«Para ayudar a la policía»: Por protestar contra el racismo, Trump calificará a Antifa como terroristas igual que Al Qaeda

En vez de reconocer la discriminación racial y la brutalidad policial, el Mandatario ha utilizado las protestas y los disturbios registrados para criminalizar a los movimientos de izquierda

En su afán por encontrar un culpable por las protestas que se extienden en Estados Unidos, el presidente Donald Trump decidió arremeter contra el movimiento de extrema izquierda Antifa y declararlo una “organización terrorista”. A su juicio, ni la violencia policial ni el racismo son los responsables del descontento general en su país.

Las manifestaciones tras el asesinato del afroamericano George Floyd, víctima de un policía blanco que le presionó su cuello contra el pavimento con la rodilla durante más de ocho minutos, se han expandido a más de 140 ciudades y en algunas se han tornado violentas, obligando al Gobierno a imponer toques de queda.

El Mandatario republicano, que durante su Gobierno ha promovido un discurso de odio, culpó a los «anarquistas de izquierda radical liderados por Antifa» de alentar la ira en las protestas que reivindican un buen trato policial hacia la población afroamericana, víctima de la discriminación racial.

A través de un mensaje publicado en su cuenta Twitter, Trump anunció que su Gobierno incluiría a Antifa en la lista de grupos terroristas internacionales, entre los que se encuentran Al-Qaeda, Boko Haram o el ISIS, aunque no especificó cómo ni cuándo lo haría.

No es la primera vez que el inquilino de la Casa Blanca juega con la idea de de­signar como organización terrorista a la Antifa. En 2019 también utilizó Twitter para afirmar que eso “facilitaría a la policía hacer su trabajo”, pero sus palabras quedaron en una simple declaración de intenciones.

Sin embargo, sus críticos señalan que Estados Unidos no existe una ley de terrorismo interno y que Antifa, una contracción de «antifascista», no es una organización con un líder, estructura definida o funciones de membresía, por lo que Trump no podría definirla como «organización terrorista».

La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) criticó el anuncio del Mandatario y dijo que demuestra que “el terrorismo es una etiqueta inherentemente política, de la que fácilmente se abusa y está mal utilizada”. “No hay autoridad legal para designar a un grupo (terrorista) interno”, recordó la organización en un comunicado.

«Cualquier intento de tal designación plantearía importantes preocupaciones de la Primera Enmienda«, afirmó Mary McCord, ex alta funcionaria del Departamento de Justicia, citada por BBC Mundo.

Foto: AP.

¿Qué es Antifa?

La palabra “antifa” proviene de antifascismo y comenzó a utilizarse a comienzos de la década de 1930 en Alemania, para denominar a grupos socialistas que le plantaban cara al surgimiento del nazismo.

En la actualidad, la denominación Antifa cobija a grupos antifascistas que han surgido en distintos países, aunque los más activos se encuentran en Estados Unidos, Reino Unido (bajo el nombre de Anti-Fascist Action) y Alemania (Antifaschistische Aktion).

En la nación norteamericana han aumentado durante las últimas dos décadas en respuesta a las agresiones y desigualdades.

De hecho, más personas comenzaron a unirse al movimiento en EE. UU. después de la victoria electoral de Trump en 2016, para contrarrestar la amenaza que representaba que un líder de la ultraderecha estuviera en la Casa Blanca.

Antifa no es una organización con líderes, jerarquías o funciones determinadas para sus miembros. De hecho, sus seguidores dicen que es una red secreta organizada por células autónomas locales, por lo que es imposible saber a ciencia cierta cuántas personas la integran.

Antifa realiza contramanifestaciones para rechazar injusticias, violencia y discriminación hacia las minorías y en especial hacia la población negra. Foto: The Free.

¿Cuáles son sus objetivos?

Los activistas de Antifa comparten filosofía y tácticas, y hacen campaña contra acciones que consideran autoritarias, homofóbicas, racistas o xenófobas.

Por tal motivo, buscan evitar que grupos fascistas y de extrema derecha tengan una plataforma para promover o exhibir sus postulados supremacistas, ya que la demostración pública de esas ideas conlleva ataques contra personas marginadas, incluyendo minorías raciales, mujeres y miembros de la comunidad LGBTI.

Sus miembros han boicoteado numerosos actos de la ultraderecha en los últimos años, incluidas charlas en universidades, y organizado contramanifestaciones para rechazar injusticias, violencia y discriminación hacia las minorías, en especial la población negra en Estados Unidos.

Antifa ganó notoriedad durante el movimiento ciudadano «Occupy Wall Street«, que en 2011 acampó en el Zucotti Park de Nueva York para protestar pacíficamente contra la desigualdad económica.

Sin embargo, una de sus acciones más sonadas fue su confrontación a la movilización de ultraderecha «Unite the Right» que se registró en Charlottesville, Virginia, en 2017, y que fue organizada por grupos neonazis que hacían apología del racismo.

«Se trata de poder popular. Es un movimiento abierto que busca integrar a una amplia variedad de personas», afirmó James Anderson, miembro del sitio web antifascista It’s Going Down, destaca BBC.

Las manifestaciones en contra del racismo y el abuso policial se han expandido a 140 ciudades de Estados Unidos y algunas lugares se han tornado violentas. Foto: El País.

¿Antifa defiende la violencia?

A diferencia de los movimientos o los partidos de izquierda convencionales, el grupo no busca conseguir cuotas de poder ganando elecciones o influyendo en la aprobación de leyes en el Congreso.

Con un fuerte discurso anticapitalista, Antifa no reniega el uso de la violencia como un método válido para protestar en las calles.

El historiador y profesor universitario Mark Bray definió al movimiento antifascista como «una política de autodefensa contra la extrema derecha» que «puede o no ser violenta».

“El argumento es que el fascismo antimilitante constituye inherentemente defensa propia, por la violencia históricamente documentada que los fascistas plantean, especialmente a las personas marginadas”, añadió Bray, autor de «Antifa: el manual antifascista«.

“Muchos organizadores de Antifa también participan en formas más pacíficas de organización comunitaria, pero creen que usar la violencia está justificado por su punto de vista de que si los grupos racistas o fascistas se organizan con libertad, “inevitablemente resultará en violencia contra las comunidades marginadas”, afirmó  Bray, cuya defensa del movimiento antifascista provocó críticas y generó apoyo en el Dartmouth College cuando era profesor allí, reseñó The New York Times.

Pese a que ha crecido el interés en el movimiento en los últimos años, también han aumentado los ataques en su contra por parte de grupos conservadores y de extrema derecha.

Por ejemplo, el comentarista Erick Erickson, de la cadena Fox News, escribió en su blog que «Antifa y los supremacistas blancos son dos caras de la misma moneda».

En 2017, la presidenta de la Cámara baja del Congreso, la demócrata Nancy Pelosi, denunció “las acciones violentas de personas que se hacen llamar antifa” y dijo que deberían ser arrestadas.

Ese mismo año, cerca de 100.000 personas simpatizantes del Partido Republicano firmaron una petición para que Trump clasifique a Antifa como una organización terrorista, el paso que el magnate ultarderechista quiere dar ahora.

¿Detrás de las protestas?

En vez de reconocer que la discriminación racial y la brutalidad policial en contra de los ciudadanos afroamericanos ha detonado una explosión social, el Mandatario ha utilizado las protestas y los disturbios registrados para criminalizar a los movimientos de izquierda.

Lo cierto es que pese a su participación en las protestas, no hay pruebas de que Antifa haya instigado los actos de vandalismo. De hecho, ­medios como The New York Times señalan que la extrema derecha habría alentado los disturbios a través de Internet.

Sin embargo, Trump insiste en su afán de atacar a Antifa para exculpar a la extrema derecha por los disturbios en las protestas raciales tras la muerte de Floyd. 

“No veo ninguna indicación de que haya grupos de supremacía blanca mezclados. Esta es una organización ANTIFA. Parece que la primera vez que lo vimos de manera importante fue Occupy Wall Street. Es la misma mentalidad», afirmó en su cuenta de Twitter.

Por su parte, la senadora demócrata Alexandria Ocasio-Cortez cuestionó que el FBI no trate a los supremacistas blancos como grupos de terrorismo interno y recordó que ella misma ha abordado el tema en el Congreso.

«Insistieron (los representantes del FBI) en que esa era una línea que no se puede cruzar a pesar de la violencia clara y selectiva en la que participan los supremacistas blancos, porque los riesgos para las libertades civiles eran demasiado elevados”, recordó la legisladora, citada por La Vanguardia.

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