En la izquierda liberal, nos consideramos por encima de juzgar a las personas por su apariencia. No presumimos de saber lo que una persona hará o no hará porque es negra o mujer. Pero como aprendimos de la presidencia de Obama, en la que todos esperábamos que pusiera fin a la guerra global contra el terrorismo, la amplió, y sus sucesores no han hecho nada para cambiar el rumbo.