¿Hasta dónde llegará el COVID-19 en Estados Unidos?: Claves para entender la expansión del virus en el país de Trump

El doctor Anthony S. Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, aconseja cerrar locales públicos, prohibir grandes reuniones y decretar el uso de mascarillas

En Estados Unidos el coronavirus ha mutado. A medida que aumentan los casos positivos, los estadounidenses se dan cuenta de que la epidemia es imparable y que, pareciera, ningún rincón del país quedará inmune.

Hasta este viernes 29 de julio, el virus había infectado a 4,5 millones de personas y provocado la muerte a más de 150 mil. De acuerdo con The New York Times, muchos expertos temen que el virus pueda matar a 200 mil o incluso 300 mil personas para fin de año.

Llegó el punto que hasta un negacionista del virus como el presidente Donald Trump ha decidido usar mascarilla, después de resistirse durante meses. Además, también canceló las celebracionnes de la Convención Nacional Republicana en Florida.

Hoy, cada estado, cada ciudad tiene su propia crisis, impulsada por sus propios factores de riesgo: multitud de vacacionistas, bares reabiertos demasiado pronto y hasta manifestaciones contra el uso de tapabocas y las medias de confinamiento.

«Estamos peor que en marzo», cuando el virus invadió Nueva York, dijo la doctora Leana S. Wen, excomisionada de salud de Baltimore. “En aquel entonces tuvimos un epicentro. Ahora tenemos muchos», declaró a TNYT.

A pesar de los avances en las vacunas, no se espera ninguna para este año, así que algunos expertos temen una nueva ola de muertes. Foto: Agencias

Qué dicen los expertos

El rotativo norteamericano entrevistó a un grupo de expertos en salud pública de ese país, no solo médicos y epidemiólogos, sino también historiadores y sociólogos. A juicio de ellos, la propagación del virus también se ve influenciada por el comportamiento humano.

Entre las conclusiones más lamentables, una de ellas es que a pesar de los avances en las vacunas, no se espera ninguna para este año, así que temen una nueva ola de muertes. Entre los sectores más afectados destacan los habitantes de las áreas rurales y las comunidades afroamericanas.

Asimismo, consideran que las restricciones locales deben ser más estrictas y de forma coordinada entre todos los gobernadores y alcaldes. “Tantos funerales nunca tuvieron que suceder. Estados Unidos está herido, mientras que gran parte de Europa, que fue golpeada primero, se está recuperando y reabriendo”, dijo Michele Barry, directora del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Stanford.

«La arrogancia nacional y la creencia en el excepcionalismo estadounidense nos han servido mal«, agregó Martha L. Lincoln, antropóloga médica e historiadora de la Universidad Estatal de San Francisco.

Pero, desde su aparición hasta hoy, cuánto han aprendido del coronavirus:

  • El virus es “extremadamente transmisible”, a través de gotas tosidas y también de “una fina niebla de aerosol que se expulsa cuando las personas hablan en voz alta, ríen o cantan” .
  • Las mascarillas son mucho más efectivas de lo que los científicos alguna vez creyeron.
  • Los portadores de virus con síntomas leves o sin síntomas pueden ser infecciosos.
  • Puede haber 10 veces más personas que transmiten la enfermedad de los que se conocen.
  • En pacientes gravemente enfermos, el coronavirus puede unirse a los receptores dentro de las venas y arterias, y avanzar para atacar los riñones, el corazón, el intestino e incluso el cerebro, asfixiando estos órganos con cientos de pequeños coágulos de sangre.
  • Los más vulnerables son aquellos que padecen obesidad, presión arterial alta o diabetes.
  • Los adultos de 18 a 49 años representan más casos hospitalizados que los adultos mayores.
  • Los niños pequeños parecen transmitir el virus con menos frecuencia que los adolescentes.
  • Quizás el 10 % de los infectados representan el 80 % de las nuevas transmisiones.
  • Hogares de ancianos, plantas empacadoras de carne, iglesias, prisiones y bares son los principales focos.
  • Ningún medicamento ha demostrado ser una cura rápida: el remdesivir (antiviral) acorta la estadía en el hospital, mientras la dexametasona (esteroide) ayuda a salvar a algunos pacientes graves.
«Denme mi libertad o denme COVID-19» y «Acaben con el confinamiento», dos pancartas en Estados Unidos. Foto: Agencias

No hay confinamiento nacional

Por su parte, Michael T. Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota, argumenta que solo un bloqueo nacional puede contener el virus por completo.

En tanto, Danielle Allen, directora del Centro de Ética Edmond J. Safra de la Universidad de Harvard, resaltó que el promedio de 25 casos por cada 100 mil habitantes requiere mayores restricciones, como cerrar bares y limitar reuniones. “Por encima de ese número, las autoridades deberían emitir órdenes de quedarse en casa”, añadió.

Adicionalmente, muchos coinciden en que las pruebas deberían ser gratuitas en lugares donde las personas son pobres o no tienen seguro, como proyectos de vivienda pública, reservas de nativos americanos e iglesias y supermercados en barrios empobrecidos. “Nada de esto será posible a menos que la capacidad de pruebas de la nación, un desastre continuo, se amplíe considerablemente”, reseña el Times.

Esta semana, las nuevas infecciones aumentaron en 33 estados, en Puerto Rico y en el Distrito de Columbia. La recomendación del epidemiólogo Anthony S. Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, es que en los estados donde el virus está muy activo se deben cerrar locales públicos, prohibir grandes reuniones y decretar el uso de mascarillas.

En ese sentido, el reconocido doctor advirtió que ahora el promedio diario es de 1.106 muertes, pero ese número puede aumentar mucho más.

Al respecto, Rochelle Walensky, jefa de enfermedades infecciosas del Hospital General de Massachusetts en Boston, expone el caso de las zonas rurales. “Casi 80 % de los condados del país carecen de un solo especialista en enfermedades infecciosas”.

Los expertos médicos y científicos esperan la primera vacuna para el año 2021. Foto: Agencias

¿Cómo avanzan las vacunas?

Según una base de datos compilada por el Times, alrededor del mundo están desarrollando más de 165 posibles vacunas, aunque solo 27 están en ensayos en humanos.

El Gobierno de Trump acaba de otorgar casi dos mil millones de dólares a un consorcio liderado por Pfizer que prometió 100 millones de dosis para diciembre, suponiendo que los ensayos tengan éxito.

Debido a que el virus todavía se está propagando rápidamente, la mayoría de los expertos dijeron que probablemente no serían necesarios los «ensayos de desafío», en los que un pequeño número de voluntarios se vacunan y luego se infectan deliberadamente.

No obstante, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) ha dicho que una vacuna será aprobada incluso si es solo 50 % efectiva. Los expertos dijeron que podrían aceptar eso, al menos inicialmente, porque la primera vacuna aprobada podría salvar vidas mientras que las pruebas continuaron con mejores alternativas.

«Una vacuna no tiene que funcionar perfectamente para ser útil», coincidieron varios expertos. «Incluso con la vacuna contra el sarampión, a veces puedes contraer el sarampión, pero es leve y no eres infeccioso».

Las comunidades negras se encuentran entre las más afectadas por la pandemia de la COVID-19. Foto: Agencias

El racismo a flor de piel

Otro riesgo que permanece constante, incluso en los estados con pocos residentes negros e hispanos, es que ambas comunidades son las más afectadas, según señalan los expertos.

“Las personas de color tienen más probabilidades de tener trabajos que requieren presencia física y, a veces, contacto cercano, como trabajos de construcción, dependientes de tiendas y enfermería. Es más probable que dependan del transporte público y que vivan en vecindarios donde los supermercados son escasos y están abarrotados”, reseña TNYT.

Asimismo, precisa que es más probable que vivan en viviendas abarrotadas y hogares multigeneracionales, algunos con solo un baño, lo que hace imposible el aislamiento seguro del hogar cuando ocurre una enfermedad. Además, tienen tasas más altas de obesidad, presión arterial alta, diabetes y asma.

Los datos federales recopilados hasta el 28 de mayo muestran que los afroamericanos y los hispanos tenían tres veces más probabilidades de infectarse que sus vecinos blancos, y el doble de probabilidades de morir, incluso si vivían en condados rurales remotos con pocos residentes negros o hispanos, reporta TNYT.

Esos índices se dan aun cuando otro estudio encontró que, hasta mayo, el estadounidense negro promedio practicaba más distanciamiento social que el blanco promedio.

Los expertos esperan más de 300 mil muertos por coronavirus para finales de año. Foto: Agencia

¿El comienzo del fin?

No hubo un acuerdo generalizado entre los expertos sobre qué probablemente sucederá en los años posteriores a la pandemia. Algunos científicos esperan una rápida recuperación económica, mientras otros piensan que el daño podría persistir por años. Con base en lo que piensen de este punto es que votarán los ciudadanos en noviembre próximo.

Varios expertos dijeron que asumieron que millones de estadounidenses que se quedaron sin seguro médico o que se vieron obligados a hacer fila en los bancos de alimentos votarían por los políticos que favorecen la atención médica universal, la licencia por enfermedad remunerada, una mayor igualdad de ingresos y otros cambios. Pero ante las profundas divisiones políticas, ningún investigador estaba seguro de cuál sería el resultado de las próximas elecciones.

La administración Trump hizo poco para ganarse la confianza. Más de seis meses después de la peor crisis de salud en un siglo, fue la semana pasada que instó a los estadounidenses a usar mascarillas y canceló la Convención Republicana en Florida, el tipo de evento bajo techo de alto riesgo que los gobernadores han estado prohibiendo desde mediados de marzo.

Trump ha ignorado, contradicho o menospreciado a sus asesores científicos, diciendo repetidamente que el virus simplemente desaparecería, promocionando medicamentos no probados como la hidroxicloroquina, incluso después de demostrarse su ineficacia y su peligrosidad; y sugiriendo que los desinfectantes o la luz ultravioleta letal podrían salvar vidas.

Millones de estadounidenses han perdido sus empleos y su seguro de salud, y corren el peligro de perder sus hogares, incluso cuando se encuentran en el camino de una enfermedad letal.

Al final, la doctora Julie Gerberding, exdirectora de los Centros de Control de Enfermedades (CDC) concluye: “Este no es un evento de una vez en un siglo. Es un presagio de lo que vendrá».

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