En esencia, sostenemos que, si bien hay un recrudecimiento de la dependencia argentina con respecto a EEUU, esta debería distinguirse de lo que, históricamente, ha sido el dominio colonial.
Hay que repetirlo, “…cuando el fuerte no puede alcanzar sus objetivos es porque ha sido derrotado y cuando el débil no puede ser derrotado y resiste, ha vencido”.
Se trata de un esfuerzo que constituye un valioso aporte personal, un testimonio único como chilena, poeta, escritora, víctima de una feroz represión, protagonista de una vida muy interesante, por decir lo menos.
Estamos atravesando un periodo de profundización de los efectos generados por el cambio climático, por lo que difícilmente podemos justificar la inclusión de AngloAmerican como auspiciador y expositor de una iniciativa que busca problematizar y dar solución a la distribución del agua para el 45% de la población del país.
Además de su origen alemán, todos ellos comparten un hilo común de radicalismo y de afrenta no solo contra las libertades políticas, sino —más grave aún— contra los derechos humanos.
Más allá de las primarias, es un nuevo enfrentamiento con los herederos del horror, los que hicieron que el mundo conozca los Hornos de Lonquén. De los fusilados en Pisagua que el desierto los cuidó por años.
En Estados Unidos, mientras se registra una cacería masiva de inmigrantes de piel morena y se anulan medidas de protección a los refugiados, fue noticia la llegada a ese país de 59 sudafricanos blancos, en calidad de víctimas de un “genocidio” racista en su país.
La continuidad de las oleadas estudiantil en apoyo a Palestina, principalmente en ciertas universidades emblemática de EEUU y la solidaridad popular a escala planetaria, lenta pero creciente, no pueden carecer de efecto para Occidente.