La década del Sistema Público de Transporte de la región Metropolitana deja un gusto amargo en los usuarios que día a día sufren con la falta de frecuencia y un mal evaluado servicio. Igual de amargo es para las autoridades, que aun no logran dar con la tecla para corregir de manera estructural los errores del modelo y que sólo tiene en los subsidios por más de $30 mil millones de pesos la herramienta para mantenerlo a flote.