Usted es, en esencia, la memoria descafeinada y edulcorada que la élite necesita para dormir tranquila, en la zozobra de la indignidad y la felonía. Pero le advertimos: la dignidad no se negocia con treguas ni se olvida con eufemismos. El pueblo y la historia no se compran con un escaño ni se resumen en un simple voto.