La meritocracia, y esa promesa del éxito a través del esfuerzo individual, empieza a diluirse cuando contrastamos el relato con datos. Vivimos en unas sociedades donde existe una desigualdad estructural, que además se perpetúa a través de factores ajenos al mérito personal, que es precisamente la que demuestra que el relato meritocrático es más un libro de ciencia ficción que una guía práctica para seguir.