Un ministro de Ciencia no necesita ser científico, pero sí necesita saber en qué consiste el sistema que administra, con qué instrumentos cuenta, qué estándares internacionales lo rigen y por medio de qué procedimientos el Estado chileno construye decisiones capaces de sobrevivir a su autor. Cuando ninguna de esas cuatro condiciones se verifica, discutir credenciales pasa a ser secundario.