Tras siete años del ataque perpetrado contra más de 30 civiles iraquíes -causando 14 muertos y 18 heridos-, un tribunal de Washington declaró culpables a cuatro ex agentes del ejército privado estadounidense. Se trata de un caso testigo de los abusos cometidos por los miles de mercenarios contratados por el gobierno de Estados Unidos para pelear en Irak y Afganistán y de la falta de control que existía sobre ellos.