Militares lo golpearon con sus puños y con las culatas de los fusiles, y lo dejaron tirado afuera de su casa, entrando luego en estado agónico a su domicilio. Ahí fue recibido por sus hijos de 6, 10, 11 y 13 años de edad, quienes al día siguiente lo trasladaron a un hospital, donde murió horas más tarde. Era dirigente sindical en la empresa Laminadora de Maderas.