Por décadas, la Organización de Estados Americanos se dedicó a legitimar sangrientos golpes militares de ultraderecha con el argumento de salvaguardar la paz para luchar contra el comunismo internacional. Cuba fue expulsada en 1962 por marxista leninista, pero la OEA convivió en paz, solidaridad y armonía con la Argentina de Videla, el Chile de Pinochet o el Paraguay de Stroessner, sin ni una pequeña amonestación a los genocidas y dictadores de nuestro Cono Sur.