Movimiento #YoSoy132 frente a la “teledictadura” mexicana

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El movimiento estudiantil #YoSoy132 apareció durante la campaña de la elección presidencial en México, exigiendo el respeto al derecho a una información democrática, transparente y plural. Frente a ellos está el monopolio de Televisa y TV-Azteca., cuyas concesiones televisivas y de canales espejo concentran el 90% de lo que se emite por televisión. Televisa desde el 2009 creó una unidad secreta, bautizada Equipo Handcock, para allanar el camino a Peña Nieto a la presidencia, elaborando propagandas y desacreditando a sus rivales.

“¡Fuera, fuera, telecandidato basura!”- le gritaron el 11 de mayo pasado los estudiantes de la Universidad Iberoamericana de México al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, quien la semana pasada se transformó por obra y gracia del sistema electoral de dicho país en presidente.

La respuesta de Peña, quien deslegitimó la acción diciendo que se trataba de un puñado de personas, desembocó en la emergencia del movimiento estudiantil #YoSoy132, que en pocos días sumó cientos de miles de adherentes en las redes sociales. Este movimiento que “señala el despertar de la juventud en la vida política de México”, opina Jesús Alberto Toalá Sánz, estudiante de Culiacán. “Se trata de un nuevo 1968”, añade Antonio González, estudiante de la Universidad Latina de America.

El caballo de batalla de los estudiantes es el rechazo del sistema clientelista, corrupto y autoritario que consideran que encarna el PRI. Y, sobre todo, la critica de la connivencia que existe entre política y medios de comunicación en el país.

#YoSoy132 denunció el hecho de que Peña Nieto fue favorecido por el holding medial Televisa durante la campaña electoral. Además, los estudiantes criticaron la cobertura periodística que fue hecha de su protesta, en gran parte eclipsada por los medios masivos, y precisaron que nunca fueron acarreados por algún partido político.

LOS VÍNCULOS ENTRE TELEVISA Y PEÑA NIETO

El periódico británico The Guardian publicó durante todo el mes de junio informaciones que pusieron en evidencia el papel desempeñado por Televisa con el fin de favorecer al candidato del PRI, gracias a una cobertura benéfica a su imagen. Claro que los vínculos entre el grupo mediático y el partido no son nuevos. Se trata de vínculos económicos y políticos, pero también personales, puesto que Peña Nieto está casado con la actriz de telenovelas Angélica Rivera de Televisa, y es cercano al dueño del canal, Emilio Azcárraga Jean.

The Guardian difundió un reportaje de Jo Tuckerman, indicando que una unidad secreta de Televisa, bautizada Equipo Handcock, fue creada en 2009 para allanar el camino a Peña Nieto a la presidencia. La célula fue encargada de elaborar vídeos para publicitar al candidato del PRI y desacreditar a sus rivales, difundiendo todo esto a través de correos electrónicos y en las redes sociales. Uno de los líderes del equipo fue Alejandra Lagunes, quien hoy es la actual responsable en redes sociales de Peña Nieto.

Es difícil evaluar hasta qué punto Televisa influyó para promover Peña Nieto. Pero es cierto que benefició de una cobertura mediática más que favorable. La salida de la boda del candidato con la actriz en los peldaños de la Iglesia Catedral de San José de Toluca fue repetida hasta la saciedad por los canales de Televisa, posicionándolo en las revistas de farándula, programas matinales y de cotilleo.

El grupo mediático fue contactado por The Guardian, con el fin de responder a las acusaciones, pero el vocero de la estación mexicana canceló la reunión.

LA ‘TELEDICTADURA’ MEXICANA

Las revelaciones del periódico inglés dieron más argumentos a los estudiantes en sus demandas por una información democrática, transparente, plural e imparcial, que fomente el pensamiento crítico y la educación.

En un artículo dedicado a la televisión mexicana, el periodista de espectáculos Álvaro Cueva, el 3 de agosto de 2009, denunció el “daño mental que Televisa le ha hecho al pueblo de México (…), algo que está marcando a varias generaciones”. Critica el hecho de que Televisa dejó de “hacer televisión de verdad para producir sólo estímulos audiovisuales (…) Es como producir drogas, es tener a la gente eternamente excitada, consumiendo, crearle adicción (…) Deberíamos poder apreciar contenidos de televisión diferentes (…) es decir, programas otros que telenovelas, partidos de fútbol, realities o talk shows por ejemplo, y que tratarían de temas de fondo, como la explosión de la pobreza y de la violencia, de la violación a los derechos humanos, de la corrupción.

González confirma que “Televisa y TV-Azteca son medios de entretenimiento, no informativos, es un error asumir que ellos informan sobre temas políticos y sociales”.

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Igualmente, el movimiento #YoSoy132 denunció el contenido basura y las telenovelas idiotizantes de la teledictadura, algo problemático en un país donde el 80% de la población se informa únicamente a través de la televisión. Los estudiantes pidieron que se abran los espacios informativos de los canales de Televisa a la pluralidad, a la critica, a posturas más progresistas y a los movimientos sociales y ciudadanos. “Los medios de comunicación deberían difundir la realidad de la sociedad: informar al pueblo de manera neutral, de manera apartidista en el ámbito de la política, así como de manera laica”, dice Toalá Sánz, quien agrega que “no deberían transmitir programas hechos para mantener a la población fuera de la realidad”.

EL MONOPOLIO AVALADO POR EL GOBIERNO MEXICANO

Pese a que la crítica estudiantil es ampliamente sentida, parece complicado cambiar esta situación, ya que existe un monopolio de la televisión en México. “Un monopolio tan grande que su injerencia supera a la de los otros monopolios que existen en nuestra nación”, sostiene el periodista Cueva, quien compara su poder con el de la Iglesia Católica y del crimen organizado.

De hecho, desde que la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) avaló la alianza de  Televisa con la empresa de telefonía móvil Iusacell, de propiedad del otro lodón mediático  TV Azteca, en junio reciente “bajo advertencia” y con cláusulas, ya no existe un duopolio entre Televisa y TV-Azteca, sino un monopolio.

Con el acuerdo Televisa adquirió una participación de 50% de Iusacell y pasa a ser el principal productor de contenidos audiovisuales en México, ya que la empresa de telecomunicaciones del Grupo Salinas controla TV Azteca, la segunda empresa de televisión abierta del país.

El Grupo Salinas se dispersa en empresas financieras, de retail, telecomunicaciones e internet. Se calcula que sus ingresos anuales bordean los $ 3.7 mil millones de dólares.

La propiedad medial del grupo Salinas

¿Se trata de un monopolio los canales privados Televisa y TV-Azteca?

Las cifras, proporcionadas por la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi), hablan por sí solas. Si hacemos la suma de concesiones de televisión abierta y canales espejo, la concentración es de 90%. Además, esta concentración de frecuencias le permite a las dos empresas concentrar muchos otros recursos. Por ejemplo, a finales de 2010, acaparaban el 95% del total de audiencia y el 99% de la inversión de los principales anunciantes en televisión abierta.

Además, Televisa y TV-Azteca tienen participación directa en otros medios de comunicación, ya sean TV por cable, redes de telecomunicaciones, radios, revistas e Internet. Otro negocio son cadenas de cines, juegos y sorteos, equipos de futbol e inmuebles.

UN MONOPOLIO ANTICONSTITUCIONAL Y ANTICIUDADANO

Sin embargo, esta fusión fue contraria al artículo 28 de la Constitución mexicana que prohíbe los monopolios, y a la Ley Federal de Competencia Económica, la cual proscribe y sanciona las prácticas monopólicas que realizan las empresas. Pero estas empresas parecen estar por encima de las instituciones, las cuales les dan numerosas facilidades para reafirmar su poder económico y político. Y funciona, ya que los dueños de Televisa y TV-Azteca forman parte de los hombres más ricos e influyentes del país.

De hecho, las televisoras siempre han impedido que se reforme la ley para que deje de existir esa concentración mediática. Por ejemplo, en el Congreso de la Unión existe una iniciativa de Ley de Telecomunicaciones y Contenidos Audiovisuales que busca atender las innumerables asignaturas pendientes para un sistema de comunicación más democrático. Sin embargo, los legisladores -bajo la presión de las televisoras- no quieren aprobarla y reformar un régimen jurídico de la radiodifusión y las telecomunicaciones obsoleto. La Ley Federal de Radio y Televisión data de 1960 y la de Telecomunicaciones de 1995.

Además, semejante monopolio plantea varios problemas, puesto que ya no se preocupa de la calidad de los contenidos televisivos -dado su dominio en el sector- sino que se ocupa más de crecer en la bolsa o de fortalecer sus alianzas con políticos y compañías. Por supuesto, eso impide toda pluralidad y transparencia, como ya había dicho. Este monopolio permite también la imposición de las condiciones de Televisa y TV-Azteca a los consumidores, como las tarifas y, sobre todo, impide la entrada de nuevos competidores en el mercado televisivo.

Toalá Sánz resume la situación con estas palabras “Televisa y TV Azteca representan la fuente de veneno y gangrena social más grande que tiene México”.

 Chloé Lauvergnier

El Ciudadano

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