Advierten que ningún país está totalmente preparado para una epidemia mortal

¿Está en peligro la humanidad?

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Ningún país está completamente preparado para brotes de enfermedades infecciosas que ocurren de forma natural, intencional o accidental.

Los desastres, naturales o provocados por el hombre, pueden agravar considerablemente el riesgo de epidemias en cualquier parte del mundo, ningún rincón del planeta está exento de esta amenaza latente, y según el primer estudio el Índice Global de Seguridad de la Salud (GHSI), ningún país en la Tierra está preparado para una epidemia de enfermedad.

Como se sabe, donde se produce una epidemia el resultado es, a menudo, brotes fulminantes, con altas tasas de letalidad, pues la sola expresión significa que una enfermedad mortal afecta a todo un pueblo sin previo aviso ni cura inmediata.

Por ejemplo, después de la crisis de Rwanda, en 1994, varios brotes de cólera causaron al menos 48.000 casos y 23.800 muertes en el intervalo de un mes en los campamentos de refugiados en Goma, en el Congo.

Aunque rara vez son tan mortíferos, los brotes siguen siendo un importante motivo de preocupación para la salud pública, pues causan grandes estragos sociales y económicos y se cobran numerosas vidas, alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Y según una evaluación de seguridad sanitaria global, que examinó las prácticas en 195 países, ante una epidemia que se extiende más allá de las fronteras, muchos países tienen debilidades significativas en su capacidad para prevenir, detectar y responder a brotes peligrosos de enfermedades.

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El GHSI explica que el nivel de falta de preparación se destaca por el hecho de que el puntaje general promedio para los países calificados en el índice fue de aproximadamente 40 en una escala que subió a 100; es decir, totalmente preparado. Incluso, entre los 60 países de mayores ingresos, el puntaje promedio todavía era solo alrededor de 52.

“El puntaje general promedio del Índice GHS es 40.2 de un posible 100. Si bien los países de altos ingresos informan un puntaje promedio de 51.9, el Índice muestra que, colectivamente, la preparación internacional para epidemias y pandemias sigue siendo muy débil”, detalla el estudio.

El índice GHSI evalúa la seguridad y las capacidades de salud de los países en seis categorías, 34 indicadores y 85 subindicadores. Los hallazgos provienen de información de código abierto que respondió a 140 preguntas en todas las categorías.

El informe completo ofrece 33 recomendaciones para abordar las brechas identificadas por el índice.

Ante una epidemia que se extiende más allá de las fronteras, muchos países tienen debilidades significativas en su capacidad para prevenir, detectar y responder a brotes peligrosos de enfermedades.

Algunas recomendaciones

Al afirmar que los países no están preparados para un evento biológico catastrófico a nivel mundial, el GHSI recomienda que los gobiernos y las organizaciones internacionales deben desarrollar las capacidades para abordar las amenazas de pandemia de rápido movimiento.

El organismo considera que “se debe desarrollar un organismo normativo internacional dedicado para promover la identificación temprana y la reducción de los riesgos biológicos asociados con los avances tecnológicos”.

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Igualmente, considera necesario que las organizaciones públicas y privadas deben invertir un porcentaje de sus carteras de desarrollo sostenible y seguridad sanitaria en el área de la bioseguridad.

Además, recomienda que los líderes deben priorizar el desarrollo de vínculos operativos entre las autoridades de seguridad y salud pública para las crisis biológicas.

“Los países y las organizaciones internacionales deberían priorizar el desarrollo de capacidades nacionales de biovigilancia y una arquitectura global de biovigilancia”, sugiere el GHSI.

El GHSI considera que “se debe desarrollar un organismo normativo internacional dedicado para promover la identificación temprana y la reducción de los riesgos biológicos asociados con los avances tecnológicos”.

Consideraciones pertinentes

Jennifer Nuzzo, una de las creadoras del índice afirma que este estudio determina que ningún país está completamente preparado para brotes de enfermedades infecciosas que ocurren de forma natural, intencional o accidental.

«Sabiendo que hay trabajo por hacer, los países pueden usar el índice para identificar brechas, crear preparación y mejores prácticas, y rastrear el progreso a lo largo del tiempo«, apuntó.

Los investigadores evaluaron los países en el índice a través de una variedad de factores basados ​​en datos de organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y el Banco Mundial.

«Ya sean brotes naturales, accidentales o deliberados, los brotes de enfermedades infecciosas pueden causar un daño significativo a la salud, la paz y la prosperidad si los países no están preparados adecuadamente«, dijo Tom Inglesby, también del CHS en el comunicado.

«Es importante que los líderes nacionales comprendan los riesgos que representan las enfermedades infecciosas y se comprometan a mejorar la preparación para estos eventos», puntualizó.

Brote de ébola

La publicación del GHSI se produce poco después de que la OMS anunciara que el brote actual de ébola en la República Democrática del Congo aún justifica ser clasificado como una emergencia mundial, a pesar de que el número de casos confirmados parece estar disminuyendo, reseñó Associated Press.

Además del sufrimiento humano que provoca la enfermedad, los brotes de cólera causan reacciones de pánico, desorganizan la estructura social y económica y pueden dificultar el desarrollo de las comunidades afectadas, señala un informe de la OMS.

En ese contexto, las reacciones de pánico injustificadas de otros países pueden dar lugar a restricciones de los viajes desde los países en que se haya declarado el brote, o a limitaciones de las importaciones de ciertos alimentos.

Por ejemplo, el brote de cólera registrado en el Perú en 1991 le costó al país US$ 770 millones, debido a los embargos impuestos al comercio de alimentos y a los daños que sufrió el turismo.

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