que se quedaron en Stratford, nada ha cambiado.

El proyecto olímpico debía aumentar la práctica deportiva de la población, sobre todo de los jóvenes. Pero hay pocas esperanzas de que se cumpla, debido a que el vínculo entre la organización de un evento deportivo importante y la práctica deportiva nunca ha sido demostrado. Irónicamente, se produjo una importante baja de los subsidios asignados a los programas deportivos, debido a la crisis económica, y una baja en la participación en varios deportes olímpicos también.

EL PODER DEL SECTOR PRIVADO

El centro comercial Westfield, construido especialmente para el acontecimiento, ahora compite con el Stratford Shopping Centre, un edificio antiguo con negocios baratos, lo que preocupa los habitantes. Westfield Group es de un grupo económico  australiano gestor de los más grandes centros comerciales del mundo. Eso simboliza la importancia otorgada al sector privado para construir el nuevo Stratford, avalada por el Estado y Londres, en detrimento de los actores locales.

En efecto, la municipalidad de Newham ya no puede ejercer sus competencias en lo que concierne el urbanismo, puesto que los permisos de construir en los emplazamientos olímpicos fueron conferidos a la ODA (Olympic Delivery Authority) y a la LTGDC (London Thames Gateway Development Corporation), con el fin de acelerar el proceso de ordenamiento del territorio.

Torre ‘ArcelorMittal Orbit”

Las capacidades de los actores locales fueron poco consideradas por el Estado, Londres y las empresas, preocupados por rentabilizar sus inversiones por sobre todo. Los actores políticos del Estado y de la capital orquestaron la renovación urbana para el sector privado con un programa de desarrollo muy liberal.

Recurrir al sector privado se volvió una costumbre en lo que concierne los proyectos públicos en Londres: El nuevo teleférico que atraviesa el río Támesis se llamará ‘Emirates Air Line’ durante diez años, ya que la compañía pagó la mitad del proyecto. Este teleférico permite llegar a ‘O2’, una sala de espectáculos, cuyo nombre proviene de la empresa de telefonía móvil. Al lado del Estadio Olímpico se puede ver la torre ‘ArcelorMittal Orbit”, nombrada así por el conglomerado del acero que financió gran parte del proyecto.

Entre los sponsors de los J.O. está Dow Chemicals, transnacional dueña de Union Carbide Corporation, responsable del desastre de Bhopal (India) ocurrido en 1984. Una de sus fábricas de pesticidas asentada allí derramó 42 toneladas de isocianato de metilo por mal mantención y ahorro de costos, dejando un saldo de 20 mil personas muertas y 150 mil con graves secuelas. Dow Chemicals nunca asumió su responsabilidad.

HABLANDO DE GASTOS

La organización de grandes eventos deportivos es cada vez más cara. Por ellos los Estados recurren a quienes hoy tienen el dinero en el mundo: las grandes corporaciones. No importa su reputación.

En el Reino Unido pocos se preguntan por la importancia tomada por el sector privado, justo en momentos en que los recursos públicos faltan. El costo total de la organización de los J.O. es de más de 11 millones de euros, es decir el triple del presupuesto inicial. Los organizadores no previeron la crisis financiera y económica de 2008, lo que hizo que muchos inversores privados declinaran su participación. Además se duplicó el presupuesto asignado en un principio a la seguridad.

David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido, indicó que la movilización militar y  policial sería “sin precedente en periodo de paz”. Estarán el portaviones HMS Oceana en el río Támesis, varios aviones cerca de la capital, helicópteros en el cielo, misiles tierra-aire cerca del Estadio Olímpico. Más de 40 mil militares, agentes de policía y de seguridad serán movilizados para proteger Londres de supuestos ataques terroristas. Sumemos los servicios secretos. La “tregua olímpica” se parecerá más a un escenario de guerra que a una competencia pacífica.

En el contexto de crisis económica y de austeridad europea, el altísimo costo de los J.O. podría tener consecuencias problemáticas para el país. En la memoria están los J.O. de Montreal de 1976, ciudad que terminó de pagar sus últimas deudas olímpicas en… 2006. Hace poco, los J.O. de Atenas de 2004 contribuyeron a aumentar la deuda del país. Joseph, un habitante de Londres, piensa que “es una suerte organizar los J.O.”, pero indica su “preocupación con respecto al impacto económico a largo plazo que tienen, puesto que siempre dejaron los países organizadores en una peor situación financiera que antes”.

En el mejor de los casos, el impacto económico -a menudo subrayado para defender la organización de los J.O. pero que es un mito- debería ser nulo respecto al Producto Interior Bruto (PIB).

Lo que está en juego también es evitar conservar infraestructuras olímpicas demasiado grandes, cuyo mantenimiento puede ser muy caro e impactar en la situación financiera de un país, como pasó en Atenas actualmente. Es por eso que las infraestructuras donde ocurrirán el balonmano y el baloncesto serán desmontadas después de los J.O. El estadio y la piscina serán reconfigurados, es decir reducidos para disminuir el costo de mantenimiento post-olímpico. ¿Una manera de dar los primeros paso hacia la organización de J.O. un poco más sustentables?

 Chloé Lauvergnier

El Ciudadano

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