Un mundo único, atemporal, colmado de símbolos que se repiten como si fueran pictogramas, cuyos significados no podemos decodificar con exactitud, sino presentir. Lo simbólico responde al mundo privado del artista, propio de su infancia, de su historia familiar y también de sus anhelos. Un ejemplo de esto son los aviones y el gusto por verlos despegar; los martillos que dejó su padre como una herencia de amor por el trabajo manual; así como los ojos que todo lo ven y las casas reproducidas por doquier.