¿Cómo China venció al coronavirus mientras el mundo sigue sufriendo?

Algo inesperado y mortal surgió hace poco menos de un año en China: las autoridades sanitarias detectaron un nuevo coronavirus

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Algo inesperado y mortal surgió hace poco menos de un año en China: las autoridades sanitarias detectaron un nuevo coronavirus. Lo denominaron SARS-CoV-2 y en la ciudad de Wuhan se registraron los primeros casos de la enfermedad del COVID-19. En tres meses contabilizaron unos 80.000 infectados y 3.000 fallecidos.

Sí, China perdió la primera batalla, mientras los funcionarios vacilaban con las medidas sanitarias. Eso permitió que el virus escapara de Wuhan y sembrara una pandemia global. Pero, una vez que entendieron que enfrentaban una grave crisis, la vasta burocracia china se recuperó y se movilizó.

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La curva de contagios en CHina ya no existe. Fuentes: Google, UJH, Xinhua

En los últimos siete meses, China confirmó apenas unos 9.100 casos y cerca de 1.400 muertes. Pero ya el efecto del coronavirus es prácticamente cero. La gente sale, come en restaurantes, va a teatros, los niños a la escuela, todos sin mucha preocupación por su salud. ¿Cómo lo lograron? Si el resto del mundo vive una segunda oleada?

A finales de enero, el Gobierno central decidió bloquear Wuhan, donde viven 11 millones de personas. Se paralizó todo el transporte hacia y desde la ciudad. Dïas después fueron bloqueando otras ciudades de la provincia de Hubei, y finalmente pusieron en cuarentena a más de 50 millones de personas. Ya en abril, habían limitado la propagación del virus.

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El presidente Xi Jinping conversando con la población en Beijing. Foto: Reuters

El rostro del control de la pandemia

¿Pero todo fue obra de un gobierno dictatorial y autoritario? Pues no, el rostro del control de la epidemia no es el presidente Xi Jinping. Al contrario, es el peldaño más bajo de la burocracia: los comités de vecinos. Desde esta instancia fue que aseguraron el cumplimiento de las medidas para el control de la pandemia, y lo hicieron llegando hasta la puerta de cada hogar.

Los miembros del comité viven dentro de los complejos residenciales que administran. Hacían un seguimiento de quienes entraban y salían, hacían cumplir el confinamiento y hasta chequeaban la temperatura de los habitantes. Entonces, si detectaban un caso, inmediatamente cerraban la puerta principal del bloque de viviendas.

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Los comités de vecinos también rastreaban a quienes no querían ponerse en cuarentena. En esas situaciones, un vecino entrometido era más efectivo que cualquier notificación tecnológica. También organizaban entregas de comestibles para que la gente se quedara tranquila en su casa.

Wuhan se sometió a pruebas masivas para asegurarse de que todos estuvieran libres del virus. Así eliminaron la transmisión local de COVID-19. China informó cero nuevos casos el 29 de mayo, ni un solo caso de transmisión local o casos importados. Desde entonces, se han detectado casos en Beijing, en la ciudad portuaria de Qingdao y y en la región de Kashgar. Pero, los registros mostraban que -en los peores casos- el número de contagios apenas superaba los tres dígitos.

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Cómo se controla la pandemia desde entonces

El portal Wired citó a un empleado del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de China que solicitó el anonimato. Este trabajador explicó que quienes arriban al país deben aislarse para “convertirse en un ciudadano común”. Es obligatorio, solo así pueden reincorporarse a la sociedad. En otras palabras: todo “forastero” está infectado hasta que se demuestre que está sano.

Ciudadanos chinos y extranjeros vuelan desde otros países todos los días siempre hay algunos que padecen COVID-19. La autoridad de aviación regula los vuelos para controlar la cantidad de personas que ingresan. Quienes provienen de países de alto riesgo deben presentar resultados negativos en una prueba de ácido nucleico y en una de anticuerpos. Y esto deben hacerlo antes de abordar el avión.

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Aun así, al llegar a China vuelven a ser testeados. Por ejemplo, a cada persona que llega se le asigna un grupo de tres personas: un médico, un policía y un miembro del comité de vecinos. La cuarentena es obligatoria, en su casa o en un hotel, y bajo ningún motivo pueden aventurarse al exterior.

Aquellos que eligen casa, encontrarán un dispositivo montado en su puerta de entrada. Ya adentro, cada vez que la abren, el médico y los miembros del comité reciben una alerta. Incluso, en la casa entra una llamada para preguntar por qué se ha abierto la puerta.

“No podemos quedarnos fuera de su puerta todo el tiempo”, dijo Wu Yongxu, médico asignado para patrullar comunidades residenciales en Shangai. Citado por Wired, sostiene que “una vez, alguien salió del recinto para caminar. Por eso, comenzamos a usar dispositivos” electrónicos.

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Cuán estricto es el control sobre esta cuarentena

Wu visita a sus pacientes todos los días para tomarles la temperatura y preguntarles sobre su salud. Entre visita y visita, le toca desinfectarse sin falta. En total, cada visita dura aproximadamente media hora. “La mayoría de la gente cumple con las medidas -dice- aunque algunas no lo hicieron al principio. Quizás pensaron que era molesto o pensaron que estaban sanos”.

En esos casos, el policía asignado va a su puerta y les da un sermón sobre sus responsabilidades legales. “No hay razón para que los puestos en cuarentena dejen su apartamento. El miembro del comité es responsable de todas sus necesidades diarias, incluida la recolección de basura y la entrega de alimentos, si así lo solicitan”, explica Wu.

Ahora, es importante aclarar que aquellos que eligen permanecer en su vivienda, lo hacen en soledad. En esos casos, si viven con familiares, estos deben irse y permanecer en otro lugar mientras la persona cumple con la cuarentena. Igualmente, la medida es obligatoria y no tiene excepciones.

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De igual manera, cuentan siempre con el apoyo de un psiquiatra. Esto porque muchos ‘forasteros’ provienen de países donde el virus no está controlado y han estado aislados durante largos períodos. Entonces, el psiquiatra hace videollamadas con esas personas que pueden sufrir problemas de sueño o ansiedad.

Incluso, a veces toca visitarlos personalmente si padecen un problema más grave. Todas esas visitas, al igual que las que hacen los médicos, las hacen en trajes de bioseguridad que se cambian entre una persona en cuarentena y otra.

Luego, en el duodécimo día de cuarentena, el médico una prueba de ácido nucleico. Si son positivos, notifica a la Comisión de Salud y los envían al hospital para su supervisión. Si son negativos, “se vuelven ciudadanos comunes”.

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Medidas implementadas desde Beijing

El Gobierno paulatinamente intensificó otros frentes de control de la pandemia. Por ejemplo, aumentó la capacidad de pruebas, al punto que hoy pueden analizar hasta 3,8 millones de muestras por día. “El costo económico de las pruebas masivas es alto”, dice Shengjie Lai, investigador principal de WorldPop, en la Universidad de Southampton.

Pero luego agrega; “Hay que considerar el enorme costo de los cierres y el distanciamiento social, y los beneficios indirectos”. Por ello, en comunidades con alto riesgo de transmisión, las pruebas masivas pueden ayudar a controlar el brote y permitir que rápidamente las personas vuelvan a la vida normal.

Al principio de la pandemia, la escasez de implementos se solucionó aprovechando las ventajas de las cadenas de suministros chinas. En dos semanas, el fabricante de vehículos eléctricos BYD ya producía millones de máscaras, que ahora también envía al extranjero.

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Aparte, al descubrirse que los pacientes con síntomas leves estaban infectando a sus familiares, el Gobierno cambió su política. En lugar de permitir que las personas se quedaran en casa, los infectados eran trasladados a hospitales refugio, separándolos de sus familias.

Estos hospitales refugio son, en esencia, grandes centros de convenciones con filas de camas. Medios chinos describen estos hospitales como dormitorios de 600 personas donde las luces siempre están encendidas.

Posteriormente, los casos asintomáticos recibieron el mismo tratamiento. Los pacientes solo podían salir de estos hospitales después de dar negativo dos veces y luego de permanecer en salas de cuarentena durante otras dos semanas.

Además, en términos jurídicos: evadir la cuarentena, ocultar síntomas u ocultar contactos con un punto de acceso del virus se consideraban delitos. Por eso, la gente cumplió en gran medida con cierres estrictos.

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Batalla tecnológica en medio de la pandemia

En muchas partes del mundo existe la creencia que la lucha china contra el virus ha estado dominada por la vigilancia de alta tecnología. Sin embargo, quienes viven la experiencia desde adentro desmienten esas aseveraciones.

Meses atrás, el titular de la Academia China de Ciencias Médicas, Wang Chen, explicó la nueva realidad a los medios. “La prevención de epidemias en China se trata de organización social, no de tecnología”.

Ahora, es cierto que los macrodatos se han utilizado para facilitar el rastreo de contactos. Por ejemplo, en febrero, las personas recibieron un mensaje de texto que les recordaba que podían autorizar a los operadores de telecomunicaciones a acceder a las provincias y ciudades en las que habían estado en los últimos 15 o 30 días.

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Y, para el brote del mercado de Xinfadi, en Beijing, las autoridades utilizaron señales registradas en radio bases locales de operadores de telefonía móvil para enviar mensajes de texto a las personas que habían pasado a pocos kilómetros del mercado.

Pero, cuando se descubre un caso, el proceso de control que comienza es humano. Las unidades locales de control de enfermedades entrevistan al paciente para localizar a sus contactos cercanos. Luego a los contactos cercanos de esos contactos y así sucesivamente. Todo para hacerle las pruebas y exigirles que se aíslen.

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Un esfuerzo humano monumental

Los esfuerzos para controlar el coronavirus de China alcanzaron el principal objetivo: su erradicación. Muchos funcionarios fueron despedidos por negligencia en el cumplimiento de sus funciones, mientras otros recibieron ascensos por controlar exitosamente el virus.

A diferencia de otros países en Europa y América, en China nunca hubo un debate a gran escala sobre la eficacia de las máscaras. Tampoco si solo las personas vulnerables deberían refugiarse, o si había una compensación entre salvar la economía y salvar vidas, o si el costo era mayor que la cura.

Y sí, todo fue muy costoso. Wired reseña que al menos 25 millones de trabajadores migrantes pueden estar sin trabajo y no se conoce un plan de licencias para ellos. Al igual que en otros países, la pandemia reveló desigualdades sociales. No es una coincidencia que los brotes detectados generalmente eran en mercados populares, muelles y fábricas.

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Pero, en fin, no hubo una fórmula mágica única en la forma en que China logró derrotar al coronavirus y al COVID-19. Fue un trabajo humano, a través de las comunidades residenciales, las oficinas y los espacios públicos. Huco consciencia y una sensación general de que controlar la pandemia dependía de hacer muchas cosas juntos y al mismo tiempo

Hoy, casi un año después de detectarse el primer caso, una buena parte del mundo sigue paralizada. Muchos países viven una segunda o tercera oleada del virus y las poblaciones -aun así- siguen cuestionando la efectividad de las medidas de higiene y de confinamiento. Mientras eso sucede, el enfoque intensivo China sigue demostrando una eficacia devastadora.

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