La perdedora de esto no es Bachelet. Tiene una carrera internacional sólida, tiene a Lula y a Sheinbaum en su esquina, y tiene la dignidad intacta de quien recibió un portazo y respondió con clase. La perdedora es la Cancillería chilena, que ahora tendrá que trabajar el doble para recuperar credibilidad en los foros donde importa.
La Plaza de la Constitución llena, la votación que Jara obtuvo en 2025, dan fe de que la base electoral de la izquierda y los valores democráticos, de soberanía nacional y justicia social en Chile existe e incluso se renueva.
La paradoja es evidente: la izquierda que se proclama popular adopta prácticas comunicativas que presuponen un alto nivel de escolarización y familiaridad con debates académicos globales. No es casual que buena parte de esta discusión se haya incubado en facultades de humanidades, en carreras donde el capital cultural circula con naturalidad. Desde ahí, el salto al territorio social más amplio no es automático.
Este caso no busca instalar una disputa privada, sino abrir una discusión pública: ¿qué mecanismos reales existen para proteger a los y las docentes cuando el empleador es el propio Estado? ¿Quién fiscaliza a las estructuras que administran la educación pública cuando fallan en su deber de resguardo?
Frente a esta alianza entre los patrones locales y el poder imperial, la izquierda no puede darse el lujo de la fragmentación estéril ni de miopías nacionales. La unidad debe ser una arquitectura política, si bien, con bloques diferenciados, pero estratégicamente unidos frente al desafío común.
Agradecer esta columna no es un gesto irónico. Es una invitación a ir más allá. A abandonar las categorías simplistas, los binarismos cómodos y los diagnósticos nostálgicos.
Esto me hace pensar, una vez más, que la (verdadera) pedagogía acontece, con toda su fuerza y magnitud, en esa transmisión silenciosa, de persona a persona, donde una maestra le devuelve a una estudiante su derecho a la ambición intelectual.
Pensar el amor es un acto político, pero también es un privilegio. Y reconocer ese privilegio no invalida la experiencia: la vuelve más honesta. Tal vez el desafío sea dejar de presentar ciertas formas de amar como más evolucionadas que otras, y empezar a preguntarnos qué condiciones materiales hacen posible cada una.
Labor unions and pension federations are mobilizing across Colombia on January 28 to defend the vital minimum salary decreed by President Gustavo Petro, as they react to significant wage increases and the potential impact on workers.