Ley de Bioética permitirá a mujeres francesas solteras acceder a la reproducción asistida

“La gente se niega a admitir que una madre soltera puede ser mejor familia que una pareja descuidada con su hijo”, asegura Isabelle Laurans, presidenta de la asociación “Mam’en solo”

Según una investigación realizada por el diario LaCroix, alrededor de 3.500 mujeres francesas viajan cada año a otros países de la Unión Europea, principalmente a Bélgica y a España, y pagan un mínimo de 3.000 euros para acceder a la procreación asistida, ya que en su país no es legal.

Una ley está a punto de cambiar esa situación. El Senado francés aprobó la Ley de Bioética, instrumento jurídico que  permitirá a mujeres solteras y lesbianas acceder a la reproducción asistida.

A la ley solo le falta una votación en la Asamblea Nacional, aunque el partido mayoritario en la Cámara Alta, los Republicanos, se cuidaron de no herir las susceptibilidades de los votantes más conservadores.

Los parlamentarios dejaron por fuera la posibilidad de que la seguridad social asuma los costos de los tratamientos, que, con una estimación de alrededor de 7.000 solicitantes anuales, podría ser de alrededor de 20 millones de euros.

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La gente se niega a admitir que una madre soltera puede ser mejor familia que una pareja descuidada con su hijo. Foto: ConSalud.es.

Isabelle Laurans, presidenta de la asociación “Mam’en solo”, explica que en su mayoría estas mujeres tienen un trabajo estable y están llegando a los 40 años, por lo que sin duda “su proyecto es fruto de una reflexión madura”.

“Me han llegado a decir, en tono de broma y no tanto, que consiga un amigo ‘que me colabore’. Lo que por supuesto no me interesa, por los riesgos emocionales y de salud que implica”. Teóricamente podría postular para una adopción, pero “una mujer sola difícilmente tendrá una respuesta positiva”, dice otra de las integrantes de la Asociación.

“La gente se niega a admitir que una madre soltera puede ser mejor familia que una pareja descuidada con su hijo”.

Voces en contra

“No estamos contra las madres solteras. Si una mujer se queda sola y está pensando en abortar, por supuesto la apoyamos para que siga con su embarazo, pero con esta ley se pierde una barrera ética y se pone la medicina al servicio de personas que no tienen ninguna enfermedad”, aseguró Caroline Roux.

Roux pertenece a la organización Alliance Vita, uno de los grupos que, junto con otros colectivos católicos como Civitas y Familias Francesas, logró en tres ocasiones durante el primer trimestre de 2013 sacar más de un millón de manifestantes a las calles para oponerse a la legalización del matrimonio entre homosexuales.

 “A partir del momento en el que se crea un ‘derecho al hijo’ para las mujeres que no tienen una pareja masculina, no se sabe a dónde vamos a parar. ¿Qué será lo siguiente? ¿El mismo derecho para los hombres a través de la gestación subrogada?

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Francia a un paso de permitir a mujeres solteras y lesbianas a acceder a la reproducción asistida. Foto: Espectador.com.

Poco a poco vamos pasando los límites y así terminaremos aceptando los embriones transgénicos y hasta los embriones quimeras creados a partir de material genético humano y animal”, comentó Roux.

Las cifras no preocupan a Benedicte Blanche, sentada tranquilamente en un café, mientras muestra en su computador las fotos de su bebé.

“A los 34 me di cuenta de que quería de verdad ser madre. No tenía trabajo, pero sí algunos ahorros y en internet busqué cuáles podrían ser las alternativas para una soltera. Fui a Dinamarca, intenté dos veces sin éxito, luego fui a Portugal, y funcionó. Ahora tengo un hijo”, dijo.

“A veces tienes que salir un poco de la ley para que la ley sea cuestionada. Era una ley vieja que había que repensar para incluir los nuevos tipos de familia. Estoy orgullosa de haber luchado por ello y hemos probado que teníamos razón. Todo lo que importa es que siempre podré decirle a mi hijo que fue deseado”.

Brigitte es otro caso. A los 39 años, esta auxiliar de enfermería del suburbio parisino de Ivry, aún no sabe si está embarazada y, cuando sepa que lo está, no sabrá si llegará a término, pero tiene esa esperanza y sabe que si las cosas no funcionan podrá intentarlo de nuevo en su país.

En los días que pasó en España para su primer tratamiento, el Senado francés aprobó la Ley de Bioética que le habría evitado ese viaje. Antes de eso no tenía derecho a postularse para una inseminación artificial.

La única razón: no tenía un marido. O cónyuge. O concubino. Un hombre.

 “No iba a cambiar un plan en el que llevo al menos desde 2015, pero no sabe la alegría que me da imaginar que las mujeres que quieran hacerlo en el futuro no tendrán que pasar por todo esto”.

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