Tuvieron que huir a Argentina “sólo con lo puesto” y a escondidas. Sin dinero ni trabajo, dormían en colchones sobre el suelo y recibían comida de organizaciones humanitarias. Así de difícil fue la vida en el exilio para muchos dirigentes bolivianos de base que escaparon de su país detrás de Evo Morales, el expresidente boliviano que renunció a su cargo obligado por el Ejército.