Alguna vez se dijo que Carlos Alonso era un pintor necesario para la identidad de un país. Necesario por su atención y sensibilidad hacia su entorno; por su registro implacable de las vicisitudes políticas y sociales; por su paleta cargada de memoria argentina. Alonso es un artista incisivo y comprometido con la realidad, a quien su referente, Lino Enea Spilimbergo, le transmitió la fuerza del planteo estético al servicio de un interés común.